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Ballet Español de Cuba Caminos de danza, gesto, emoción…

Ballet Español de Cuba Caminos de danza, gesto, emoción...

“Los tonos rojos iluminaron la escena. De pronto, sonaron las castañuelas, rasgó la guitarra, repiquetearon los tacones en la madera y flotaron los trajes en el espacio dibujando los movimientos. En la centenaria sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (GTH),

en la parte antigua de la ciudad, vibró un eco de tradición en la noche española. Así se tituló el programa del jueves 22 de diciembre de 1988 donde tuvo lugar el debut del Conjunto de Danzas Españolas del GTH…”.

De esa manera comenzó el primer comentario que publiqué sobre el actual Ballet Español de Cuba (BEC) en el diario Granma. Mucho ha llovido y mucho han bailado por Cuba y por el mundo sus integrantes, desde aquellos días del pasado siglo XX, cuando fue creada la agrupación. Y así continuó: “La magia del folclor ibérico atrapó a un numeroso y entusiasta público que con sus aplausos apoyaba esta feliz iniciativa, donde está la mano inspiradora de Alicia Alonso, quien siempre luchó por llevar a su justo lugar este género”.
En el tiempo, la compañía que dirige desde 1992 el bailarín y coreógrafo Eduardo Veitía, también fundador, sigue atrapando y conquistando al auditorio, como en aquella noche cuando vio la luz. Ágil, intrépido con el movimiento y siempre en éxtasis creativo, Veitía habla, sueña y conspira con las palabras para recordar. Después de aquella primera etapa en que se fue formando y fusionando el BEC —que en el tiempo ha tenido otros nombres como Conjunto de Danzas Españolas del GTH, Ballet Español de La Habana, entre otros—, la compañía enrumbó por caminos interesantes, buscando maneras propias, un repertorio más variado en el que pudieran desatar sus ánimos artísticos, y sobre todo, ideas para multiplicar en la escena, enfrentándose siempre a las dificultades y sobreponiéndose.
La compañía ha sumado en madurez, nivel artístico-técnico, belleza interpretativa y prestigio, que va más allá de la escena. En 1994 se fundaron por primera vez en Cuba y en América Latina los Cursos Internacionales de Verano de Danza Española, que en 1999 realizó su primera graduación ante un tribunal de exámenes integrado por destacadas personalidades y estudiosos de la danza en Cuba, creándose así las bases y las condiciones para su oficialización como una de las Escuelas Nacionales de Arte en el país.

Nuevas rutas en las tablas

A nadie cabe dudas de que Eduardo Veitía y su equipo, en todo este tiempo, han logrado ir creando un lenguaje teatral contemporáneo a partir del complejo cultural del flamenco y otras raíces culturales de nuestra idiosincrasia, que no es en modo alguno una tradición muerta, sino una poderosa savia popular que fluye con toda vigencia en la esencia actual de la hispanidad. Cuando apreciamos los espectáculos actuales del BEC —compañía que ha dejado sus marcas en países como Costa Rica, Ecuador, Colombia, Guatemala, Nicaragua, México, el Principado de Andorra, así como en España, donde en 1992 alcanzó el segundo premio en el Primer Certamen Internacional de Coreografías y Danzas Españolas y Flamenco—, aparece nítidamente la influencia del flamenco en nuestros propios ritmos y en la fuerte base percutida de la música y el baile de la Isla grande del Caribe. Se baila con todo el cuerpo, con las manos, con los pies, con la mirada. Por momentos, la entrega y la concentración de los cantaores hace hasta recordar el trance de nuestros rituales mágico-religiosos. Hay mucho más, simbiosis, creatividad, ganas de hacer que se multiplica en la escena ante cada nueva salida, y aunque algunas cosas no salgan en la primera vez, cuando pasan los días y vuelve a las tablas, el público reconoce cambios positivos, novedosos. Es que ha pasado por el tamiz del tiempo y del talento de sus creadores.

Páginas de un libro en movimiento

La vida breve, CarmenLa Habana ValdésLa casa AlbaYo te quieroAquel brujo amorEl Fantasma de la óperaLas dos Frida… constituyen páginas especiales de un libro en movimiento escrito por el BEC. Seleccionar una, entre todas ellas, es tarea harto difícil para el director, “porque cada una tiene su historia, su personalidad”. Sin embargo, hay algunas que tienen un matiz especial. Como La Habana Valdés, que fue estrenada en noviembre de 1999, e inspirada en la conocida novela cubana Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde. A lo español sumaron lo cubano y lo afro, que en definitiva conforman nuestras raíces; de ahí la importancia de este trabajo concebido en dos actos y donde su creador mezcló el pasado y lo contemporáneo. Hay muchos símbolos en cada personaje que se conjugan con la música —flamenco, toques afro y ritmos cubanos—, y ponen de manifiesto los orígenes de nuestra nacionalidad.

Carmen, un paréntesis

Si algo tiene la Carmen del Ballet Español de Cuba que se apodera siempre del público, y ello se corroboró en la exitosa gira por toda la Isla, es una fuerza expresiva intensa. Esa que emerge en la escena, en primer lugar de los bailarines con su baile y hasta las voces, por la coreografía de Eduardo Veitía que exhala mucho dramatismo en la puesta.
La Carmen del BEC es de esas piezas que mientras más uno la ve, le encuentra siempre algo diferente y notorio. Por supuesto que el coreógrafo le ha hecho afortunados cambios desde 1999 acá. Dirigida y coreografiada por Eduardo Veitía, en dos actos y varias escenas resume la esencia de la acción y se arma la pieza donde están reflejados amores y anhelos, a partir de un trabajo interpretativo excelente, con altos momentos de baile, que tiene, además, el mérito indiscutible de haber huido del folclorismo barato, y haberle dado el vuelo externo de una manera contemporánea.

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