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Al que quiere Verano… se le dan tres tazas

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Cuba es un eterno verano siempre, reza un dicho popular, pero en las vacaciones casi masivas de julio y agosto esa época del año se celebra en la Isla con mayúsculas, a pesar de las temperaturas rayando o superando los 35 grados Celsius, la humedad cercana al 90 por ciento en forma de vapor y el sol impiadoso, pero insustituible del Caribe insular.

Vacaciones de los chicos escolares, de los adolescentes secundarios, universitarios, de muchas familias. Vacaciones de las crecientes oleadas de turistas foráneos, atraídos por las playas, la naturaleza o el turismo histórico; también por la hospitalidad, cultura y alegría de los habitantes del archipiélago.

El caso es que, sin ser socióloga, diría que los cubanos están haciendo una suerte de fetiche con el Verano desde hace algún tiempo. Algo para escribirlo en mayúsculas, como ya hice.

Apenas finaliza junio se dan a conocer por los medios y otros espacios comunitarios los programas vacacionales que no dejan de concebirse a pesar de los rigores de la economía bloqueada, todavía en fase de despegue.

Comienzan las fiestas desde la Punta de Maisí (extremo oriental) hasta el Cabo de San Antonio (confín del Occidente) —de punta a cabo se dice sencillamente y todo el mundo entiende.

Ya pasaron las Romerías de Mayo de Holguín, pero cada mes de julio se celebra en Santiago de Cuba la convocante Fiesta del Fuego.

El pueblo de esa ciudad, con fama de ser la crema y nata de la cultura caribeña en Cuba, acoge a invitados de diversos países de la región y de otros sitios de Cuba en un jolgorio representativo del mosaico cultural variopinto de esa zona.

La de este año fue la edición 37, ininterrumpida, del Festival del Caribe, como se le llama oficialmente, en honor a la verdad. Sin embargo, el nombre de Fiesta del Fuego, que alude a una parte de ese festejo, ha ido generalizándose para calificar de manera popular a toda esa etapa.

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Bailes típicos de Bonaire como el Simidan y el Bari, han sido disfrutados con beneplácito por todos los participantes, además de los talleres habituales de artes plásticas, narrativa, música, poesía e investigaciones en torno a temáticas de la historia y la cultura de los países del área.

Con esto no se acaba la “bulla” o algarabía por el Verano entre los cubanos. Digamos que ese es el comienzo. Le siguen en fama y masividad los carnavales que cada año se celebran en diversas ciudades y municipios del país, unas fiestas muy gustadas con variada oferta de gastronomía y bebidas autóctonas, bailables en plazas y tarimas, desfiles de comparsas que marcan el ritmo de la inigualable conga cubana, desfiles de carrozas, competencias deportivas que incluyen rodeo o regatas marítimas, según el lugar del festejo.

A pesar de las conocidas limitaciones del transporte público nacional, la movilidad del cubano aumenta de manera notoria en esta época, cada persona o familia buscando el lugar más placentero para el merecido disfrute. Los primos o tíos de La Habana viajan al Oriente, al centro o al Occidente. Y viceversa. Qué ir y venir endemoniado y divertido a la vez.

Cada año ganan más adeptos las bases destinadas al ejercicio del llamado Campismo Popular, una modalidad que incluye instalaciones modestas, pero confortables en paradisíacas zonas rurales donde abundan ríos, lagos, montañas o saltos de agua, pero también en litorales refulgentes de mar azul y arenas doradas.

Ya en la Isla no puede faltar la Fiesta o celebración mayor de apertura del Verano, que se extiende por todo el país y es obligada la festividad también casi siempre multitudinaria con que se despide.

Salvando las distancias, por su contenido y por la natural diferencia de culturas, viene a representar una etapa equivalente a la celebración de la Semana Santa en Sevilla, por su enorme poder de convocatoria y por la disposición natural del pueblo a tomar parte en ella con todo su corazón y sus sentidos.

En medio de una promoción de sus actividades que incluyen también festivales de cine, actividades literarias, exposiciones de artes plásticas, conciertos de música popular, sinfónica y coral, no cesan los llamados de las autoridades sanitarias a extremar la higiene en el expendio y consumo de alimentos en los comercios callejeros que pululan por doquier. También, a no exponerse irracionalmente a los rayos del sol, recordando los daños del exceso del astro Rey a la salud.

Además, se trabaja más en la prevención de los accidentes de tránsito en lo tocante a los controles de las autoridades encargadas de ello. Los llamados a la conciencia ciudadana sobre el tema llegan con más frecuencia a la familia cubana. Es bueno que todos puedan repetir siempre los veranos todos los años.

 

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