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Rubén Rodríguez Sensualidad poetizada

Rubén Rodríguez Sensualidad poetizada

“Mi trabajo es de sentimiento y experiencia envueltos en la vida cotidiana de imágenes vividas o aprendidas”, así se expresa Rubén Rodríguez, artista de la plástica y uno de los más importantes exponentes del arte erótico en Cuba, quien pertenece a la misma generación de Tomás Exon, Glexis Novoa y José Bedia, entre otros.

“Creo en el erotismo como sustento a la existencia, de cualquier forma y en cualquier parte…”, asegura este pintor cubano, graduado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de La Habana en 1980, fundador del Taller Artístico Experimental de Serigrafía René Portocarrero y profesor de la cátedra de Grabado del Instituto Superior de Arte (ISA).

Este artista ha cultivado, desde una forma muy particular y con un trazo impecable, la temática del erotismo dentro del arte.

De él ha dicho la crítica cubana de arte Yolanda Wood: “Rubén se mueve con soltura en los diferentes medios artísticos. Decidirse por la pintura ha sido una opción dentro de los diversos procedimientos que domina, los cuales establecen canales de encuentros y desencuentros en toda su trayectoria. En la pintura sorprende la sobriedad del color que ya practicaba en el grabado previamente. Se diría que nada de tropicalidad ni exotismo hay en ellos, términos que suelen aplicarse como etiquetas a todo lo que llega de las islas de mar y sol caribeños. El pintor insiste en que nada de hermetismo ni introspección hay en sus cuadros. Siente el placer de manejar una paleta que evoluciona en el proceso mismo hacia la obra final. El disfrute está precisamente en el tránsito reductor de esa paleta. Sobre el lienzo o la cartulina inicial pueden estar todos los colores.

“Entonces comienza el trabajo del artista para llegar a la superficie deseada y transitar, de las formas espontáneas que surgieron en los primeros trazos del dibujo, a las calidades y cualidades pictóricas que le interesan. En el andar sobre el cuadro se produce el descubrimiento. No hay azar ni sorpresa, es un tránsito por estaciones diversas en las que, sin perder el rumbo, el artista puede tomar diferentes caminos para siempre llegar…

“La segura sobriedad de sus colores construyen otra de las zonas de extrañamiento en el proceso de emisión-recepción, pues estimulan una opacidad en el contacto perceptivo que orienta la manera de penetrar al cuadro y a su contemplación. Entonces es cuando forma y color encuentran el punto máximo de atracción para la construcción de una noción de belleza ajena a lo decorativo. El reclamo de atención está en el interior mismo de cada cuadro por la materialidad pictórica, por la calidad de la factura y por el modo sutil de evocar la figura al margen de toda realidad. Por eso las obras se desplazan en un juego simbólico de relaciones entre lo verdadero y lo falso, entre lo racional y lo irracional; al no representar, representando. En la verosimilitud de lo inverosímil (…) lo insólito surge entonces de esa armonía interna como forma de significación pues las obras crean sus propios sistemas de referencias para hablar de ellas mismas. Desde el espacio pictórico se componen todas las metáforas y a la imaginación se subordinan todas las posibles anécdotas. El artista ha sometido al lenguaje del arte el mundo y la realidad. En la imagen visual de las obras encontrará el espectador el asombro de lo inexistente y quizás necesario para componer una visión más poética de nuestro propio existir…”.

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