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Benito Viñes, el sacerdote que supo prevenir tempestades

MUSEO OBSERVATORIO

El Colegio de Belén de la Compañía de Jesús, fundado en la ciudad de La Habana en 1854, creó y sostuvo durante varias décadas en su monumental edificio de las calles Acosta entre Compostela y Picota, un singular observatorio de meteorología cuyo aporte al desarrollo de esta ciencia en la Isla y fuera de ella, resultó extraordinario.

Inaugurado en el año 1857, el Observatorio del Real Colegio de Belén se nutrió de la vasta experiencia que la orden religiosa había alcanzado al mantener en funciones varias instituciones meteorológicas, una de ellas en el Vaticano, dos en Reino Unido, y otra más en Bélgica.

En sus inicios el Observatorio habanero se desempeñó como una institución de corte docente, muy ligada a las explicaciones y objetivos de asignaturas como la física o las matemáticas. Allí los pupilos que recibían sus clases se ejercitaban en la práctica llevando los récords de temperatura, los de la lluvia que caía, la presión atmosférica, o la dirección e intensidad de los vientos.

Esta información rigurosamente compilada con el auxilio de los profesores quedó registrada en tablas y gráficos, que fueron, sin lugar a dudas, el punto de partida del legado científico del padre Benito Viñes Martorell, un sacerdote interesado en el estado y pronósticos del tiempo, el clima y el medio atmosférico.

Enviado a Cuba por la Compañía de Jesús en 1870, el padre Viñes —era de origen catalán y había nacido en Pobeda, Tarragona el 19 de septiembre de 1837— llegó a La Habana con conocimientos adquiridos en España y Francia. Su cometido era dirigir el Observatorio de Meteorología que su orden había fundado en una región del mundo proclive a los cambios del tiempo atmosférico y en una zona azotada por frecuentes temporales.

La resolución de conducir el Observatorio resultaba todo un desafío para el sacerdote jesuita, pero él aceptó el reto de entender el clima de la isla caribeña y explicarlo.

Pronosticar el tiempo y vincularlo con otros eventos relacionados con la agricultura y la salud, se convirtió en su cotidiana labor. Se nutrió de todo el saber hasta esos momentos acumulado por quienes le habían precedido en su trabajo. Discernir, decantar, comprobar y sistematizar información fueron acciones que le posibilitaron arribar a regularidades que resultaron, por su inteligencia, constancia y método, en las clásicas leyes que formuló sobre la naturaleza de los huracanes y su circulación, tan útiles para Cuba y el Caribe como para otras regiones del orbe afectadas por estos singulares y devastadores fenómenos.

Las leyes de Viñes fueron durante mucho tiempo el vademécum de navegantes y entendidos en los estudios del estado del tiempo y del medio atmosférico.

En 1873 gestionó, para su institución, la adquisición de un instrumento mecánico de novedosa tecnología del que existían muy pocos en el mundo, el Meteorógrafo de Secchi, capaz de registrar simultáneamente y de continuo las variables de temperatura, presión atmosférica, velocidad y dirección del viento y la caída de lluvia.

Este moderno instrumento operado por el sacerdote, para entonces reconocido como uno de los meteorólogos más brillante de su tiempo, equiparó el Observatorio de La Habana con otros similares de altísimo nivel y competencia científica a escala planetaria.

Fue el padre Viñes quien redactó el 11 de septiembre de 1875 el primer aviso de ciclón tropical que se divulgó en la prensa habanera, así como también fue quien tuvo la primicia del pronóstico de trayectoria para un organismo ciclónico.

Armonizó la tarea de observación sinóptica con la dirección del Observatorio, y tuvo la previsión de compilar los resultados de su trabajo en una publicación que tituló Anuario del Observatorio Físico Meteorológico del Colegio de Belén, que fue muy apreciada internacionalmente.

A través de él, toda una autoridad científica, se hizo posible el vínculo del Observatorio del Colegio de Belén con la Comisión Polar Internacional que comenzó sus labores a partir de 1882; y en 1886, apelando al recurso tecnológico de las conexiones telegráficas, estructuró un sistema para la recepción de información climatológica y las predicciones que involucraban estaciones en red ubicadas en el área de las Antillas, en la costa del Golfo de México y en las Bahamas.

 

Benito Viñes, el sacerdote que supo prevenir tempestades, falleció en la ciudad de La Habana el 23 de julio de 1893, a la edad de 56 años.En un testimonio que narra su muerte se dice que esta lo sorprendió cuando ponía el punto final a uno de sus artículos científicos. 

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