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Danzar… a costa de empeño

acosta danza

Más de tres lustros en el Royal Ballet de Londres, numerosas temporadas con las compañías más famosas de estos tiempos y otros tantos importantes premios y reconocimientos —dentro y fuera de Cuba— le valieron a Carlos Acosta un bien ganado espacio entre las primeras figuras de la danza internacional.

A sus 42 años de vida y aún en plenitud de condiciones físicas, el célebre bailarín y coreógrafo decidió retirarse del ballet clásico y formar su propia compañía con una línea moderna que sintetiza estilos y pretende revolucionar el discurso escénico de esa manifestación en la Isla caribeña.

El surgimiento de Acosta Danza generó expectativas y opiniones diversas. Desde hacía tiempo, el artista soñaba con retornar a su país y fundar un proyecto con talento cubano. A finales de 2015 se hizo una convocatoria a la que concurrieron cientos de jóvenes y se escogieron a los idóneos para concretar el concepto y reiterar un criterio del creador: la danza contemporánea también asimila la zapatilla en punta.

“Tengo bailarines de diferentes formaciones, muchachos de probada calidad artística en pleno desarrollo; el deseo es lograr un estilo parejo entre ellos. En pocos meses montamos dos programas de ballet completamente diferentes (clásico y moderno), con coreografías llenas de complejidades”, expresó Acosta.

Como resultado, 25 bailarines protagonizaron en abril el debut en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, ante la mirada de conocedores y neófitos interesados en descubrir la buena nueva.

“Inicialmente eran 12 pero luego pensé que mi Carmen podía ser una pieza clave en el repertorio y tuve que ampliar la nómina; se trata de una puesta en la que tengo el derecho de la producción —que es muy costosa— y quise que el público cubano apreciara la visión con la que me acerqué a ese clásico. Las audiciones se promovieron de boca en boca, no se les dio gran publicidad en los medios y, como es lógico, acudieron bailarines de las compañías existentes. Cuba es el país del arte, de la danza. El país cuenta con un sistema de enseñanza artística que forma constantemente a bailarines formidables, de clase mundial; son muchos los motivos para alegrarnos”, subrayó.

Para sus allegados, Acosta desea que sus bailarines sean capaces de interpretar todo aquello que los coreógrafos de excelencia se planteen en sus piezas. Dicho en otras palabras, tener la compañía ideal para un coreógrafo por el ofrecimiento de opciones.

“Cierto es que podía haber creado una compañía en otro lugar, con otras condiciones, pero mi intención es contribuir con la cultura de mi país, crear un colectivo en el que prime el concepto de cubanía; si iba a desarrollar un sueño como ese, ¿en qué mejor lugar que en el mío? Mi corazón está en Cuba, no es una frase vacía. Estoy agradecido de muchas personas que me ayudaron en mi carrera profesional y en mi vida personal; Acosta Danza es una de las formas que he encontrado para retribuir toda esa ayuda, y también es una oportunidad de regalarle algo hermoso a los cubanos”, precisó.

Acosta Danza es una realidad tangible. La temporada de premier fue todo un suceso y no pocos lamentaron el hecho de no alcanzar entradas para el emblemático coliseo habanero. Los bailarines estuvieron a la altura del acontecimiento; algunas coreografías gustaron más que otras pero en sentido general valió la pena el arduo trabajo que supuso la creación de un proyecto que comienza a hacer historia y, de seguro, se impondrá entre los referentes cercanos a los nuevos modos de concepción y estética dancísticos.

“Se abre una nueva etapa en mi carrera. Eso de no bailar más es demasiado absoluto. Como en todas las profesiones, hay épocas diferentes y se van desarrollando de acuerdo con las aspiraciones y necesidades de cada etapa. Se sabe que la carrera de un bailarín clásico es muy corta por el desgaste físico que implica; puede que a partir de ahora, el público me vea menos haciendo los grandes personajes del ballet clásico, pero seguiré bailando otros lenguajes coreográficos porque el mundo de la danza es enorme y diverso.

 

“Confío en el presente y pienso que el mañana será aún más divino; pretendo que los espectáculos de Acosta Danza siempre estén acompañados de música en vivo, interpretada por una gran orquesta, con coreografías novedosas, escoltadas por producciones como las del Royal Ballet. En cuanto a los muchachos, poseen un potencial enorme que se irá manifestando poco a poco, ¡habrá que verlos de aquí a tres años, si siguen trabajando de esa manera! Detrás de la compañía estará mi filosofía de vida y claro, se beneficiará de los contactos que he logrado cultivar a lo largo de mi carrera, pero ello también contribuirá a tender ese puente que una más fuerte a Cuba con el mundo, a que Cuba se convierta en un país aún más transnacional, más cosmopolita, y que siga siendo una potencia del arte, es en eso en lo que quiero se concentre la gente, y quisiera también que Cuba se pueda sentir orgullosa de Acosta Danza, que todos nos podamos sentir orgullosos, pero no somos magos. Para alcanzar un nivel elevado y conformar un repertorio exigente requeriremos de tiempo, trabajo y mucha constancia; es el único modo de lograrlo”, concluyó.

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