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Varadero Icono de Cuba

Varadero Icono de Cuba

Desde cualquier parte del mundo se puede acceder a Varadero gracias a su aeropuerto internacional, que acoge anualmente a más de dos millones de pasajeros. También se puede llegar por carretera desde La Habana, que se encuentra a 140 kilómetros al oeste. El viaje de ida y vuelta a la capital cubana pasa por el puente de Bacunayagua,

el más alto del país con sus más de cien metros sobre el nivel mar. Esta maravilla de la ingeniería cubana posee un mirador desde el que se disfrutan de espléndidas vistas de un entorno de gran importancia ornitológica y donde alternan farallones, laderas y manglares.

Varadero da nombre, además, a una ciudad que conserva su otrora encanto. Esta urbe cuenta con pintorescas casas de piedra y madera con terrazas al estilo de la Luisiana norteamericana. Dispone de una amplia oferta de alojamientos (algunos son casas privadas) en primera línea de playa o en calles muy próximas al mar.

El principal destino vacacional de Cuba se ubica en la península de Hicacos, una lengua de tierra rodeada por el mar, en cuya cara norte se asienta la que ya en los años cincuenta del pasado siglo era considerada por los estadounidenses como la playa más bella del mundo. Por ser el punto más septentrional de Cuba, casi rozando la línea imaginaria del Trópico de Cáncer, es el lugar más cercano a Estados Unidos, del que dista unos 180 kilómetros. Está separado del resto de Cuba por un canal artificial de navegación que une la laguna de Paso Malo con las aguas del estrecho de Florida y la bahía de Cárdenas.

Orígenes

A diciembre de 1887 se remonta la fecha de la fundación de Varadero, cuando diez familias decidieron asentarse allí, aunque ya desde mediados del siglo XIX los cubanos acudían a pasar temporadas de verano para disfrutar del mar. Sin embargo, fueron los norteamericanos quienes reconocieron primero, a comienzos del pasado siglo, las bondades naturales de Varadero, donde en los años veinte y treinta del pasado siglo numerosos cubanos y estadounidenses adinerados instalaron sus residencias a lo largo de la playa, tras el cierre de los balnearios europeos como consecuencia de la Primera Guerra Mundial.

El primer hotel se edificó en 1915 y llevaba el nombre de Varadero, aunque después pasó a denominarse Club Náutico para acoger a los participantes en la regata de remo que se celebra desde 1910. Sin embargo, es a partir de la década de los cincuenta cuando se produce un primer boom en la construcción de hoteles, que en un primer momento fueron pequeños establecimientos de arquitectura de madera o canto. A fines del pasado siglo y principios de este, ante el auge del turismo en Cuba, se produce otra eclosión hotelera en Varadero, que hoy acoge a más de medio centenar de modernos y confortables hospedajes, muchos gestionados por reconocidas cadenas internacionales, entre las que sobresalen las españolas Meliá e Iberostar.

Sin duda, el principal encanto de Varadero es la playa, con 22 kilómetros de extensión y una franja de fina arena blanca con 700 metros de ancho como promedio, en tanto que la altura de la duna del litoral es de algo más de un metro. Es conocida mundialmente como la “playa azul”, porque su mar refleja todos los tonos de ese color creando un espectáculo impresionante para el mayor deleite de los sentidos.

Sinónimo de excelencia, la playa de Varadero resalta por la limpieza y transparencia del mar, la ausencia de vegetación subacuática y de rocas, la suavidad de la pendiente submarina y la poca profundidad (a 70 metros de la orilla es de solo 1,80 metros). Uno de sus grandes atractivos es la posibilidad de disfrutar de actividades náuticas, como paseos en catamarán o motos acuáticas, pesca deportiva, esnórquel o buceo.

Paraíso sumergido

En Varadero se puede bucear todo el año. La temperatura media del agua es de unos 24º C, y por su transparencia se alcanza una visibilidad horizontal de unos 30 metros. Sus fondos marinos acogen una treintena de puntos de inmersión y el único parque submarino de Cuba, Cayo Piedras del Norte, habitado por grandes cantidades de coloridos peces y ubicado a unas ocho millas náuticas al noreste de Varadero.

Este paraíso submarino abarca un área de dos millas náuticas cuadradas, con profundidades de entre 15 y 30 metros, donde yacen hundidos un yate, una fragata con sus cañones, un remolcador, una lancha portamisiles y un avión de pasajeros, pecios que pueden disfrutarse también desde embarcaciones con fondo de cristal sin necesidad de sumergirse en el mar.

La zona de buceo se extiende por más de 40 millas, incluyendo los cayos cercanos, con una profundidad que oscila entre los cuatro y los 35 metros, donde se pueden encontrar barreras coralinas, cuevas, túneles, cangilones tapizados por corales, gorgonias y peces tropicales.

