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Ron cubano, el hijo pródigo de la caña de azúcar

Ron cubano, el hijo pródigo de la caña de azúcar

De voz en voz, más allá de las crónicas de los españoles, se conoce la historia de aquella agua incolora y ardiente. Se cuenta que la añoranza de sus vinos dio la idea a los conquistadores de fermentar el zumo de la gramínea.

El resultado era un licor fuerte, que raspaba la garganta, aturdía los sentidos y llegaba al estómago como un puño de olvido.

Mano de obra esclava hacía girar los trapiches del que salía junto a su sudor el dulce néctar que se convertía en azúcar, mieles y de ahí en ron. Era un círculo perverso, pues el ron era la moneda común para comprar esclavos para trabajar en los ingenios, recolectar la caña de azúcar de donde se sacaba la melaza, que era enviada a Inglaterra para transformarse en ron para comprar esclavos.

Nacido bajo el ardiente sol del Caribe, sigue hoy este noble hijo de la caña de azúcar después de cinco siglos teniendo adeptos por todo el mundo, y tratándose de tú a tú con los mejores brandys, whiskys, vodkas o tequilas, pero siempre manteniendo su identidad propia.

A pesar de los siglos en Cuba sigue siendo una bebida de amplio espectro, lo mismo se encuentra en canecas o tetrapak, en ponche con frutas en la fiesta de 15 años de una chica o una boda, en bares de barrio que en los más exclusivos hoteles o centros nocturnos en cócteles.

Por cierto, dentro de los 15 mejores tragos del planeta, según Old Fashioned, Gin & Tonic al Manhattan, están tres cócteles cubanos: el Daiquiri, el Mojito y el Cuba Libre.

Según el diccionario, el ron es un licor alcohólico destilado, obtenido del jugo o de la melaza de la caña de azúcar, generalmente un subproducto de la fabricación del azúcar e incluye a los tipos claros ligeros, típicos de la República Dominicana, Puerto Rico y Cuba, y los más pesados, como los de Jamaica.

Aunque otros países latinoamericanos también producen excelentes rones como, Venezuela, Guatemala, México, Nicaragua y Panamá…, todo gracias a la caña de azúcar que trajo el Almirante Cristóbal Colón a nuestras tierras.

Mucho se ha escrito y hablado del ron cubano y de su elaboración, porque lo cierto es que en muchas naciones se ha hecho y se hace ron, preparado incluso por maestros roneros y fórmulas cubanos, pero el resultado siempre es diferente del producido en la Isla.

Se especula que puede ser el clima, el añejamiento a la sombra y la brisa del mar Caribe, que la refresca del bochorno del trópico. También puede influir que en 1791 Cuba se convierte en el monopolio de las exportaciones de azúcar hacia Europa, como consecuencia de la revuelta de los esclavos en Haití, que motivaron la destrucción de los ingenios azucareros.

En realidad sigue siendo un misterio, baste mencionar el origen de muchos de los más afamados rones para descubrir que algo especial tiene la isla grande del Caribe donde nacieron marcas tan conocidas como Bacardí, Matusalén, Arechabala, Caney, Santiago o Havana Club.

Con la introducción de la máquina de vapor a inicios del siglo XIX, los cañaverales y las roneras florecieron por todo el país.

En 1837 se implanta el ferrocarril en Cuba y se imponen una serie de avances tecnológicos, algunos de ellos vinculados con los alambiques, que obligaron a la metrópoli española a adoptar medidas que favorecieron el desarrollo de las exportaciones de Cuba en la industria azucarera.

Con los cambios nace en Cuba el ron ligero convirtiéndola en una bebida de gran calidad, con delicado buqué y agradable al paladar. A partir de entonces surgen en La Habana, Cárdenas, Cienfuegos y Santiago de Cuba nombres que trascienden al mundo: San Carlos, Bocoy, Matusalén, Arechabala, Bacardí y Havana Club.

Hoy por hoy la marca más conocida en el país caribeño es la familia del Havana Club, elaborada en una de las fábricas encargadas de esa actividad de mayor tamaño en América Latina, capaz de entregar poco más de 30 millones de litros cada año.

En países como Italia, Alemania y Francia los volúmenes de ron que se comercializan superan incluso a las cantidades que asimila el mercado cubano, señal inequívoca de la aceptación que ostenta el mencionado licor.

Desde hace unos años el ron cubano es una denominación de origen, muestra de la atención que se le presta en la Isla a su bebida por antonomasia, que tiene en la literatura una especie de biblia: El hijo alegre de la caña de azúcar, de Fernando G. Campoamor. El texto resulta toda una antología, desde el origen remoto y metafórico hasta el imprescindible glosario.

Pero si aún quedan dudas se puede recorrer alguna fábrica de la bebida o visitar el Museo del Ron Havana Club, nacido a la sombra de la firma Havana Club International, empresa mixta entre Cuba Ron S.A. y la firma francesa Pernod Ricard.

En el Museo del Ron se expone todo el proceso de elaboración de esa bebida. Cuenta también con tienda, galería y claro un bar. Eso sí, se recomienda que el primer chorrillo sea para los dioses, como se hace desde la época de los primeros aguardientes peleones.

Cinco siglos después, se mantiene la costumbre de dedicar a las deidades el primer trago. Así que por si acaso, mejor seguir la tradición y luego disfrutar los placeres que ofrece el ron cubano.

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