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Una orquesta de jóvenes se arriesga con el danzón

danzón

Ethiel Fernández Failde está considerado el director de orquesta más joven de Cuba. Siguiendo la tradición de su tatarabuelo, Miguel, creador del danzón, decidió en 2012 formar una orquesta típica para interpretar ese género. Parece raro que estos bisoños intérpretes hayan escogido este género que pareciera propio de la tercera edad para popularizarlo entre las generaciones más recientes. Es por ello que Más Cuba se acercó a él en busca de algunas respuestas y con la curiosidad que la Orquesta Failde despierta por su originalidad en el panorama actual de la música de la Isla.

 

¿Cómo surge la idea de formar la orquesta?

Desde la Secundaria Básica, en la Escuela Vocacional de Artes de Matanzas, vengo organizando pequeños formatos. Luego en nivel medio llegué a crear una agrupación para hacer casi exclusivamente tangos, en particular siempre me ha gustado mucho la obra de Piazzola. Todos estos músicos jóvenes, mis compañeros de estudio, nos reunimos en vísperas del festival CubaDanzón del año 2009 y nos propusimos recrear la orquesta típica de Miguel Failde con los instrumentos actuales. Ese fue un proyecto de escuela que duró hasta el final del evento, pero alimentó la chispa.

El 14 de abril de 2012 fue nuestro primer concierto oficial en el Patio de Pelusín del Monte, durante la inauguración de un taller internacional de títeres que organiza Rubén Darío Salazar, o sea, que estamos cumpliendo nuestros primeros cinco años en este 2017. Éramos la Orquesta Típica Miguel Failde, no teníamos figle pero ese rol era asumido por el trombón, la trompeta reemplazaba al cornetín y tampoco había clarinetes en do, pues los actuales son en si bemol. Recuerdo que a los pocos meses nos acusaron de hacer un danzón sinfónico porque no había piano, ni flauta, tampoco voces, tocábamos sentados y todos los temas eran instrumentales. Tal vez los danzoneros de mi ciudad natal (Matanzas) no conocían la existencia de piquetes típicos en otros lugares del país con una proyección y una nómina similar a la nuestra, o sencillamente no era de su gusto, por suerte. A partir de ese reclamo, decidí incorporar la flauta (hasta ese momento yo solo dirigía) y el piano. Los mismos arreglos, pero con la inclusión de estos instrumentos, ya eran otra cosa. Luego, pensando en las posibilidades de generar conciertos y sostenernos económicamente como músicos, la güirera y una de las violinistas comenzaron a desdoblarse en los coros y a cantar boleros.

El toque de gracia para llegar al formato actual es cuando decidimos montar Monserrate y Danzón Timba de Alejandro Falcón, eso, y la necesidad de alcanzar un sonido potente para ejecutar el mambo y el son, nos obligó a reforzar la cuerda de metales con una trompeta. Gracias a este formato podemos abarcar todos los géneros de la música cubana desde el danzón hasta la timba con una poderosa sonoridad.

 

Jóvenes tocando el danzón. ¿Por qué?

En el caso de los integrantes de aquella célula inicial que es hoy La Failde, supongo que primó la amistad y el deseo de todo estudiante de presentarse más allá del ámbito escolar. Luego con el andar, fuimos entendiendo el impacto de nuestro repertorio y lo que podíamos significar dentro del panorama musical matancero y nacional, a pesar de que nos sentimos muchas veces “a contracorriente”.

En mi caso particular yo no fui consciente de la significación de mi apellido hasta que entré en la escuela de música, casi por embullo, y el director dijo en el matutino aquello de “tenemos por primera vez un Failde en esta escuela, ojalá no se quede solo en apellido…”. En mi casa no se hablaba mucho de nuestro baile nacional, ni nadie me impuso dar continuidad a una tradición familiar. Yo llegué al danzón a los seis años en la escuela primaria “José Martí”, gracias a la labor de mi profesora Esther y su esposo Navia que enseñaban a los niños a bailar con una pasión contagiosa. Así que soy un ejemplo de cuánto puede hacer la escuela como institución encargada de fomentar y reproducir la cultura en su más amplia dimensión.

En noveno grado me incorporé durante las vacaciones a la Orquesta Acierto Juvenil, la única que en Matanzas defendía un repertorio conformado mayoritariamente por danzones y sus derivados. A ellos tengo que agradecerles mi formación como músico popular, me llevaron a asumir el mambo, el chachachá, el son y me obligaron a improvisar, la primera vez durante un concierto en el teatro Sauto. Como músicos, el danzón nos da la posibilidad de asumir la sabrosura de los ritmos populares, probar su funcionalidad para convocar al baile y al propio tiempo demostrar nuestra formación académica y habilidades en la ejecución de los instrumentos y para improvisar, casi como en el jazz latino.

 

¿Consideras al danzón el baile nacional de Cuba?

Sí, a pesar de que se pueda cuestionar su vitalidad a casi un siglo y medio de su aparición oficial. La propia historia del danzón refleja la evolución de nuestra nacionalidad y nuestra cultura. Fue un encargo de la aristocracia matancera a un mestizo como Miguel Failde (sus padres fueron una parda libre y un español de Galicia), quien se encargó de sintetizar elementos presentes en su contexto sonoro, acriolló ritmos venidos de fuera y los mezcló con otros ya aplatanados, al tiempo que aligeró un poco el compás para permitir el paseo y descanso de los sofocados bailadores. Pero a pesar de tener autor y fecha de oficialización ante la alta sociedad matancera, el danzón se incorporó a la vida de la gente desde los barrios más humildes, de hecho hay testimonios que confirman que antes del primero de enero de 1879 ya estaba allí, con el pueblo. Sus características estrictamente musicales, sus símbolos, costumbres, los patrones de interacción social que le son propios han estado entre nosotros por más de cinco generaciones. Como un buen ajiaco isleño, se ha nutrido de otras tendencias musicales desde el son, pasando por el jazz, la trova y hasta la timba, siendo punto de partida para el danzonete, el mambo y el chachachá. El danzón llegó a México por el camino de la mar y allí goza de una muy buena salud con eventos, academias y orquestas en prácticamente todos los estados.  En nuestro país el movimiento danzonero está organizado con células desde los municipios, eso es algo real y tangible.