Golf y turismo de negocios

Varadero atesora el único campo de golf de 18 hoyos de Cuba. El Varadero Golf Club fue diseñado por Les Furber y conjuga armoniosamente los estilos clásico y retador (“target golf”), con el mar como un obstáculo más dentro del juego. Ocupa una estrecha franja de 3,50 kilómetros y se alza donde antaño el multimillonario norteamericano Irénee Du Pont de Nemours instaló un campo de nueve hoyos para su disfrute privado en un área exclusiva de 180 hectáreas.

Dentro del Varadero Golf Club se halla la legendaria Mansión Xanadú, toda una atracción ella misma. Ubicada en las peñas de San Bernardino, en primera línea de mar, esta casa fue diseñada en 1927 y en su construcción, tres años después, sobresalen maderas preciosas y mármoles procedentes de Cuba, España e Italia. En sus inicios disponía de 11 habitaciones e igual número de baños, tres terrazas, siete balcones, embarcadero privado y un campo de golf.

Ahora, la Mansión Xanadú, que en un tiempo fue el restaurante Las Américas, funciona como el Club House del Varadero Golf Club y brinda seis habitaciones de lujo, restaurante, bar panorámico, bodega de vinos y facilidades para reuniones y banquetes.

Muy cerca de este campo de golf, y también junto al mar, se encuentra el Centro de Convenciones Plaza América, una de las insignias de Cuba en el turismo de eventos y congresos. Moderna y funcional, esta instalación se distingue por sus servicios y tecnología para la celebración de eventos de cualquier índole, lo que convierte a Varadero en destino para el turismo de negocios, congresos e incentivos. Cuenta con organizadores profesionales de congresos de alta calificación, traductores multilingües, oficiales de sala, equipo técnico y personal de apoyo, y dispone de diez salas de reuniones con diversas capacidades, entre las que descuella el salón plenario, con aforo para 500 personas. Galería de tiendas, restaurantes temáticos, bar, spa, centro de buceo, farmacia y servicio de cambio de ropa para quienes deseen bañarse en la playa son otras de las facilidades que ofrece.

Múltiples atracciones

Hoy Varadero resalta también por sus muchas opciones complementarias que invitan a los visitantes a salir de los hoteles para disfrutar más allá del sol y la playa. Se puede practicar paracaidismo, pasear a caballo o en bicicleta, visitar el parque recreativo “Todo en uno”, con variadas atracciones infantiles, así como recorrer de un extremo a otro este destino en el bus turístico Varadero Beach Tour, cuyo piso superior sin techo regala una sorprendente vista panorámica.

Uno de los encantos de Varadero es el Parque Retiro Josone, un complejo turístico recreativo de nueve hectáreas cubiertas por una cuidada vegetación y floridos jardines. Es el único espacio verde en Varadero, y destaca por sus valores naturales, históricos, arquitectónicos, culturales, florísticos y ornitológicos. Su oferta comprende servicios náuticos, recreativos, piscina, restaurantes, bares, venta de artesanías y facilidades para eventos, cenas y banquetes de galas. Este lugar de ensueño fue construido a inicios de los años cuarenta del siglo XX por José Fermín Iturrioz y Llaguno, propietario de la compañía Arrechavala, prestigiosa fábrica de ron y refinería, y su esposa Onelia Méndez Rubí, como residencia privada y lugar de descanso de la pareja. Josone es un acrónimo a partir de la unión de las primeras letras de José y Onelia como expresión del amor de ambos.

Muy especial resulta, asimismo, el delfinario de Varadero, situado en una laguna costera de aproximadamente 70 000 metros cúbicos, la cual preserva las condiciones naturales de su flora y fauna. Es un sitio que destaca por las facilidades para el deleite de grandes y chicos, como espectáculo y baño con delfines, parque infantil, servicio de fotografía y video, tiendas y snack bar.

Varadero cuenta, igualmente, con una extensa red de restaurantes para degustar platos cubanos, chinos, mediterráneos e italianos, entre otros muchos sabores. Uno de los más renombrados es Kike-Kcho, ideal para cenas de gala, almuerzos de negocios y ocasiones especiales. Para quienes gusten de la bohemia nocturna, hay variadas opciones. Mambo Club, La Rumba y la Cueva del Pirata se incluyen entre las preferidas para divertirse hasta el amanecer con la contagiosa música cubana y otros ritmos internacionales. También sobresale Tropicana Matanzas, una instalación de arquitectura genuinamente cubana. En su interior resalta el vitral del artista de la plástica Ernesto García Peña y que por sus dimensiones es considerado el más grande de América. Versión del famoso centro nocturno habanero, este cabaré se erige a la vera del río Canímar, el mayor de los que desembocan en la bahía de Matanzas y el cual discurre por las inmediaciones de esa ciudad. Un paseo en bote por las aguas de este río, a 27 kilómetros de Varadero, regala la oportunidad de gozar de un singular paisaje formado por montañas y una exuberante vegetación.

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