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Jazz en La Habana

Jazz en La Habana

La Habana ha sido una de las ciudades más confluentes en cuanto a música se refiere, y una de ellas ha sido la pasión que profesa por el jazz.

Para muchos musicógrafos, el jazz llega a Cuba durante la intervención norteamericana a fines del siglo XIX a través de los soldados negros y la inserción de las bandas de música del ejército estadounidense en el panorama nacional.

Para otros, arriba ya pasada la guerra y, por consiguiente, con la penetración e influencia de EEUU en el país.

De cualquier manera, el nuevo ritmo se propagó rápidamente y comenzó un proceso de acercamiento, descubrimiento y adaptación, que lo lleva, inevitablemente, a cambiar para siempre, al mezclarse con la poderosa polirritmia cubana, de ancestral pasado africano.

Su clímax llega en las visitas constantes de músicos de ambos países, como Dizzy Gillespie a Cuba y su posterior “fichaje” de Luciano Pozo (Chano), el introductor indiscutible de la percusión afrocubana en el jazz.

Desde entonces, músicos cubanos de casi todas las tendencias han hecho del jazz su pasión, aportando ideas o simplemente continuando lo ya establecido.

Importantes fueron el pianista Frank Emilio Flynn, el baterista Guillermo Barreto, Felipe Dulzaides, Mario Bauzá y los hermanos Orestes e Israel (Cachao) López, entre otros íconos de los años 40 y 50.

Todos son iniciadores, referentes y paradigmas dentro del jazz cubano, unidos por el concepto de Jam Session, que se tradujo en Cuba con el nombre de “descarga”.

Bajo esta modalidad era común hallarlos en míticos clubes nocturnos habaneros, “descargando” a lo cubano.

De esos años devienen grabaciones como Descarga Cubana: Cuban Jam Sessions (1957), de Israel López (Cachao) y su Ritmo Caliente, entre los que figuraron invitados como Generoso Jiménez (trombón), Negro Vivar (trompeta), Niño Rivera (tres), Guillermo Barreto (pailas), Tata Güines (tumbadoras), Orestes López (piano) y Richard Egües (flauta).

A partir de aquí se consolidaría un movimiento jazzístico sin precedentes, teniendo como nuevo hito la creación de la Orquesta Cubana de Música Moderna (OCMM) en 1967, de la que saldrían nombres como Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Carlos Avheroff, Juan Pablo Torres, Paquito D’ Rivera, Enrique Plá y Sergio Vitier, entre otros.

Muchos de ellos fundan, junto a Chucho Valdés, la banda Irakere en 1973, grupo que como la OCMM renueva el lenguaje musical cubano de la época, fusionando el jazz con elementos afrocubanos más experimentales, donde el canto y la armonización adquieren un matiz sorprendente.

Irakere fue el primer grupo cubano en obtener un Grammy en 1979 con el disco Misa Negra.

Luego se sucederían varias generaciones importantes de grupos y creadores, pasando por la irrupción de NG la Banda a finales de los 80.

NG, liderada por el exIrakere José Luis Cortés, heredó el espíritu bailable de la música cubana mezclada con el jazz, a la que aportó condimentos como el virtuosismo al complejo panorama armónico en ebullición de esa década.

Otra figura importante es la cantante Mayra Caridad Valdés, hermana de Chucho y poseedora de un exquisito talento y una vigorosa voz, que la sitúan como la más alta exponente del llamado jazz vocal, dependiendo para su éxito del virtuosismo y de la utilización del melisma como recurso expresivo.

La lista sería inagotable, y analizar nombres tanto de solistas como de bandas podría ser, en cualquier caso, tema para otro acercamiento al mejor jazz hecho en La Habana.

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