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Adelaida de Juan

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No sé cómo expresar el desconsuelo que me embarga todavía tras conocer, por los medios, la triste noticia del fallecimiento de Adelaida de Juan (30 de abril). Entre otros muchos reconocimientos y galardones, Adelaida alcanzó en vida la condición de Profesora Emérita de la Universidad de La Habana:

La publicación del ensayo “Roberto Fernández Retamar and Art”, de su autoría, aparecido en la revista World Literature Today, de la Universidad de Oklahoma1 es una de las más interesantes y sugerentes indagaciones sobre la dinámica relación entre la poesía y las artes plásticas del siglo XX cubano a través de una figura tutelar y emblemática como lo es, fundamentalmente, su objeto de estudio.

Profesora, conferencista y una de las más prestigiosas personalidades de la crítica de arte de las Américas, al conjugar de forma sui generis elementos de carácter biográfico con una práctica de investigación sistemática que abarca casi medio siglo, Adelaida de Juan nos brinda un panorama esencial de una poética cuyas raíces más legítimas se asientan en su reverdecida unión con el genio plástico de René Portocarrero, Mariano Rodríguez, Antonia Eiriz y Raúl Martínez quienes, junto al poeta, sentaron las bases del arte moderno en la Cuba de nuestros días.

Importa menos ahora traer todo tipo de pruebas sobre sus investigaciones, su experiencia docente y su trayectoria intelectual no solo porque no necesitamos probar nada sino porque solo debemos tener la conciencia de que esa vida ha hecho un alto. “Amaneció muerta”, reza la premonición de Fina en un verso de ese extraordinario poema2 en donde agradecía el regalo que le habían proporcionado, alguna vez, ella y Roberto. Adelaida pasó del sueño a la muerte con esa natural suavidad que iba a percibir Fina.

“Todo lo que sé de arte, lo aprendí con Rosario Novoa y Adelaida de Juan”, afirmé a un periodista a inicios de los años noventa. No podía sospechar que mi próximo poemario, Paisaje célebre (Caracas, 1993) estaría dedicado a ambas pues los poemas allí incluidos tenían un rumor que provenía tanto de mi relación con la pintura como con diversos artistas cuyas obras habían tomado por asalto mi escritura. Quise devolverles el paisaje que me habían entregado en las aulas de la Escuela de Letras, entre 1962 y 1964. Yo no tenía una tradición familiar que hubiera podido guiarme por semejante laberinto. Muchos años después tuve el privilegio de editar algunos textos suyos para Ediciones Unión, en especial la colección de arte que allí fundara el poeta Fayad Jamís al publicar las cartas de Van Gogh a su hermano Théo.

Escucho su voz repitiendo: “No me confundan: románico, con romántico y con romano. Son tres conceptos diferentes”. No solo las teorías de Rembrandt o Marcel Duchamp eran imprescindibles en sus lecciones cotidianas sino el acercamiento al alumno mediante aquellos consejos tan oportunos para una adolescente de 17 años, que era yo.

En este instante, frente al hecho irreversible que nos acongoja, prefiero describirla con los versos del poeta, de su poeta que le cantara: “Caminas en la noche bajo las estrellas, bajo la lluvia…3” [porque] “Eres eficaz y lúcida como el agua”4.

 

Ella está echada en la penumbra humedeciendo la madrugada inicial.

Hay un jardín en ella y él está deslumbrado en ese jardín.

Florece entera para él, se estremecen, callan con el mismo rumor.

La noche va a ser cortada por un viaje como por una espada.

Intercambian libros, papeles, promesas.

Ninguno de los dos sabe aún lo que se han prometido.

Se visten, se besan, se separan.

Ella sale a la oscuridad, acaso al olvido.

Cuando él regresa al cuarto, la encuentra echada en la penumbra húmeda.

Nunca ha partido. Nunca partirá.

 

(“Está”)5

 

El Cerro, 3 de mayo, 2018

 

Notas:

 

1 Norman, vol.76, n.3-4, verano-otoño de 2002, p.12-16.

2 Fina García Marruz: “La jicotea” en Obra poética. Tomo I. Prólogo de Enrique Saínz.  La Habana. ed. Letras Cubanas, 2008, p. 142.

3 Roberto Fernández Retamar: Poesía nuevamente reunida, La Habana, ed. Letras Cubanas-Ediciones Unión, 2009, p. 136.

4 Roberto Fernández Retamar: op. cit., p. 283.

5 Roberto Fernández Retamar: op. cit., p. 364-65.

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