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Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar: desafío para los escritores de lengua española

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Fue la intelectual ucraniana Ugné Karvelis, segunda esposa de Julio Cortázar, quien propuso a los funcionarios y escritores cubanos, Miguel Barnet y Abel Prieto, y a la poeta argentina, Basilia Papastamatiu, crear en Cuba un concurso de cuento iberoamericano que llevara el nombre del maestro argentino.

De esta manera, desde 2002 la Fundación Alia (fundada por Karvelis), el Instituto Cubano del Libro, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la Casa de las Américas y el Ministerio de Cultura de la República Argentina organizan un certamen que este año llegó a su decimasexta edición y que recibió unos trescientos relatos de toda América Latina y España.

El certamen, acaso no muy bien remunerado, cuenta, sin embargo con el sello de llevar el nombre de quien es uno de los grandes escritores hispanoamericanos y es por ello que se ha convertido en todo un símbolo entre los muchos concursos de relatos que se convocan en el área.

En 2017 el premio fue otorgado al cuento Vientos del Neva, del cubano Rafael de Águila, quien considera que haber vencido en el certamen es una suerte de tributo al narrador que lo motivó a comenzar a escribir narraciones breves, “una gran emoción, un sueño, un privilegio, un honor y un compromiso”.

En declaraciones exclusivas a Más Cuba, De Águila recordó que comenzó a escribir este género literario a mitad de la década del 80, precisamente después de descubrir un volumen de Julio Cortázar quien, por aquella fecha, tuvo en Cuba la primera edición de algunos de sus relatos.

“Leer Casa Tomada, Segunda Vez y después, ya más adelante, otros textos como Lugar llamado Kindberg y, desde luego, Rayuela, me llevó decididamente a la narrativa”, aseguró.

Agregó que leyendo y releyendo a Cortázar escribió sus primeros cuentos y aun hoy regresa de vez en cuando a ellos, los disfruta, vuelve al origen como un hijo pródigo, agradecido.

“Soy, de esa manera, deudor total de Cortázar. Ganar ahora un premio que lleva su nombre es una suerte de tributo”, afirmó.

Sin embargo, Rafael de Águila no cree demasiado en los premios:”Ganar un premio, cualquiera que este sea, incluso el Nobel, en modo alguno se traduce –de manera explícita y obligada— en calidad literaria, en que el texto premiado o el autor resulte superior a otros textos u otros autores”.

La realidad —sentenció— es la literatura. Escribir la obra. El tiempo —y su prueba de fuego— es el verdadero jurado.

No obstante, admite que dada la preeminencia de Julio Cortázar en la narrativa iberoamericana, su recuerdo imborrable, su hálito, la admiración que despierta “pues ganar este premio para cualquier autor resulta algo maravilloso”.

Todo premio, señala el escritor cubano, de alguna manera, actúa como marketing y es emocionante obtenerlos y lindo y grande. Un privilegio. Un alto honor. Pero, ratificó, desconfía de los premios.

“Solo ha sido un jurado quien lo ha otorgado, simples mortales, casi siempre tres seres que así lo han considerado. La historia de la literatura ilustra, y no poco, acerca del desmadre de jurados. Lo verdaderamente importante resulta escribir. Consagrarse a ello. La premiofilia no significa, ni puede significar jamás el leit motiv de un autor”.

Cada año presentan a este certamen un gran número de cubanos; es por ello, tal vez, que la mayoría de los que han obtenido el galardón pertenezcan a la Isla. Pero sus organizadores desean que cada vez sean más los latinoamericanos y españoles que concurran a la convocatoria que se realiza casi siempre en el mes de junio.

El acto de premiación se realiza en agosto en homenaje al natalicio del creador de esa obra maestra que es El perseguidor.

No obstante, la universalidad del concurso está también en las múltiples influencias que tienen los ganadores de toda la literatura no solo de lengua española.

En este sentido, Rafael de Águila señaló que las influencias son, mutatis mutandi, como los genes, los ADN y los cromosomas. “Pero si en la genética humana no varían con el tiempo y la edad, en la genética literaria resultan evidentes”.

De Águila confiesa que en su primer libro las influencias eran muy claras: Cortázar, Borges, Piñera. Kafka, Hemingway, el minimalismo y la literatura del absurdo.

Admitió que admira sobremanera a Saramago, Camus, Yourcenar, Faulkner, Italo Calvino, Raymond Carver, Octavio Paz, Alejo Carpentier, Hermann Hesse, Tomas Mann, James Joyce y la literatura rusa del siglo XIX.

En cuanto a los autores españoles su lista está formada por Cervantes, Lorca. Unamuno y Miguel Hernández, entre otros.

Concluye afirmando que no basta narrar algo, no se es un narrador de esquina, se es o se pretende ser escritor.

“Urge en consecuencia escribir bien. Respetar el idioma como se respeta a una madre”.

Y en ese respeto deben coincidir, opino yo, todos los escritores de lengua española que, desde hoy, se decidan a enviar sus textos a este concurso: un desafío por llevar el inolvidable nombre de Julio Cortázar-

 

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