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Cuando La Habana se disfraza de Cisne, Doncella Virgen, Pájaro de Fuego…

Cuando La Habana se disfraza de Cisne, Doncella Virgen, Pájaro de Fuego…

Los Festivales de Ballet de La Habana se cuentan entre los eventos culturales que movilizan con mayor intensidad a la población capitalina.

Su público está integrado por personas de diferentes edades y sexos, en especial por varones jóvenes y estudiantes de todas las esferas del arte.

Cada noviembre, las brisas escasamente invernales que caracterizan esa estación en la ciudad acarician a centenares de entusiastas de la danza clásica y a las leves bailarinas que se lanzan en vuelos increíbles por el aire de los escenarios teatrales, como luciérnagas, hadas o espíritus gráciles que encienden en todos los pechos la llama del fervor desde platea al gallinero.

Los ánimos se dividen, se enfrentan belicosos los partidarios de cada primma ballerina, se lanzan profecías y se rememoran momentos estelares donde determinadas hazañas balletísticas quedaron para la Historia. Un viento preñado de embrujo recorre las calles aledañas a los principales teatros, se conversa sobre El lago de los cisnesGiselleCascanueces, Tarde en la siesta, las Cuatro Joyas…, el brillo de las lentejuelas opaca a las estrellas y, por unos días, la gente parece más tersa y espiritual…

El 28 de octubre de 1948 nacía en La Habana la compañía fundada por Alicia, Fernando y Alberto Alonso, entonces bajo el nombre de Ballet Alicia Alonso. Aquel milagro parecía imposible en una isla del Caribe, pero tal vez las claves de su realización estén ocultas en ciertas palabras que el gran poeta y novelista José Lezama Lima escribiera, impresionado, en el primer aniversario de la joven agrupación: “Su arte no es de sorpresas y de aventuras, sino de perfección; […] ¿Cómo usted, Alicia Alonso, pudo hallar esa tradición, hacernos pensar a todos las posibilidades secretas de expresión y de forma que algún día podrán ser estilo? […] Una bailarina como Alicia Alonso nos comprueba que existen entre nosotros miríadas de irisaciones, de metáforas, de reflejos, de ideas, de nacimientos y presagios que pueden tener momentáneamente una evidencia, alcanzando forma y esplendor al ser danzados…”. A lo que añadió el gran etnólogo don Fernando Ortiz: “Alicia debe darnos un arte con alma de Cuba, pero en su plena y gloriosa integridad nacional traducido a lenguaje de universal vibración […] y auguramos que lo hará con bellas floraciones, si no reniega de sus profundas raíces ni de su rica savia, y sabe airear su frondoso follaje en las más altas corrientes de la cultura contemporánea…”.

Haciendo historia

El Primer Festival Internacional de Ballet de La Habana surgió el 15 de marzo de 1960, y estaba destinado a desempeñar un rol trascendente en el desarrollo y difusión del ballet cubano. Entre las compañías que participaron en aquel memorable encuentro, inaugurado en el antiguo Teatro Auditorium de La Habana (hoy Amadeo Roldán), se encontraban el Ballet Español de Ximénez-

Vargas, el Ballet de Bellas Artes de México, el Ballet Nacional de Venezuela y el American Ballet Theater (ABT) de Estados Unidos.

Tras seis largos años de ausencia reapareció el Festival, y ya en su 7ma. edición fue inaugurado con una brillante actuación del dúo formado por Alicia Alonso y el gran bailarín ruso Azari Plisetski en El lago de los cisnes, junto al cuerpo de baile del BNC. Amén de los solos y pas de deux, muchas

de las parejas participantes llegadas de compañías de Rumanía, Bulgaria, Checoslovaquia, antigua URSS, Polonia, Francia y Japón, asumieron los papeles principales en obras del repertorio tradicional, como Giselle y El lago de los cisnes, respaldados por los integrantes del BNC, algo que se volvería acuerdo tácito en estos foros a lo largo del tiempo. Estos primeros encuentros constituyeron un fructífero período de trabajo que se inscribe hoy en las páginas históricas del Ballet Nacional de Cuba, pues en ese tiempo su elenco se enriqueció con las primeras promociones de bailarines egresados de la Escuela Nacional de Ballet, y la compañía se consolidó como uno de los conjuntos danzarios de mayor jerarquía internacional.

El 7mo. Festival se consagró a resaltar las relaciones del ballet con las demás artes, y en su transcurso se efectuaron Galas dedicadas al teatro dramático, las artes plásticas, la música, el cine, el folclore y la literatura, y Galas Especiales por el centenario del natalicio del gran coreógrafo ruso Mijaíl Fokín y del ballet Giselle.

La 8va. edición prestó especial atención a la presencia de Latinoamérica en la creación coreográfica, mientras que la 9na. puso en primer plano estilos y coreógrafos, abarcando una amplia panorámica de los principales hitos coreográficos del ballet a través de toda su historia.

