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Escenarios distintos para propuestas diversas

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La historia del teatro en Cuba comenzó con las fiestas populares, las representaciones sacras y las procesiones del Corpus Christi entre los siglos XVI y XVIII. Era un teatro religioso con formas medievales importadas por el colonizador europeo.

Como acontecimiento, el teatro floreció a inicios del siglo XVIII cuando surgió el estilo de representar en las mansiones de los ricos criollos y españoles las obras más populares de Calderón de la Barca, Lope de Vega y Tirso de Molina, o alguna comedia ligera de ambiente rococó. Ya en el siglo XIX, el romanticismo europeo y su versión cubana iban quedando en la memoria colectiva para dar paso al teatro vernáculo con comedias y dramas distinguidos por la crítica social y su fuerza en el hecho escénico por encima del texto. La zarzuela, el melodrama, la ópera y otras formas líricas incorporaron también a los tipos sociales del vernáculo: el montuno, la mulata y el negro esclavo, y desarrollaron una fusión centrada en la música cubana.

En la tercera década de la vigésima centuria, en coincidencia con un movimiento de renovación en la cultura y las ideas nacionales, dramaturgos y actores comenzaron a nutrirse de teatristas europeos que llegaron a La Habana huyendo del fascismo. Surgieron entonces el Teatro Universitario, la Academia de Arte Dramático y el Patronato del Teatro, entre otras instituciones; se ensayaron el drama psicológico, la comedia de fantasía y el drama poético, al tiempo que cambiaron los asuntos, las técnicas y los ambientes.

Desde el triunfo de la Revolución, en 1959, se empezaron a escuchar los nombres de nuevos dramaturgos que, desde una posición crítica del pasado, asumieron una voluntad de experimentación, toda vez que el teatro se extendió por el país y surgió el movimiento de aficionados en cientos de lugares.

Espacios emblemáticos

Hasta nuestros días han llegado edificaciones emblemáticas del teatro en la Isla, muchas de ellas en la capital, caracterizadas —algunas— por determinada manifestación de las artes escénicas.

Ubicado en la histórica y popular Plaza de la Revolución, el Teatro Nacional de Cuba es un edificio de moderna arquitectura devenido complejo cultural recreativo que reúne a diversas manifestaciones artísticas. Posee dos salas: la Covarrubias, con capacidad para 850 personas en dos niveles de observación, que debe su nombre a Francisco Covarrubias (1775-1850), dramaturgo considerado fundador del teatro cubano. Allí se dan cita las artes dramáticas, así como conciertos de música de pequeño formato e intérpretes vocales, la danza y espectáculos de variedades. La sala Avellaneda, con capacidad para 2 254 espectadores en tres niveles de observación, toma el nombre de la figura más excelsa de las letras románticas del siglo XIX cubano: Gertrudis Gómez de Avellaneda. Su escenario acoge las grandes producciones musicales, de ballet o de cualquier otro espectáculo de gran formato. En otros espacios se encuentran el piano-bar Delirio Habanero (con una hermosa vista panorámica de la plaza), el café cantante Mi Habana y una biblioteca especializada de las artes escénicas.

En la planta baja del singular edificio Focsa, en la calle M esquina a 19, en la barriada de El Vedado, el Teatro Nacional de Guiñol abrió sus puertas por primera vez el 14 de marzo de 1963 para cristalizar etapas precedentes de búsquedas y aproximaciones, del trabajo de creadores que, como los hermanos Camejo, aunaron sueños y esfuerzos por un teatro de títeres con carácter nacional. Puede acoger a 210 espectadores, pero no solo los niños disfrutan las adaptaciones concebidas para ellos. Los adultos acuden también a apreciar monólogos, puestas de pequeño formato y espectáculos titiriteros de reconocida calidad.

