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Las farolas de La Habana

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La Habana, en particular el centro histórico, tiene muchos detalles singulares como puertas, aldabas, rejas y otras particularidades que parecen detenidas en el tiempo.

De todas esas piezas, las farolas aportan una belleza única y vivaz, con sus relieves en metal y la profanación de bombillas modernas dentro de un encierro que tiene muchos más años de antigüedad.

La recuperación de los signos distintivos de una urbe que se preocupa por rescatar lo rescatable se dan cita en las farolas, donde el verde o el oxido tienen la mano tendida. Ellas constituyen hoy un atractivo para quienes peregrinan por la urbe, que está muy próxima a cumplir sus 500 años de existencia.

Tras el control del fuego por los humanos, uno de sus usos fue la iluminación. Fueron encontradas lámparas de terracota en las planicies de Mesopotamia datadas entre el 7000 y el 8000 antes de Cristo, y otras de cobre y bronce en Egipto y Persia cercanas al 2700 a. C.

Las primeras ordenanzas sobre alumbrado público que se conocen se remontan al siglo XVI. En Francia (1524), los vecinos eran obligados a colgar una luz en la puerta de sus casas, y hasta 1558 no se colocaron faroles en las esquinas de las calles.

Para 1662, el abate Laudati Carraffe organizó un cuerpo de vigilancia nocturna encargado de encenderlos y apagarlos.

En 1667, el teniente de policía Le Reynie reformó y fijó el alumbrado público. Uno de sus sucesores, Sartines, introdujo el empleo de reflectores o reverberos, y en 1818 fue adoptado el gas, extendiéndose después a todas las ciudades importantes del mundo.

Las primeras farolas de gas requerían que un farolero recorriese las calles al atardecer para ir encendiéndolas, pero años después se empezaron a emplear dispositivos de encendido automático que prendían la llama al activarse el paso de gas.

Como notas curiosas, se conoce que las primeras farolas fueron fabricadas por los árabes. Les siguieron las primeras del tipo arco eléctrico, inicialmente de velas eléctricas, velas Jablochoff o velas Yablochkov, desarrolladas por el ruso Pavel Yablochkov en 1875.

Y una buena gama de estos artefactos se pueden apreciar en las calles sobre todo de La Habana, como museo activo, que aunque ahora son eléctricas, conservan la estructura y materiales originales de un portalámpara que se respete.

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