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A 20 años, los Picasso negros de Cuba

Pablo-Picasso

En 1998 se dio a conocer que el abuelo de Pablo Ruiz Picasso vivió en Cuba los últimos 20 años de su vida (de 1868 a 1888), en la hermosa ciudad portuaria de Cienfuegos.

Pero la noticia más fascinante entonces fue que en la Isla tuvo amores con una mujer liberta de la raza negra. Fruto de esa relación surgió la rama cubana de los Picasso, formada por más de una treintena de descendientes actuales.

La familia Picasso cubana, integrada por hombres y mujeres de piel negra, gente de cuna muy humilde y trabajadora, había vivido ajena totalmente a sus vínculos de sangre o genéticos, como se dice ahora, con el gran pintor español de relevancia universal conocido como Pablo Picasso.

Pero en 1998 una noticia sorprendente recorrió el mundo. El bisabuelo español de esa familia, un comerciante radicado en Cuba desde 1868, de ascendencia genovesa, era también el abuelo del genial pintor.

El descubrimiento de la rama cubana o “negra”, como también se le llamó entonces, tuvo mucho que ver con el olfato de sabueso de Rafael Inglada, jefe por esa fecha de la Fundación Pablo Ruiz Picasso, de Málaga, quien en 1997 notificó a los Picasso de Cuba, a quienes descubrió por la sencilla búsqueda en la guía telefónica. Inglada sospechaba que ellos eran las personas que buscaba, en medio de un mar de especulaciones y misterios. Y acertó.

Se impone hablar del abuelo de Pablo y bisabuelo de los actuales Picasso cubanos más mayores. Se trataba de Don Francisco Manuel Leandro Picasso Guardeño, fundador de la familia. De él no solo tenía datos el malagueño Inglada, también el cubano Orlando García Martínez había investigado la vida del singular Don Francisco, quien residió 20 años en la sureña ciudad de Cienfuegos.

García Martínez, empero, había perdido la pista de ese enigmático señor, del cual nunca estuvieron claras las circunstancias y el lugar de su muerte. Consta que se casó en la Isla con una mujer blanca nombrada María Rodríguez, con la cual no tuvo descendencia.

Es cierto que siempre existieron comidillas sobre unos supuestos descendientes mestizos de Don Francisco, pero acerca de ellos el investigador cubano no encontró rastros. Al parecer el secreto de familia estuvo largos años ignorado por la casualidad o muy bien guardado, quién sabe.

Los actuales Picasso aseguran que no hubo ningún misterio extraordinario, solo “cosas de mayores que los niños no debían saber”, aseguró a esta redactora hace muchos años Ramón Picasso Alfonso, descendiente directo del español y entonces trabajador del departamento de Radiología del Hospital William Soler de la capital cubana.

Aproximadamente en los años 20 del pasado siglo la familia emigró en su totalidad desde Cienfuegos hacia La Habana. Hay quien asegura que el pintor genial tuvo información, aunque no cierta, de sus posibles parientes mestizos en Cuba y era algo por lo cual sintió curiosidad. Pero murió sin saber nada.

Ramón nos informó gentilmente por entonces que Don Francisco se estableció como empleado de Aduanas en la ya activa ciudad portuaria de Cienfuegos, conocida más adelante como la Perla del Sur. Tenía unos 43 años a su llegada y aunque estaba bien maduro, su espíritu emprendedor era notorio y empezó como quien dice de cero.

Dijo que en España su bisabuelo ya había tenido seis hijas naturales, legitimadas por un matrimonio tardío con Inés Robles. Una de ellas fue la madre de Pablo Picasso, llamada también María, como su sucesora esposa cubana.

Hay noticias de que en la primera etapa de su residencia en la Isla se le acusó de infidencia, por el robo de unos documentos del Estado. Debido a esto sale del país, se establece un tiempo en Perú y cuando las cosas se tranquilizan para él, regresa a la mayor de las Antillas. Se estableció definitivamente en Cienfuegos y no hay noticias de que tuviera nuevos problemas con la justicia.

Al grano: durante su segunda residencia conoció a la negra liberta Cristina Serra, de la cual se enamoró. De esta unión amancebada nacieron cuatro hijos: Juan Francisco, Fermín, Vicenta Emilia y Cristina. Ramón, nuestro informante familiar, descendía de Juan Francisco, a quien describe como un pardo colorado de buena estampa, casado con la señora negra Elvira Granado, sus abuelos.

En Cuba hay constancia del poder judicial de que en 1879 Don Francisco envió a su esposa española autorizando el matrimonio de su hija María. En 1880 se casa la joven y en 1881 nació Pablo Ruiz Picasso.

Tan sorprendidos como el que más con la noticia de sus vínculos con su famoso pariente, los Picasso cubanos han seguido sus vidas. Físicamente diferentes, no solo por el color de la piel, algo recuerda el parentesco en la fisonomía: muchos tienen los hombros estrechos y caídos, el cuello corto y la espalda algo encorvada que tuvo el universal malagueño. También, una gran habilidad para las artes manuales los ha caracterizado.

Entre ellos han existido técnicos, ebanistas, violinistas, maestros yeseros, un arte primoroso de la antigua albañilería cubana, que decoró bellamente mansiones y palacetes de tiempos atrás. Ha habido oportunidad de que algunos asombrados descendientes de ramas tan distintas de los Picasso se conozcan, pero lo más importante, han surgido nuevas y muy buenas amistades entre representantes de ambos pueblos.

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