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El rodeo, pasión cubana

El rodeo, pasión cubana

El rodeo comenzó en Cuba en los años 20 del pasado siglo, y desde entonces acapara la atención del público, el entusiasmo de los vaqueros y el interés de turistas, atrapados por el colorido, la acción y el riesgo de enfrentar cada vez desafíos mayores en la pista

El rodeo es pura adrenalina. Montar un toro, galopar, hacer piruetas y pasar diversas pruebas constituyen atractivo tanto desde el punto de vista de los deportes extremos, como del espectáculo, significativo para el turismo.

Cuba tiene una trayectoria relevante en esta práctica, al punto de que muchos de sus vaqueros logran puestos relevantes en competencias internacionales, y en la actualidad se presentan estas exhibiciones en todo el archipiélago.

Rodeo y turismo se dan la mano, aunque en el caso cubano aún resta mucho terreno por recorrer en dicho sentido.

El presidente de la Asociación Cubana de Vaqueros de Rodeo, Anadelio González Herrera, esclarece con vehemencia particular el derrotero de este deporte recreativo en el país.

Recuerda que su entidad, fundada en 1993, pertenece a la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) y la integran 5 320 personas, de las que más de 600 son mujeres.

En Cuba hay 79 estadios para el rodeo, de los cuales 14 están asociados a ferias agropecuarias, como la arena principal, ubicada en La Habana, en el recinto ferial de Rancho Boyeros, muy cerca del aeropuerto internacional José Martí. La pista se inauguró en 1933 y constituye referencia para esta práctica.

Historia y tradición

Anadelio González Herrera es una persona muy activa con sus 66 años de edad, convence con su pasión, atrae al rodeo. Cuenta que de muy joven se inició en estas prácticas, pero nunca fue campeón.

Sin embargo, este deporte sí tiene mucho que ver con su vida; estudió Ingeniería Agronómica y resultó profesor de diferentes especialidades en la Universidad Agraria cubana.

Relata que el rodeo en Cuba aparece alrededor de 1924, y el Héroe Nacional cubano José Martí (1853-1895) ya lo menciona durante una de sus estancias en Estados Unidos. La tradición comenzó en la Isla cuando llegaron los primeros ganaderos norteamericanos y usaron sus lazos con las reses. Esta era una actividad muy vinculada con el trabajo diario del vaquero.

En cada provincia de este archipiélago —señala retornando a la actualidad— se realizan campeonatos de rodeo, que transitan desde la base hasta las lides provinciales y nacional, en las que participan campesinos vinculados a la ganadería.

En marzo de cada año se realiza la competencia nacional en La Habana, en Rancho Boyeros, de manera simultánea con una Feria Internacional Agropecuaria, y como parte de ella se celebra un Encuentro Internacional con vaqueros de varios países.

Con sede en la capital cubana, existe además la Confederación Internacional de Rodeo y Coleo, para América Latina, creada en 1997, y de la que también el entrevistado es presidente desde hace varios años.

Entre las aspiraciones de los vaqueros cubanos está tener cada vez más amigos en el mundo interesados en estas prácticas, incluso estadounidenses, aunque los de esa procedencia afrontan las restricciones económicas y comerciales de Washington contra La Habana.

Sin embargo, algunos vaqueros estadounidenses llegaron a Cuba como turistas en los años 90, queriendo ponerse en contacto con sus colegas locales.

En 1997 vinieron siete norteamericanos para participar en la Feria de Rancho Boyeros, y se asociaron a la Confederación Internacional creada aquí, además de pertenecer a la de su país.

Los vaqueros cubanos compiten por el mundo, son reconocidos —comenta con orgullo Andelio— y muestran sus destrezas en naciones como México, Canadá, Panamá, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela y Colombia.

Vida en movimiento

La simulación de acciones necesarias en la vida laboral de un vaquero constituye la esencia de esta práctica, por ejemplo, el enlace de ternero, que lleva un tiempo máximo de 25 segundos y el récord cubano es de 7.8.

Otra modalidad es el derribo de reses a mano, que requiere 30 segundos y el récord local es de 3.55, o el coleo (derribar una res por la cola), con tiempo máximo de un minuto y 60 segundos.

En una época existieron en Cuba tres escuelas de rodeo, en la central provincia de Villa Clara, y en las occidentales de Matanzas y La Habana, pero ahora se ejercita en todo el país.

La instrucción de los nuevos vaqueros-deportistas se hace en muchos lugares del país, sobre todo en provincias como la oriental Holguín, y en el propio Rancho Boyeros, donde se preparan equipos competitivos.

Especifica Anadelio González Herrera que para ser vaquero de rodeo simplemente hay que sentir gusto por esta actividad, amarla, acercarse desde joven a quienes la enseñan, sobre todo en localidades rurales y ganaderas de Cuba. Así es como se garantiza el relevo, dice, lo demás: mucha práctica y esfuerzo.

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