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Crece interés en teatros cubanos

Teatros

Los teatros en Cuba significan el desarrollo cultural de la nación, su historia, cultura y tradiciones,  esa puede perfectamente ser la explicación del por qué cada año los turistas extranjeros preguntan más por esos lugares al llegar a la isla.

 

Los teatros cubanos tienen mucha magia. Se trata de edificios con historia, donde se resumen acontecimientos y épocas, de ahí que cada año aumente el interés de los visitantes extranjeros en conocerlos y disfrutar de una representación en ellos.

Es importante tener en cuenta algunos datos suministrados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en materia de cultura, pues en Cuba existen: 303 cines de 35 milímetros, 30 cines de 16 milímetros, 458 salas de video, 237 museos, 73 teatros y salas de teatro, 385 bibliotecas, 358 librerías, 327 casas de cultura, 19 casas de la trova, 120 galerías de arte, y dos circos, y dos mil 817 espectadores acuden al teatro por año aproximadamente.

Se trata de una amplia red cultural que abarca todo el archipiélago y constituye un atractivo particular para quienes llegan a Cuba como parte de viajes con fines didácticos y para aprender.

Como los más conocidos se pueden mencionar el Teatro Martí de La Habana, el Gran Teatro recientemente bautizado como Alicia Alonso, el Karl Marx, también de la capital, como el América, el Heredia de la oriental ciudad de Santiago de Cuba, el Milanés de la occidental Pinar del Río, el Teatro Nacional (La Habana), el Principal de Camagüey, y el Terry de Cienfuegos.

El Teatro Martí, renovado y devuelto desde una historia pasada de La Habana, constituye hoy todo un símbolo, tanto para la cultura como para el turismo de la ciudad capital.

En su momento conocido como Teatro Irijoa, el Martí ahora es todo lujo en sus detalles más mínimos de la reconstrucción, una verdadera belleza que se difumina por sus salones, pasillos y escenario, el brillo de una época donde las actuaciones del estilo bufo se enseñorearon.

Su céntrica ubicación le granjeó en su momento, junto a la calidad de las presentaciones, el éxito que coronó un momento histórico de la cultura cubana. Ahora, ese escenario vuelve al panorama cubano, arropado además por un diseño modernizado y la tecnología.

Abierto el 8 de junio de 1884, su presencia exterior exhibe un bloque rectangular tocado por una cornisa corrida a su alrededor y un pretil rematado por copas.

Es una belleza de edificio, tanto en su fachada como en el interior, donde el detalle otorga una particularidad muy especial a esta casa del arte.

Una arquitectura equilibrada con ventanales muy apropiados para el lugar, la cubierta de dos aguas resalta en esa estructura, junto a un frontón con una luceta semicircular en su centro.

Pero el interior es la clave, por los elementos de una recuperación inteligente que muestra los deseos de sus constructores por hacer las cosas bien y dotar a La Habana de uno de sus sitios más emblemáticos.

Las columnas de hierro fundido, los pisos de mármol, alfombras, cortinas, espejos, lunetas de hierro y detalles como relojes de época complementan una imagen sumamente atractiva para un teatro que fue célebre y ahora retorna para el disfrute de los lugareños y visitantes.

Ventilación y acústica complementan sus datos, con la inspiración de la moderna tecnología, para permitir una agradable estancia en el lugar. Los arquitectos colocaron el piso de la platea al nivel del vestíbulo, y el escenario para la realización de bailes y otras presentaciones de este tipo.

Camerinos, vestuario, utilería, un restaurante, un café al aire libre y un jardín, esculturas, fuentes, mobiliario, todo parece tocado con la barita mágica de la belleza, como si fuera obra de dioses.

Restaurado bajo los designios de la Oficina del Historiador de La Habana, estamos en presencia de un inmueble histórico, con valores de relieve tanto desde el punto de vista arquitectónico como cultural, un sitio que muchos turistas desean ver, tan siquiera una vez, incluso al margen de las presentaciones.

Una obra monumental en la que además colaboraron diversas instituciones habaneras, todas con el mismo aliento de recuperar el Martí.

Con 720 butacas y dibujos muy interesantes en sus espacios y techo, este es un lugar para visitar, para participar en alguna de sus muestras culturales, un sitio para recordar.

La arquitecta Marilyn Mederos Pérez, proyectista general de las obras de restauración, mostró a la prensa su satisfacción por el acabado del edificio.

Esta experta, empleada de la Dirección General de Proyectos y Urbanismo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH), destacó que tanto los equipos de proyectos, los constructores y todas las instituciones que laboraron en el Martí trabajaron de forma muy concertada durante mucho tiempo y lo hicieron con responsabilidad.

El Teatro Martí, por tanto, es una obra patrimonial con un grado de protección número uno, aclara la arquitecta.

Añadió que se hicieron nuevos los entrepisos y escaleras de madera, las columnas de hierro fundido con capiteles y elementos ornamentales ubicados en la sala, mientras que para rescatar la carpintería francesa tuvieron que recurrir a fotos históricas.

Las complicaciones en esa recuperación incluso llevaron a realizar una doble fachada para evitar la interferencia de ruidos.

Entre los más complicados trabajos, figura el desmontaje y copiado del falso techo de la sala, para después volverlo a colocar, además de elementos difíciles de carpintería en el lunetario.

Toda esa tarea se puede respirar en sus salones desde que se penetra en el recinto, y tal mecanismo y ejército de entendidos en restauración dieron origen a la reapertura del local.

Ubicado en la calle Zulueta, frente al Hotel Raquel, y en la proximidad de uno de los entornos más populosos de La Habana, el Martí constituye un verdadero toque de distinción en el panorama capitalino.

La responsable de promoción del teatro, Isachi Durruthy, lo muestra con orgullo a algunos visitantes, sobre todo muchos europeos, interesados en la cultura cubana y en el empuje de las obras de recuperación de elementos culturales del país.

Con el nombre del Héroe Nacional cubano José Martí, este teatro tiene mucho de la tradición patriótica de la Isla y su decursar.

Reabrió sus puertas el 24 de febrero de 2014, a 119 años del inicio del movimiento emancipador cubano, dirigido por el propio Martí, y a su vuelta en funciones acudió incluso el presidente cubano, Raúl Castro, y el historiador de La Habana Eusebio Leal, entre otras personalidades.

Con estilo neoclásico abrió sus puertas en 1884 debido al esfuerzo del inmigrante español Ricardo Irijoa, de ahí su nombre inicial, cuando la esclavitud aún permanecía en Cuba y por ello una novedad estuvo en que admitieron entre sus empleados a mestizos y negros.

El teatro resultó escenario para homenajear a los miembros del Ejército Libertador el 24 de febrero de 1899 y poco después sesionó allí la Asamblea Constituyente.

En ese proscenio se escucharon las palabras de figuras de la historia cubana como Salvador Cisneros Betancourt o Juan Gualberto Gómez, opuestos a la intervención de Estados Unidos. Y como colofón, en ese lugar se celebró en 1891, por primera vez en Cuba, el Día Internacional de los Trabajadores.

 

Pero su signo más distinguido, fue —y es— ser la comandancia del teatro vernáculo y bufo, la zarzuela y la opera, morada de la cultura, de las tradiciones insulares y de sus mejores momentos.

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