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Pedro de la Hoz: conversación con un dirigente de artistas y escritores

pedro de la hoz

El crítico cultural Pedro de la Hoz, quien es también vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) acaba de ser galardonado con un merecidísimo Premio Nacional de Periodismo por la obra de toda su vida.

Conozco a Pedro desde hace muchos, muchísimos años, cuando todavía él vacilaba entre la escritura de poemas y la función del ejercicio del criterio en todas las manifestaciones de la cultura. Puede decirse que las dominaba y domina todas. De manera que puede juzgar cualquier cuestión relacionada con las letras y las artes, así como conceptualizar sobre las mismas. Siempre con inteligencia, talento y un alto sentido de la ética y la responsabilidad.

Mucho antes de que se le concediera el Premio de Periodismo le había adelantado este cuestionario y él accedió a responder en exclusiva para Más Cuba con un nivel de sinceridad y profundidad que no es frecuente en la mayoría de los que se someten a entrevistas en medios internacionales.

Para quienes no lo conocen ni saben qué es la Uneac será una excelente ocasión de penetrar en los entresijos de esta organización de la sociedad civil que tanta importancia tiene en la vida y el pensamiento de la Cuba de hoy.

He aquí, entonces mis preguntas y sus inteligentes y agudas respuestas.

 

¿Cómo valoras el trabajo de la Uneac desde su último Congreso hasta hoy?

En muchos sentidos, la organización avanza. Tal vez no tanto como pudiera esperarse, pero también debe tomarse en cuenta el contexto que ha prevalecido en el país durante el último trienio en el plano económico y material. La misión fundamental de la Uneac es la promoción de la obra de sus miembros y la proyección social de esa obra de manera que repercuta activamente en la subjetividad de los cubanos de este tiempo. Esto se va logrando en la medida que el sistema de festivales y eventos se consolida, se estimula la participación de los escritores y aristas en espacios promocionales, se concretan proyectos sociales comunitarios y se consigue un vínculo efectivo y eficiente con el sistema de instituciones culturales. Persisten, sin embargo, insatisfacciones: no contamos siempre con el financiamiento suficiente para cumplir con los planes de nuestras casas editoriales, la inserción de la producción de las artes plásticas en el mercado del arte aún está en ciernes y se echa de menos una más consistente atención a los foros que hagan posible el desarrollo del pensamiento estético y la teoría de las artes. Pero sobre todo debemos ser más rigurosos en la calidad de nuestras propuestas, para que ni la mediocridad ni la chatura nos venzan.

 

¿Qué sentido tiene que exista una asociación cubana de artistas y escritores?

La Uneac no se parece a nada. No es un sindicato ni un gremio, sino una organización profesional de carácter múltiple —escritores, artistas escénicos, realizadores de cine, radio y televisión, músicos y artistas visuales— que cumple una función social. Forma parte de la sociedad civil, tal como la entendemos en Cuba, es decir, como el conjunto de entidades asociativas que interactúan, tanto con el Estado como con la población, en la construcción de la hegemonía y progresiva transformación del modelo socialista cubano. Cobra sentido por su papel en la configuración, adecuación y reformulación de la política cultural. De cara a las instituciones culturales y a los medios de comunicación, la Uneac se revela como una contraparte. Pero no nos podemos quedar solamente en esa relación biunívoca. Asumimos que la cultura es una dimensión vital e indisoluble del desarrollo. No nos podemos dar el lujo de una quiebra entre economía y cultura, entre vida material y subjetividad. La sociedad a la que aspiramos solo es posible a partir de valores solidarios y de la plenitud humana. Mucho puede y debe hacer la Uneac para que esos conceptos encarnen en las convicciones y los sentimientos de cada uno de nuestros ciudadanos.

 

¿Cómo están representados los jóvenes en la institución?

La Uneac es una organización selectiva. Se supone que agrupe a la vanguardia de los creadores artísticos y literarios de todo el país. Generalmente la obra crece en el tiempo, salvo la de aquellos prodigios que irrumpen a temprana edad con todos sus atributos. Ello explica en parte por qué los jóvenes escritores y artistas no tengan una representación cuantitativamente influyente en nuestras asociaciones. Admitamos, sin embargo, que para algunos talentos emergentes de probado mérito la Uneac haya dejado de ser atractiva y que en determinados momentos los miembros de mayor antigüedad recelen de la entrada de jóvenes. Nicolás Guillén, el fundador, le dijo una vez a un pintor: “Ahí vienen los jóvenes con sus cuchillas afiladas abriéndose camino con sus luces y echando chispas por todo lo alto”. Suelo acordarme de esta frase que le escuché cuando tú y yo, como jóvenes que fuimos, nos escurríamos por los pasillos de la Uneac para dialogar y aprender de los mayores.