Hacia la parte antigua de la ciudad, frente al Parque Central, se empina el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso en lo que fuera el Centro Gallego, lugar donde habitualmente se presenta el Ballet Nacional de Cuba y sede principal del Festival Internacional de Ballet de La Habana. La ópera y la zarzuela también ocupan parte de la programación de ese coliseo, en el que han actuado primerísimas figuras de la danza y el arte lírico mundiales, entre ellas la bailarina italiana Carla Fracci; la bailaora y coreógrafa andaluza Cristina Hoyos; la soprano catalana Victoria de los Ángeles; y la prima ballerina assoluta de Cuba, Alicia Alonso.

Sobresale en El Vedado un circuito teatral importante. A lo largo de la calle Línea se ubican instituciones como el Centro Cultural Bertolt Brecht, edificación que cuenta con dos salas de mediano y pequeño formato, una galería de artes plásticas y un café teatro, este último no solo destinado al arte de las tablas sino también a espectáculos musicales con populares solistas y agrupaciones nacionales.

En dirección al túnel que atraviesa el río Almendares, un poco más allá aparece la Casona de Línea, sede del Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas donde se ubica, además, la sala teatro Adolfo Llauradó (finado actor cubano del teatro, el cine y la televisión). Pocos metros separan a esa institución del teatro Raquel Revuelta, antiguo cine de barrio transformado en un moderno complejo cultural donde se integran diversas manifestaciones artísticas.

Contiguo se avista el Teatro Mella en el lugar que ocupaba el antiguo cine Rodi. Inaugurado en noviembre de 1952 tomó su nombre actual el 28 de abril de 1961. Desde esa fecha hasta hoy, por su escenario han desfilado las más prestigiosas figuras y agrupaciones de la danza, la música, el teatro y el humor cubanos. Sede habitual del Conjunto Folclórico Nacional y de la compañía Danza Nacional de Cuba, cuenta con una sala principal de 1 475 localidades. En ella tienen lugar eventos trascendentes como el Festival Internacional de Teatro; el Festival del Humor Aquelarre; el Festival Internacional de Ballet; y los festivales Jojazz, Jazz Plaza y Boleros de Oro.

A escasos metros del Mella, en la acera opuesta se ubica el cine teatro Trianón, sede de la compañía teatral El Público. Poco más de 300 espectadores disfrutan allí de las concurridas puestas dirigidas por Carlos Díaz (Premio Nacional de Teatro) y su joven colectivo, cuya poética y lenguaje renovadores han marcado pautas en las tablas nacionales.

También en El Vedado, se levanta el histórico Teatro Auditórium Amadeo Roldán, anfitrión desde 1928 de numerosas celebridades cubanas y extranjeras, hoy en reparación.

Pasando el túnel de Línea, en la calle Primera esquina a 10, en la barriada de Miramar, luce su esplendor el mayor teatro de la isla: el Karl Marx, antiguo Teatro Blanquita que abrió sus puertas el 30 de diciembre de 1949 con el espectáculo estadounidense De París a New York. A inicios de la década de 1960 se convirtió en el Teatro Charles Chaplin y adoptó su nombre actual el 17 de diciembre de 1975 con la realización del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Conocido como el teatro de los grandes acontecimientos, tiene capacidad para unos 5 000 espectadores en tres niveles de observación. Desde su fundación como Teatro Blanquita, en su enorme escenario han actuado figuras de renombre mundial, entre ellas el mexicano Agustín Lara; la orquesta de Dámaso Pérez Prado; los cubanos Rita Montaner y Benny Moré; los españoles Joan Manuel Serrat, Paco de Lucía, el grupo Mocedades y Lolita Flores; el argentino Alberto Cortés; el Royal Ballet de Londres; el American Ballet Theatre y los estadounidenses Dizzie Gillespie, Billy Joel y Carmine Copolla.

Otros escenarios de grandes, medianas y pequeñas dimensiones, repartidos en concurridos o apartados sitios de la geografía habanera, conforman una programación que satisface los más variados gustos, bien por el drama y la comedia, o bien por la música y la danza, y hasta por las artes plásticas. El arte convoca y el público acude curioso en busca de aquella representación que deje una huella en su intelecto.

 

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