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Gibara, la villa bendecida por el mar

Gibara

Cuentan que Cristóbal Colón navegó por sus costas y abrigada bahía de bolsa, a la que llamó Río de Mares apenas acabado de llegar al Nuevo Mundo, a fines de octubre de 1492.

Allí el intrépido almirante genovés contactó con comunidades de aborígenes taínos, que vivían en el sorprendente entorno y pudo observar algunas costumbres, igualmente de maravilla.

Pero Gibara, hoy enclave marinero y municipio de la costa norte de la provincia de Holguín, debió esperar hasta el 16 de enero de 1817 para su fundación como villa, a partir del Fuerte de San Fernando, ubicado frente a su bella bahía.

Este año sus habitantes, poco más de 72 mil almas y una legión de viajeros que hasta allí llegaron, celebraron los 200 años de la encantadora Villa Blanca de los Cangrejos, o la Perla de Oriente o la España Chiquita, como también se le ha llamado alguna vez con gran afecto.

El mar y siempre el mar ha signado la vida y la actividad económica y social de este pequeño terruño querido por sus hijos de manera especial, incluso los que viven lejos.

De territorio fundamentalmente llano, la distingue el accidente geográfico nombrado Silla de Gibara, según dicen, un apelativo dado por Colón, a una elevación de fácil visualización desde varios ángulos del litoral.

Pero también forman el paisaje los cerros de Candelaria, Socarreño y Yabazón, acentuando sus atractivos visuales.

Con gran auge como puerto durante el siglo XIX y principios del XX, hoy la pesca de peces y mariscos es la actividad que más pervive y distingue a los habitantes de la zona, junto a la práctica de faenas agrícolas y de fomento forestal. Ello explica la existencia de una gastronomía marinera muy deliciosa y propia.

Algunas de las recetas autóctonas más connotadas fueron recogidas en el libro Sabor a Gibara, del chef internacional Alberto Gámez Ronda, publicado recientemente.

Los gibareños se ufanan de sus sentimientos patrióticos, probados en su contribución puntual en todas las compañas liberadoras y en las luchas revolucionarias contra la dictadura de Gerardo Machado en los años 30 del pasado siglo.

El centro histórico urbano de la ciudad, con una arquitectura muy peculiar en proceso de restauración y cuidados constante, fue declarado Monumento Nacional por la Comisión Nacional de Monumentos el 12 de enero de 2004.

Sobre la leyenda de por qué se le llamó “España Chiquita” muchos coinciden en que Gibara recibió grandes olas migratorias procedentes de España durante los siglos XIX y XX. La mayoría de los peninsulares provenían de Islas Canarias y Asturias, y huían de guerras y conflictos en la Europa de entonces.

El Himno de Gibara, evocado constantemente en sus celebraciones, recuerda por su melodía nostálgica a las habaneras de antaño, muchas de ellas creadas en la península.

Pero volviendo al presente de esta hermosa ciudad ribereña y hospitalaria, sus pobladores viven cada año como una verdadera fiesta convocante de casi todos, el Festival Internacional de Cine Pobre, que desde 2002 se celebra puntualmente.

El cineasta cubano Humberto Solás (1941-2008), el inolvidable creador de Manuela, Lucía, Cecilia, Un hombre de éxito y Miel para Oshún, fue el creador de este singular convite que promueve la exhibición de obras de bajo presupuesto, sin desdoro de la calidad artística.

Hoy, el destacado actor Jorge Perugorría continúa organizando los eventos iniciados por Solás, con gran respaldo de las autoridades y pueblo de Gibara. Este año, la XIII Edición será a mediados de abril y ya se espera otro encuentro inolvidable, como las anteriores ediciones.

Otros sitios de gran interés a valorar por los visitantes del pueblito son los museos de Artes decorativas, el de Arte Colonial y el de Historia Natural, todos remozados con motivo del cumpleaños 200 de la ciudad.

Y para el alojamiento son muy recomendables los hoteles Ordoño y Arsenita, así como hospedajes regenteados por particulares, también de gran confort. Pero sobre todo, se regalará con la hospitalidad única de los hijos de Gibara.

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