 

Ser vicepresidente de la UNEAC, ¿qué representa para ti?

Una carga y una responsabilidad. Nunca he aspirado a cargo alguno. Prefiero estar en casa escribiendo y estudiando, estudiando y escribiendo. Pero este cargo es por elección. Primero tienes que obtener los votos suficientes de los delegados al Congreso como para integrar el Consejo Nacional y luego conformar la candidatura al Secretariado entre los más votados. Es una muestra de confianza que se agradece aunque sea abrumador.

 

Tienes una activa participación en la Comisión Aponte creada por la Uneac. ¿Puedes explicar un poco en qué consiste su trabajo y cuál es su razón de ser?

Cuatro siglos de esclavitud y media centuria de república mutilada pesan en el imaginario social. En Cuba, la Revolución erradicó el racismo institucional y hubo quienes creyeron que con eso bastaba para superar problemas estructurales —como la pobreza asociada a segmentos vulnerables de la sociedad y la herencia objetiva de las desventajas históricamente acumuladas— y desterrar hábitos y prejuicios. Al mismo tiempo no se visibilizaron con precisión y hondura los aportes de los africanos y sus descendientes a la identidad histórica y cultural de la nación, salvo excepciones. Quién podría negar a los Maceo, quién a Mariana Grajales. Cómo prescindir en los bailes folclóricos y en la trama trovasonera del linaje africano. Fue Fidel Castro quien en el Congreso de la Uneac de 1998 replanteó el asunto, a partir del diálogo con los intelectuales. La Uneac creó en 2011 la Comisión José Antonio Aponte para luchar contra la discriminación y losos prejuicios racistas y exaltar la contribución de los africanos y sus descendientes a la cultura nacional. Aponte fue el pionero de las luchas independentistas y abolicionistas en nuestro país. No es un grupo de activistas negros que promueven acciones afirmativas ni buscan el empoderamiento de un sector étnico, sino un conglomerado de escritores y artistas que desde la cultura abordan el tema conscientes de que la sociedad cubana debe avanzar hacia el supremo nivel de integración que Nicolás Guillén llamó, con razón y justicia poéticas, el color cubano.

 

Eres uno de los más destacados críticos culturales del país, ¿qué opinas de la situación de esa manifestación del pensamiento en Cuba?

La crítica artística y literaria sigue siendo deficitaria, asistemática y disfuncional. Asignatura pendiente en las líneas y los espacios editoriales de los medios de comunicación. Por un lado va la producción académica; por otro, el ejercicio mediático del criterio; ambos campos no deben confundirse. De esto se habla mucho, pero llueve sobre lo mojado. Yo digo que hay críticos, pero no hay crítica.

 

¿Volverías a asumir responsabilidades en un próximo período dentro de la Uneac?

No lo deseo. Cinco años es un buen tiempo de servicio. Ello no quiere decir que deje de tener compromiso con la Uneac ni con el movimiento artístico e intelectual cubano.

 

¿Cuáles son los riesgos de asumir la crítica con la seriedad y el rigor con que lo haces y dirigir a la vez a los creadores sobre los que la ejerces?

Ejercer la crítica implica una actitud ética. El juicio debe estar precedido del conocimiento, asistido por la responsabilidad y sustentado por la gracia del buen decir. Cuando valoro una obra de arte, una partitura, un espectáculo un programa de de televisión, no pienso en los creadores, sino en el público. Una crítica en los medios no es un taller de análisis, sino una plataforma de orientación pública sobre las jerarquías que ocupan determinados sucesos en los procesos culturales.

 

¿Cómo se definiría Pedro de la Hoz, más periodista que crítico o viceversa?

Me hablas de fronteras porosas. El diarismo marca una buena parte de mi vida y con esto quiero decir que compartir información es para mí un apasionante deber. Pero la crítica es un sacerdocio. Periodista y crítico, me quedo con las dos maneras de asumir la creación.

One thought on “Pedro de la Hoz: conversación con un dirigente de artistas y escritores

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