La 10ma. cita contó con la presencia de centenares de invitados, entre ellos afamadas estrellas y conjuntos danzarios procedentes de las más diversas regiones del orbe, quienes junto al elenco del BNC y otras agrupaciones conformaron una programación muy variada.

Libro de oro del Festival de Ballet de La Habana

Entre las más afamadas compañías extranjeras que han participado en los Festivales de Ballet habaneros figuran el American Ballet Theater y el Conjunto de Solistas del New York City Ballet, de Estados Unidos; Solodosneodans y la Compañía de Flamenco Antonio “El Pipa”, de España; y el Ballet Nacional del SODRE, de Uruguay, dirigido por Julio Bocca. Junto a estas agrupaciones también han participado bailarines y solistas de prestigiosos conjuntos danzarios como el Royal Ballet de Londres y el English National Ballet, de Gran Bretaña; el Ballet de la Ópera de Berlín y el Ballet de Dresde, de Alemania; el Ballet Nacional de Canadá; la Compañía Nacional de Danza y los Ballets des Teatres de la Comunidad Valenciana, de España; el Ballet de Biarritz, de Francia, y el Ballet del Teatro Teresa Carreño; el Julio Bocca Ballet Argentino; el Ballet de Zaragoza y el Ballet Español de Murcia (España); el Conjunto Diástasis (Chipre); la Compañía Danza Teatro de Turín (Italia); Introdans Ensemble Voor der Jeugd (Holanda); la Kennedy`s Tap Dance Company y The Alvin Ailey Repertory Ensemble (Estados Unidos). Entre los bailarines invitados también han figurado estrellas pertenecientes al Ballet de la Opera de París, el Ballet del Teatro alla Scala de Milán, el American Ballet Theater y el New York City Ballet, el Ballet Bolshoi de Moscú, el Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires, el Real Ballet Danés, el Ballet de la Ópera de Berlín, el Ballet Nacional Húngaro, el Ballet Clásico de Guangzhou, China; el Ballet del Teatro Municipal de Río de Janeiro y la Compañía Nacional de Danza de México. Especialmente recordada ha sido la pareja italiana integrada por Carla Fracci y Paolo Bertoluzzi en el segundo acto de Las sílfides.

El Festival por dentro

Los bailarines cubanos, considerados en el medio especializado los más ligeros del mundo, entrenan duramente todo el año con pies llagados que se deforman y una disciplina de úsares; escenógrafos inspirados construyen maquetas, los attrezzistas sueñan, los diseñadores hacen magia sobre el papel, modistas especializadas cosen con esmero rasos y tules, como si dieran puntadas para vestir príncipes y princesas, hadas y pájaros hechizados. El coreógrafo, diseñador de espacios y sentimientos es, en la familia de los creadores, uno de los miembros más comprometidos.

Los coreógrafos son como artífices del fuego que invaden nuestras almas por medio de complicadas luminosidades, de inciertas sugestiones y, sobre todo, de frases hechas con el cuerpo. Petipá, Brian Mc Donald, Forsythe, Balanchine, Roland Petit, Alberto Méndez, James Kelly, Kenneth MacMillan, John Cranko, Jorge Lefebre, Kylian, Víctor Ullate, Maurice Béjart, Oscar Araíz, Alicia Alonso…, cientos de estos especialistas de la contemplación y escultores de la gestualidad han dejado sus huellas en La Habana introduciendo en nuestra sensibilidad personajes que hoy son parte de la urbe, como Coppelia, que dio su nombre a la heladería más frecuentada de la ciudad.

Una lista de las coreografías expuestas durante los Festivales habaneros sería casi interminable. Algunas como El lago de los cisnes y Giselle, dos piezas emblemáticas de la danza clásica, han perdurado en el tiempo y atraen al espectador actual con la misma intensidad que en otras épocas… Giselle tiene para Cuba una doble significación, pues amén de ser obra cumbre del romanticismo, catapultó a la fama a nuestra Alicia el 2 de noviembre de 1943, cuando ella cambió su nombre sin darse cuenta al sustituir en ese rol a Alicia Márkova durante una temporada del Ballet Theater de Nueva York. Desde entonces Giselle no falta en cada cita habanera. Y también durante décadas muchos fanáticos del gran arte han esperado la celebración anual solo para ver salir a escena a una Alicia enfundada en el mínimo traje de Carmen, de un rojo sangriento, en esa creación irrepetible que ella hizo de la gitana apasionada e indómita que se entrega toda entera en los compases de Bizet.

El Festival de Ballet no es patrimonio de La Habana, sino que inunda las tablas de otras provincias del país y dialoga con el público a través de un ancho lente artístico. Exposiciones de diseño, fotografías, caricaturas, cine, presentaciones de libros, conferencias, música y otros muchos espacios se abren al foro.

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