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Isla de la Juventud, un tesoro de isla

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La segunda mayor ínsula del archipiélago cubano y la quinta en extensión de las Antillas tiene un interesante pasado y un presente que conquista al viajero por la diversidad de conocimientos que puede adquirir y de opciones recreativas que puede disfrutar.

Situada en el norte del mar Caribe, en el golfo de Batabanó, la Isla de la Juventud forma parte del archipiélago de los Canarreos junto a más de 600 cayos e islotes al suroccidente de la isla de Cuba, región de fondos marinos de singular belleza con apreciable estado de conservación.

Cristóbal Colón descubrió el territorio en 1494, en su segundo viaje al llamado Nuevo Mundo, y la bautizó como La Evangelista, aunque no fue el primero ni el último de sus nombres, que abundaron a través de su historia.

Los aborígenes la llamaban Camaraco, Guanaja o Siguanea, el Adelantado Diego Velázquez la nombró Santiago, el rey Fernando VII, Colonia de la Reina Amalia, y tuvo otros, como Santa María, San Pauli e Isla de Pinos, por la proliferación de estos árboles.

Entre otras denominaciones, también ha sido conocida como Isla de las Cotorras, ave abundante en sus predios, e Isla de los Piratas, pues servía de refugio a esos hombres de mar, al punto de que se asegura que el escritor escocés Robert Louis Stevenson se inspiró en ella para escribir su famosa novela La isla del tesoro.

Durante un festival mundial juvenil celebrado en Cuba en 1978 adquirió su actual nombre atendiendo a las numerosas instituciones educacionales que allí existían.

Con muy escasos habitantes en sus primeros tiempos, su colonización comenzó propiamente hacia la década de los años 20 del siglo XIX y en 1830 fue fundada su actual ciudad capital, Nueva Gerona, nombrada así en homenaje a la defensa de la ciudad catalana que había hecho durante la guerra de independencia española Francisco Dionisio Vives, entonces Capitán General de Cuba.

Situada en las márgenes del río Las Casas, la urbe presenta una preservada arquitectura ecléctica, marcada por singulares detalles del neoclásico, y en su principal arteria cultural y comercial —calle 39 o Calle Real— se aprecian añejas casas de tejas y gruesas columnas.

En las raíces culturales de la Isla se aúnan elementos de la cultura española, africana, norteamericana, caimanera y japonesa que conservan su identidad y sus tradiciones.

En este entorno brilla el sucu sucu, ritmo autóctono creado hacia 1840 por Bruna Castillo, mujer leyenda que trasmitió sus saberes musicales a sus descendientes hasta que se convirtió en uno de los símbolos que identifica la tierra pinera.

Primero se conoció como rumba, rumbita, cotunto, entre otros, y en la década de 1920 adoptó su nombre definitivo, basado en el rallado de la bandurria y el arrastrar de los pies sobre los entarimados de madera de los bohíos y conucos donde se celebraban las fiestas.

La Isla de la Juventud tiene también desde hace años un reconocido quehacer en el trabajo con la cerámica, tanto utilitaria como artística, con talleres que han realizado cursos para niños, jóvenes y adultos. Hoy, puede apreciarse esta manifestación en el Taller de Cerámica Artística de la ciudad.

Huellas de la historia

El devenir de la historia, antes y después del descubrimiento de la Isla por el Gran Almirante, ha dejado su impronta en estas tierras, que ofrecen al visitante diversos sitios de interés que actualmente constituyen Monumentos Nacionales.

En el extremo suroriental del territorio, se encuentra Punta del Este, lugar de exuberante vegetación, rica y variada fauna, y alto valor patrimonial y arqueológico por la existencia de un sistema cavernario de cuatro cuevas, entre las que destaca la No. 1, llamada la Capilla Sixtina del arte rupestre caribeño, descubierta a principios del siglo XX por un francés.

Allí se observan en sus techos y paredes más de 200 pictografías realizadas por aborígenes de tiempos precolombinos, que plasmaron su cosmogonía mediante círculos concéntricos y otros símbolos asociados, en armoniosas e ininterrumpidas series coloreadas, donde alternan los colores rojo, negro y a veces el blanco de la roca.

Vinculada con las guerras de independencia, la finca El Abra es un museo sobre el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, quien en su juventud residió dos meses en el lugar, después de haber cumplido prisión y trabajos forzados, y antes de ser deportado a España.

El museo expone la habitación que ocupó Martí y en sus fondos se conservan objetos personales y documentos, muebles y parte del ajuar doméstico que usó mientras estuvo en El Abra, propiedad entonces del catalán José María Sardá.

La historia más reciente está simbolizada en el antiguo Presidio Modelo y en el Memorial Pinero.

En el primero estuvo recluido el líder revolucionario Fidel Castro, junto a otros compañeros, tras el asalto al cuartel Moncada en 1953.

Construido de 1925 a febrero de 1932 a unos cinco kilómetros de Nueva Gerona, el Presidio Modelo cuenta con más de una treintena de edificaciones y es considerado único en América Latina por su monumentalidad y forma panóptica.

Después de ser liberados en mayo de 1955 por una amnistía general, Fidel Castro y otros asaltantes del Moncada viajaron en la embarcación de la Marina de Guerra de Cuba El Pinero hasta Batabanó, de regreso a la isla de Cuba. El Memorial se encuentra en el centro de Nueva Gerona, cerca del malecón que rodea el río Las Casas.

Para disfrutar del mar

Como isla al fin, en la de la Juventud abundan los atractivos vinculados al mar, tanto en la ínsula principal como en los cayos que administrativamente pertenecen a ella e integran el archipiélago de los Canarreos.

Hay en toda la zona más de 80 puntos de buceo, con fondos de gran calidad paisajística, cuevas, paredes de corales negros, fauna diversa, pasadizos, túneles, cascos de galeones… En la zona, a 12 metros de profundidad, se encuentra un coral de cinco metros de altura, llamado Catedral del Caribe, considerado el mayor del mundo.

Situado en el oeste de la isla principal, el Parque Nacional Punta Francés forma parte de las áreas protegidas marino-costeras de Cuba, por sus altos valores naturales, gran diversidad de ecosistemas y elevado grado de conservación, especialmente de sus formaciones coralinas.

Por esos predios se encuentra el emblemático hotel El Colony, construido en la década de 1950, en cuyas cercanías se encuentran un centro internacional de buceo y una marina.

También atraen la atención de los viajeros la playa de Bibijagua, de arenas negras por la erosión de las rocas de basalto causada por el mar, ubicada en el noroeste de la Isla, y la ciénaga de Lanier, sitio Ramsar por ser humedal de importancia internacional, en la cual existe un criadero de cocodrilos.

La joya de la cayería en el entorno de la Isla es Cayo Largo del Sur, importante polo de desarrollo turístico, ideal para las inmersiones, la náutica y el turismo ecológico, con una marina y un centro internacional de buceo.

Tiene una superficie total de 37,5 kilómetros cuadrados y 25 kilómetros de longitud, ocupados casi en su totalidad por playas, protegidas por hermosas formaciones coralinas en aguas poco profundas donde habitan gorgonias, peces y variada flora.

En esa especie de paraíso natural, que dispone de una confortable y moderna infraestructura hotelera en perfecta armonía con el ecosistema, pueden apreciarse además sitios singulares, como un criadero de tortugas, donde se reproducen tres tipos: kawama, verde y carey.

Todo un mundo por conocer y disfrutar en la Isla de la Juventud y sus cayos, región cubana que la naturaleza privilegió y el hombre ha ido convirtiendo en un destino de altos quilates.

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