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Denise Perrier y Denardo Coleman: semblanzas

Denise Perrier

Entre las grandes atracciones del Festival Jazz Plaza 2018 se encuentran dos nombres, pertenecientes ambos a dos figuras indiscutibles quienes, a pesar de corresponder a generaciones diferentes, forman parte de la más legítima historia del género no solo en Estados Unidos sino en otras latitudes.

Son ellas, por una parte, la emblemática vocalista Denise Perrier, oriunda de ese vasto territorio, casi antillano, que es la Luisiana, de donde ha emanado tanto suceso, tanta maravilla. Descubierta a los 19 años por Louis Armstrong, con quien iniciara su carrera artística, Denise es un símbolo de esa época, de su más significativa tradición, de su sello más auténtico.

En su más reciente oferta discográfica nombrada At Yoshi´s, grabada en vivo, el prestigioso comunicador Clifford Brown, Jr. la describe como un dechado de virtudes entre las que se destacan la espontaneidad y la improvisación, ejes centrales del jazz y de esa capacidad de Denise para hacer original y suyo cualquier clásico, como hizo en la Sala Abelardo Estorino del barrio habanero del Vedado con temas como Cry me a river y A train.

Más que una cantante, Denise Perrier es una virtuosa de la interpretación y una artista completa, como bien señala Clifford Brown, Jr. El público asistente pudo percibir, a través de estas creaciones, su conmovedor tributo a Duke Ellington.

El baterista Denardo Coleman nos trajo su propia agrupación integrada por virtuosos no solo de Estados Unidos sino, por ejemplo, de Brasil.

Con ellos disfrutamos un sonoro rumor urbano, imperecedero; un sonido de ese free jazz cosmopolita —introducido en los mejores círculos por su máximo creador, Ornette Coleman—, cargado de una diversidad, voluntariamente incorporada, donde los antecedentes de la música cubana son innegables pues se depositaron en Nueva York, allá por la primera mitad del siglo pasado, para no salir jamás de allí, traídos a la Gran Manzana, como se sabe, por el genio de un gran tumbador habanero Chano Pozo, quien llegó al jazz para fijarse en él como un dios todopoderoso.

Hijo de Ornette Coleman, otro ícono del jazz del siglo XX y de la poeta y artista Jayne Cortez, Denardo trajo al Jazz Plaza (17-21 enero 2018) una obra libre y experimental, con el concurso del grupo Gala Mayor, inspirada en un poema de su madre titulado I see Chano Pozo.

Este poema gozó de gran aceptación en presentaciones localizadas en Manhattan durante la primera década del siglo XXI y, ya a fines de los noventa del XX, había hecho las delicias de centenares de asistentes a un festival internacional de poesía efectuado en Londres, junto al río Thames.

Nacida en Arizona (1936) y fallecida en Nueva York (2012), Jayne Cortez era mestiza y parecía alguien con sangre indígena, negra y europea, a la vez. Esta voz esencial de las expresiones artísticas afroamericanas escenificó sus poemas haciéndose acompañar por músicos de jazz. Jayne creaba con sus poemas una suerte de puesta en escena, muy personal, inspirada por la tradición oral de los negros de Harlem de principios del siglo XX. Grabó con los Fire Spitters, entre otros, más de diez valiosos discos, un verdadero archivo de la palabra metropolitana, ambulante y popular.

Los ancestros cuentan, como se ha probado, una vez más. Para estos artistas, reyes del jazz de San Francisco y Nueva York, respectivamente, el entorno familiar los nutrió de esa savia que los cubanos hemos podido disfrutar en gran medida.

Denardo Coleman y su grupo nos adentraron en los misterios de Nueva York, su puerto y su mar gris, espeso, diseminado en la plata de sus embarcaciones. El mar, como siempre, trasmisor de tantos valores provenientes de migraciones irlandesas, sajonas, latinas y, por supuesto, africanas. Su concierto en el Teatro Mella fue un conmovedor tributo a la memoria de Jayne Cortez y Chano Pozo.

Denise Perrier, entre vuelos y latidos del alma, nos trajo el rumor de la Luisiana en su compleja historia negra y tercermundista, el eco de su piel en el alma de nuestro público.

Gracias al mar y al Malecón, que veían a diario, pudieron recuperar sus orígenes y, de ese modo, supieron conquistar, con su arte y su oficio, a todos los públicos posibles.

 

(A la memoria de Joyce Jackson, poeta, hermana de Denise Perrier)

 

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