Es cierto que durante la primera mitad del siglo XX el danzón decayó ante el impacto de otros ritmos foráneos y del propio son, este último ha demostrado un arraigo, funcionalidad y aceptación en el gusto popular que le ha permitido renovarse, ser la base de la salsa y convertirse en timba para seguir coronando las listas de éxito en la actualidad.

Pero no podemos desconocer lo que el danzón ha significado para Cuba y que sigue presente en este siglo XXI. Tal vez la Isla de la Música merezca tener más de un baile nacional, pero sin dudas el danzón merece estrategias para su fomento, para visibilizar las mejores experiencias en cuanto a la producción musical, el baile y el disfrute espontáneo de nuestro pueblo, mostrar los elementos de renovación y continuidad, promover el debate entre los diferentes grupos sociales que lo sienten como parte de su cotidianidad, encontrar rostros y propuestas atemperadas a este nuevo siglo.

 

¿Tiene la orquesta seguidores de las nuevas generaciones?

Sí, aunque consideramos que nuestro público natural está integrado fundamentalmente por personas mayores de 40 años, que son el segmento etario más grande en Cuba, los jóvenes se conectan con nuestra propuesta. El enganche es la imagen, la proyección, el sonido. También es vital la variedad, en un concierto de La Failde uno puede explorar un amplio abanico de sonoridades bien cubanas, como para no aburrir. Pero creo que todo empieza por el hecho de que somos jóvenes, la orquesta tiene un promedio etario de 21 años.

Creemos que es nuestro deber poner el danzón y sus derivados en el oído y en el alma de nuestra generación. Para ello buscamos nuevos arreglos, montamos la obra de compositores jóvenes como Alejandro Falcón o Yosvani Terry, tomando elementos de la timba y otras tendencias contemporáneas. Queremos ir a una nueva etapa en que logremos arropar con esta música temáticas de la actualidad, o sea, un trabajo más enfocado hacia las letras y la colaboración con artistas populares del momento, sin concesiones. En torno a la orquesta se ha generado un evento, un programa de radio y ojalá muy pronto uno de televisión. Discográficamente contamos con el apoyo de la EGREM. Grabar y difundir nuestra propuesta es también algo que sabemos vital, tanto como tener espacios fijos, caracterizados para encontrarnos con nuestro público y desde ahí experimentar, dignificar y sumar.

 

¿Qué música quisieras llevar a tu auditorio?

No me gustan mucho las etiquetas, pero para responderte escojo dos BUENA y CUBANA, todo tema musical que quepa bajo esas clasificaciones nos interesa. Aunque tenemos claro que el danzón es un propósito y nuestro punto de partida.

 

¿Te sientes orgulloso de ser el tataranieto del creador del danzón?

Ser un Failde, matancero y cubano son poderosas razones para estar orgulloso. Mientras más conozco la obra de Los Failde, más compromiso siento con la cultura de mi país. Al interior de mi propia familia hay muchas líneas de parentesco que aclarar aún, pero en cualquier caso yo asumo ese legado como mío y trato de actuar en consecuencia cada día.

 

¿Proyectan alguna presentación fuera de Cuba?

Quisiéramos que esa primera presentación ocurriera en México, sin dudas la segunda patria del danzón y un país donde toda la música cubana tiene una presencia increíble. Lamentablemente aún no se ha concretado. Estoy convencido de que el repertorio que defendemos tiene una gran aceptación en otros lugares del mundo, porque es el emblema sonoro de Cuba ante el mundo. Espero que no tengamos que llegar a nuestro décimo aniversario para probarnos fuera de casa.

 

¿Cuáles son tus planes inmediatos con respecto a la agrupación que diriges?

Recuperar nuestra peña en Matanzas, donde podamos tocar gratuitamente para los bailadores de danzón (que sabemos no siempre tienen los recursos económicos para acceder a centros nocturnos) y todo el que ame la música cubana. Desde ahí podemos sumar a todas las generaciones y rescatar obras de Failde, Pérez Prado, Aniceto Díaz y otros autores matanceros.

Muy pronto comenzaremos la producción de nuestro primer DVD con EGREM, un material muy útil pues nos permitirá mostrar a la orquesta actuando en directo y ya sabemos que una imagen vale más que mil palabras.

El gobierno provincial nos ha encargado el tema por el aniversario 325 de la ciudad de Matanzas a conmemorarse durante el 2018. Eso nos tiene muy entusiasmados y debe estar listo antes del mes de junio, para comenzar a divulgarlo y que la gente lo haga suyo mucho antes de la celebración.

Pero lo más inmediato es lograr el desarrollo exitoso del segundo Encuentro Internacional Danzonero, del 30 de marzo al 2 de abril, con espacios para pensar el danzón, bailar y promover la creación de nuevas obras. En esta edición nos acompañará una mayor representación mexicana y la invitada de honor al concierto inaugural será la gran Omara Portuondo, con la que grabaremos una versión del poema Me desordeno, de Carilda Oliver Labra.

Hay más, pero pueden ser pretextos para próximas entrevistas.

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