Usted está aquí
Inicio > Turismo > Castillo de San Severino: La ruta del esclavo

Castillo de San Severino: La ruta del esclavo

ruta esclavo

El Proyecto de la Uunesco La Ruta del Esclavo (1994) ha tenido en Cuba amplias resonancias. Nadie olvida que en esta Isla también floreció una economía colonial de plantación, erigida sobre el sudor y la sangre de miles de esclavos de procedencia africana.

Desde el 16 de junio 2009 la antigua fortaleza de San Severino, en la occidental provincia de Matanzas, tras una restauración y adecuación convenientes, se convirtió en el Museo de Cuba de la Ruta del Esclavo.

Sus paredes y otros muros de tres siglos aún tienen huellas indelebles del dolor de muchos de los esclavos que erigieron el enclave defensivo. Además, allí se exhiben objetos que dan fe y permiten no olvidar la memoria de los que padecieron tal infamia.

La Sala de los Orishas (deidades del panteón africano) revela a los no informados el significativo aporte espiritual dados por los hijos de África a la nación antillana, hoy parte de su acervo.

También es un homenaje a los antepasados de millones de pobladores de la nación cubana, con innegables contribuciones a la formación de nuestra cultura e idiosincrasia, hoy tan apreciadas y esenciales.

Esclavos levantaron los muros, pero además construyeron las vías de acceso y resguardo, los depósitos de agua dulce y emplazaron las pesadas baterías.

Su construcción se dio por terminada hacia 1734 y fue la sede de la Comandancia General del sistema defensivo. Sus condiciones arquitectónicas también tienen mucho mérito, pues en su época, con su singular cuadrilátero rodeado de baluartes, fue representante de una moderna y eficaz técnica defensiva de la que mucho se hablaba.

La Isla está plagada de lugares que dan constancia y recuerdo de la esclavitud, como restos de algunos ingenios o fábricas de azúcar, entre ellos la histórica La Demajagua, donde se dio el primer grito de independencia.

Fue un dolor que se repartió desde los entrepisos oscuros de las mansiones de los poderosos hasta los barracones de los campos de caña, café y otros sembradíos. Desde los cepos de castigo a los poblados o cuevas de cimarrones.

San Severino es depositario, entonces, de una enorme responsabilidad y entraña un simbolismo también mayúsculo. Con el devenir, su rol educativo y de guardián de la memoria debe crecer.

Matanzas, la ciudad defendida en su tiempo por las baterías de San Severino, fue un poco más tarde, en el siglo XIX, una villa próspera y de refinada cultura, a la que se le conoció como la Atenas de Cuba. Tierra de poetas y de ideas avanzadas.

 

Hoy Matanzas es la capital de una provincia del mismo nombre, vecina si se quiere de la ciudad de La Habana. Con el Museo de San Severino, es guardiana de un gran legado cimentado por sus hijos.

Deja un comentario

Top
Main menu