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Enrique Pineda Barnet y la renovación de la esperanza

Enrique Pineda Barnet

Enrique Pineda Barnet es conocido sobre todo por su película La bella del Alhambra. En el más reciente Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se celebra cada año en La Habana, recibió un Premio Coral de Honor por la obra de toda su vida. Guionista, escritor y actor, también ingresó en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en 1962. Desde entonces ha realizado un gran número de documentales, largos y cortos de ficción con un estilo singular que lo hacen ser una “rara avis” dentro del séptimo arte cubano.

En 2006 recibió el Premio Nacional de Cine y entre sus películas más recordadas, además de La bella… se encuentran Cuba baila, La anunciación y Verde Verde.

Más Cuba se acercó a él con esta entrevista exclusiva en la que Pineda Barnet se confiesa con la locuacidad y la profundidad que lo caracterizan. He aquí mis preguntas y sus sorprendentes respuestas.

 

¿Qué significó para usted recibir un Coral del Festival de Cine Latinoamericano por toda su obra? ¿Fue una sorpresa?

Fue una sorpresa. Pero la significación es muy compleja. Lo siento como una reivindicación después de 27 años de olvido. Me cuesta trabajo hablar sobre los valores de mi película La bella del Alhambra. Pero puedo decir que fue muy triste que en ese mismo Festival de Cine Latinoamericano no se le concediera el premio de actuación a Beatriz Valdés, una actriz que había mostrado todo un conjunto de cualidades, bailando, cantando desde canciones líricas hasta populares, haciendo un alarde histriónico como pocas veces se ha visto en el cine cubano. Una actriz que se había ganado con esa obra el amor del público. Siento este coral entonces como una reivindicación. Lo que he acumulado hasta hoy no es rencor ni deseos de venganza. Son solo heridas que hay que cuidar. Resarcir errores es complicado por eso este Coral lo considero como una renovación de la esperanza. Pedí que me fuera entregado por Beatriz Valdés. Y los organizadores del Festival la trajeron de Venezuela para que fuera ella quien me lo diera como una especie de desagravio y cuando lo hizo sentí que estaba ocurriendo un milagro. Era un Coral para todos los que participaron en la realización de La bella… y todos los que han colaborado en todas mis películas. En el momento de la entrega estuve a punto de caerme de espaldas.

 

¿Qué relaciones ha tenido con España desde el punto de vista personal y cinematográfico?

Bueno. Primero: soy de origen catalán. Después está el hecho de que al año siguiente de lo que sucedió en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana con La bella del Alhambra, en el año 90 se me otorgara el Goya, el primero que recibía un realizador latinoamericano. Viajé después mucho por España impartiendo talleres de actuación y de dramaturgia. Pero se dio algo particular. Y es que un escultor cubano, Evelio Lecour, me invitó a Santiago de Compostela. Fui y recordé a mi colega Manuel Octavio Gómez, que sentía pasión por el camino de Santiago. Era octubre de 1990 y yo cumplo años en ese mes. Mi madre estaba en Miami invitada por mis hermanas que residen allí. Yo tenía muchos deseos de pasar mi cumpleaños con ellas. Pero era muy difícil en aquel momento obtener una visa para Estados Unidos. Y menos desde España. Yo soy agnóstico pero me dijeron que pidiera un deseo a Santiago, el santo. Y así lo hice. Le pedí que me dejara pasar mi cumpleaños con mi madre y mis hermanas. Pensé que era algo irrealizable. Cuando llegué a la casa donde me hospedaba le conté a mis amigos lo que había pedido. Había allí un joven actor que se despidió casi enseguida de haberme escuchado. A los veinte minutos recibí una llamada telefónica. Era el joven actor que me llamaba desde la casa del cónsul de los Estados Unidos que era amigo de él. El Cónsul se puso al teléfono y me dijo que él no podía negar una visa a un ganador del Premio Goya. Y así pude viajar a Miami. Gracias también a que el pintor cubano Tomás Sánchez pagó mi pasaje. Llegué el 25 de octubre y el 28, día de mi aniversario lo pasé con mi familia como había pedido al santo Santiago.

 

¿Cómo valora el Goya que le fue entregado por su película La bella del Alhambra?

El Goya es un honor para cualquier cineasta de habla hispana. Gracias a él conocí a Pedro Almodóvar y a otros importantes directores españoles. Reencontré a Sarita Montiel, a la que había filmado un comercial en Cuba en la década de los cincuenta. En fin, aquella que hice para recibir el premio fue una de las estancias más agradables de toda mi vida.

 

¿De todas sus películas, con cuál se siente más satisfecho?

Es difícil contestar a esa pregunta. Porque una cosa es con cuál uno se siente más satisfecho y otra cuál te ha dado más satisfacciones. La bella… significa mucho para mí. Pero hay un corto que realicé de manera independiente a partir de un poema mío que interpreté teatralmente en Puerto Rico, que considero lo mejor que he hecho. Se llama First y tiene como actor a Héctor Noa, al que considero casi como un hijo. Y trata de lo que intento con toda mi obra: tender puentes. Creo que todos tenemos un verbo interior que es más que nuestro nombre. Se lo digo a mis alumnos. En mi caso ese verbo es puntear: tender puentes, que es como dar un abrazo. Puentes entre personas, entre países. Algo que creo que expresé muy bien en mi película La anunciación.

 

¿Qué temas le gustaría abordar en el futuro?

Los acercamientos, las reconciliaciones. Estas son muy complicadas. Pero con sus contradicciones y con sus paradojas son muy importantes. El mundo entero debería reconciliarse, derribar todos los muros. Y como ya te he dicho, tender muchos puentes. Creo que la reconciliación es un gran tema.

 

Si tuviera que definir su cine y a usted mismo como artista, ¿cómo lo haría?

Creo que desde siempre he sabido quién era y qué quería. Cuando era niño mi padre me regaló un juego de pelota y casi le parto el bate en la cabeza. Mi mamá me regaló un laboratorio, quizás con la esperanza de que fuera médico o científico. El laboratorio me encantó. Pero solo porque pude llenar todas las probetas de agua y hacer una marimba. Entonces mi próximo regalo fue una guitarra. Todo el mundo se enteró de que yo sería un artista. Y así ha sido.

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