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Silvio Rodríguez en sus setenta años: poeta de los grandes

silvio rodriguez

El reciente otorgamiento del Premio Nobel de Literatura al compositor y cantante norteamericano Bob Dylan ha hecho a los cubanos pensar en que el internacionalmente conocido trovador cubano Silvio Rodríguez, quien está cumpliendo este año sus setenta de vida, bien pudo ser merecedor también del mismo.

Nadie se atrevería a negar la condición poética de los textos del autor de Ojalá. Sus lecturas y su cercanía a los escritores líricos de su generación lo hicieron, desde que empezara a cantar a principios de los años sesenta del pasado siglo, un compositor inquietante, cuyas letras no se parecían a la de ninguno de los autores que existían en la Isla por aquel entonces.

El padre de Silvio Rodríguez, nacido en el poblado habanero de San Antonio de los Baños, era un poeta intuitivo y en la casa del trovador había libros suficientes para que el niño se interesara muy temprano por un género que la afición de su madre por el canto complementó, en lo que sería después: un lírico que se acompaña de la música para expresarse.

Pero Silvio fue también dibujante e historietista del semanario Mella, donde comenzó a trabajar muy joven, un tiempo después de fijar residencia en La Habana a partir del triunfo revolucionario de 1959, donde se incorporó a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, a las Milicias Nacionales Revolucionarias y a la campaña de alfabetización.

También estudió piano y pintura, pero en la revista Mella conoció a un hombre llamado Lázaro Fundora que es quien lo estimula a iniciar el aprendizaje de la guitarra.

Todas estas experiencias, junto a la del Servicio Militar Obligatorio en 1964, contribuyeron a la formación del Silvio Rodríguez que conocemos hoy, quien no dejó de ser incomprendido por algunos que lo tildaban de raro y extravagante, incapaces de advertir en él la genialidad de sus innovaciones artísticas y literarias.

Su debut ocurrió en un programa de televisión llamado “Música y Estrellas”, donde se presentó el 13 de junio de 1967, un día después de terminar su Servicio Militar donde, dicho sea de paso, obtuvo una mención en un concurso literario de las Fuerzas Armadas con un cuaderno de poemas titulado Horadado Cuaderno 1.

Pero quizás la música lo sedujo más que la palabra escrita. O de igual manera. Y es por ello que su vocación se decide finalmente por la del trovador, rompiendo y continuando una tradición que viene del siglo XIX cubano y que tiene entre sus compositores e intérpretes más representativos a Sindo Garay y Manuel Corona.

Silvio Rodríguez tuvo un programa de televisión solo para él: “Mientras tanto”, que era homónimo de un título de una canción de las más significativas de su primera etapa como autor. Duró poco, pero el joven no se dio por vencido y con el apoyo de algunos funcionarios culturales de la época como Haydée Santamaría, presidenta de la Casa de las Américas, y Alfredo Guevara, presidente del Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos (ICAIC) continuó superándose a sí mismo.

Fue la etapa del Grupo de Experimentación Sonora. Compuso música para cine y perfeccionó su talento para la música nada menos que con el grandísimo Leo Brower. En este empeño lo acompañaron algunos cantautores que con él fundaron el Movimiento de la Nueva Trova como Noel Nicola, Sara González y Pablo Milanés.

A los setenta años puede decirse que Silvio Rodríguez es el compositor más importante del actual panorama musical de esta Isla. Su vocación poética y musical está además sedimentada por grandes inquietudes sociales y políticas.

Sus canciones son, entre otras cosas, la banda sonora de la Revolución Cubana, con sus luces y sus sombras, pues su compromiso a toda prueba con el proceso cubano no le impide ser crítico con todo lo que considera perjudicial y empobrecedor desde cualquier punto de vista.

Su altruismo lo ha llevado en los últimos tiempos a visitar prisiones junto a otro grupo de artistas y escritores a los que ha convocado para este empeño y, después, a realizar giras completamente gratuitas por barrios de La Habana desfavorecidos, cuyos habitantes no pueden acceder, ya sea por falta de hábito o por otras causas económicas, a los teatros. Silvio tampoco se prodiga en conciertos y recitales.

Desde muy joven admiré a un Silvio Rodríguez que comenzó siendo un artista de minorías. Sus letras y sus armonías difíciles necesitaron un tiempo para afianzarse en la preferencia de las grandes mayorías.

Tal vez fuera Chile el primer país donde Silvio ganó popularidad más allá de sus fronteras. Durante el tiempo de las dictaduras militares en América Latina sus canciones corrían en grabaciones clandestinas entre los hombres y mujeres progresistas, fundamentalmente jóvenes, de esta parte del mundo.

En España, donde grabó sus primeros discos, también es reverenciado y escuchado por miles de personas y su nombre es parte del imaginario cultural de todos los países de Hispanoamérica.

Por eso, nada tiene de extraño que los cubanos reclamen un Premio Nacional de Literatura, si no puede ser un Nobel, para el poeta que ha sabido interpretar el sentir de varias generaciones en el mundo de lengua española.

Ha cumplido setenta años con el mismo espíritu juvenil de los sesenta y muchos escritores se declaran influenciados por sus letras. Sin lugar a dudas, Silvio es un poeta y de los grandes.

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