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A cincuenta años: Paradiso, una novela excepcional

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En este 2016, los cubanos han celebrado el cincuenta aniversario de la publicación de Paradiso, obra cumbre del escritor José Lezama Lima, quien murió hace precisamente ahora cuarenta años.

Considerada entre las novelas más sobresalientes del llamado “boom latinoamericano”, Paradiso es la primera y única novela de este autor. Su publicación en 1966 fue una conmoción tanto para aquellos que vislumbraron su trascendencia como por los que la rechazaron, según ellos, por hermética y hasta inmoral.

El extenso volumen se considera autobiográfico y relata la infancia y juventud del personaje José Cemí, alter ego de Lezama, en lo que muchos consideran una novela de aprendizaje. Eso sí: diferente de todas a las que se han escrito a lo largo de los siglos XX y XXI en Cuba.

Lezama Lima está considerado hoy como uno de los escritores más sobresalientes de las letras hispanoamericanas y por ello no es una sorpresa que veinticinco estudiosos de diez países y veinte cubanos se hayan dado cita en La Habana este noviembre para participar del coloquio “Pensamientos en La Habana”, dedicado a dimensionar la obra del autor de una valiosa obra poética y excelsos ensayos.

Muchos ven en Paradiso, más que una novela, un tratado poético, una suma de todo el quehacer lezamiano con su asombrosa erudición y su magistral dominio de la lengua, muchas veces enmascarado en  abundantes oxímoros y metáforas y una desconcertante puntuación que lleva el ritmo de la respiración asmática de su autor.

En el libro Así hablaba Lezama Lima, del periodista cubano Ciro Bianchi Ross, se recoge una de las más completas entrevistas al autor de Paradiso que, según el entrevistador, fue una obra que divide en dos la vida de Lezama.

“Si hasta entonces transcurrió alejada del gran público —afirma Bianchi—, protegida por las paredes de su casa y resguardada tras los empleos que desempeñó para vivir, la publicación del libro hace que su vida íntima se convierta en noticia y sean tema de comentario su relación con la madre, el asma (…) y los tabacos que acostumbraba a fumarse, con los que, según afirma, homenajea a todo el Olimpo de los aborígenes de la Isla”.

En dicha entrevista, o más bien conversación, Lezama confiesa al periodista que entre sus primeras lecturas estuvieron las de Emilio Salgari y Alejandro Dumas.

Y añade: “A los ocho años mi madre me regaló el Quijote. Yo lo leía con dificultad. Mi juventud parece estar representada por ese libro prodigioso porque forma parte de lo que me ha hecho insistir, de lo que me ha hecho volver, de lo que he sintetizado en aquella sentencia: solo lo difícil es estimulante”.

Y es difícil acceder a la lectura de Paradiso. Largo poema con características en ocasiones de ensayo, el libro no respeta las reglas narrativas ni la puntuación convencional, sin embargo, una vez familiarizados con el sistema y la poética de este hombre inclasificable que es Lezama Lima podemos deducir que se trata de un resumen de toda la vida cultural e intelectual de Cuba desde el fin de las guerras de independencia hasta la llamada República neocolonial.

Fue quizás el argentino Julio Cortázar el que lanzó a Paradiso a los primeros planos del interés internacional.

Él, junto al mexicano Carlos Monsiváis, revisó y corrigió la novela cubana para Ediciones Era, en 1968, calificando a la obra de “algo que preexiste a toda lectura con fines y modos literarios”.

Para muchos, Paradiso es también una novela de aprendizaje en la que el joven José Cemí, guiado por su maestro Oppiano Licario, descubre el mundo de una manera especial, con una carga simbólica que llega hasta el ámbito de la sexualidad.

Interrogado sobre si es Paradiso una novela autobiográfica, Lezama Lima respondió a Ciro Bianchi Ross: “hasta el punto en que toda novela es autobiográfica”.

“Yo no soy un novelista profesional, pero creo que es totalmente imposible dejar fuera de una novela la vida vivida, seres conocidos, recuerdos, odios, rencores, pesadillas”, afirmó Lezama.

Asimismo declaraba que siempre supo que algún día tendría que escribir la historia de su familia, aquellas conversaciones de su madre y su abuela con sus tíos sobre la vida en la emigración revolucionaria durante la Guerra de Independencia, los encuentros con José Martí y las Nochebuenas pasadas lejos de Cuba.

“Yo tenía que escribir también sobre la Universidad, la lucha estudiantil contra Machado, mis amigos, mis conversaciones, mis lecturas, mis esperas y silencios”, añadió.

Con esas confesiones, uno de los autores más reverenciados universalmente del patrimonio cubano, nos confirma que, a su manera, hermética y difícil, y de una manera genial, Paradiso es un libro esencialmente cubano y muy vinculado, de manera singular, a la realidad.

 

Es por eso que ahora que cumple cincuenta años de publicada los estudiosos cubanos y de todo el mundo, vuelven a La Habana para hacer nuevas y sorprendentes lecturas de una obra que ha sido calificada por la crítica como inagotable.

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