Usted está aquí
Inicio > Sociedad > Diferentes… aunque iguales

Diferentes… aunque iguales

iguales-y-diferentes

De las nacionalidades se han ocupado mucho las ciencias sociales y antropológicas. Desde la Psicología, la doctora Carolina de la Torre, reconocida especialista cubana, afirma que “vivimos en un mundo impregnado de permanentes procesos de identidad, aunque no sean siempre reconocibles, obvios o evidentes.

Desde los fenómenos más simples hasta los más dramáticos problemas internacionales, la identidad es una de las más sobresalientes expresiones de nuestra cultura”.

Los cubanos sorprenden al mundo por su amor a la vida, alegría, pasión y afecto. Son gente de expresividad desmesurada y exagerados en todas sus manifestaciones. Para algunos resultan petulantes y autosuficientes, impacientes por hacer gala de sus virtudes.

Contra todo pronóstico, esa ostentación es pura realidad, pero va acompañada de una conducta humilde, altruista y desenfadada. Los cubanos se entregan sin esperar nada a cambio más allá de un merecido reconocimiento.

Ello quizá tiene que ver con la satisfacción y el placer que le causa al cubano sentirse bien consigo mismo y con su identidad, con sus buenos valores, lo grato del deber cumplido y la simplista explicación de que “así somos”.

Constituimos un grupo humano con un instinto gregario muy desarrollado, y eso nos da la posibilidad de estar siempre al tanto de los demás, lo que a veces raya en franca inconveniencia, pero tiene, sin embargo, una innegable ventaja: un cubano difícilmente soslaye las necesidades y problemas de quienes le rodean, pues en la Isla la sensibilidad ha pasado cursos de nivel superior. Como Homo Sun, los cubanos repiten a cada instante: “Nada humano me es ajeno”.

Es imposible para los cubanos desvincularse de la música, que marca su nacimiento, niñez, adolescencia, amores y desengaños. Para los naturales de la mayor ínsula del Caribe es inconcebible vivir sin música, sea cubana, foránea, clásica, popular, folclórica o religiosa.

De ahí su pasión por el baile, que tanto llamó la atención de los visitantes extranjeros en tiempos de la colonia. Para los cubanos vivir es movimiento, ritmo, armonía, cadencia, voluptuosidad… donde la síncopa y el cuerpo se funden en una única actitud ante la vida.

Miles son los hechos con los que el cubano avala la diferenciación de su identidad, estructurada y construida a lo largo de años de fusiones de distintas culturas, razas y costumbres de las más disímiles partes del mundo. Puede haber muchas explicaciones socio-psicológicas e históricas para definir la idiosincrasia de los cubanos, pero hay algo incuestionable: para ellos lo más importante es recrearse en la delicia de ser y disfrutar la cubanía.

¿Perfectos? ¡Qué importa! A fin de cuentas, lo que prevalece siempre son sus atributos positivos: la perseverancia, el tesón, la creatividad, la inventiva, su contagiosa alegría de vivir y el incomprensible disfrute de entregarse a aquello en lo que creen, no importa lo que sea.

¿De qué madera están hechos estos seres utópicos, que en los peores momentos encuentran motivos para reírse y hasta para hacer bromas con sus problemas, sin importar cuán graves sean?

¿Irresponsables…? Irreverentes sí, iconoclastas y ajenos a toda rigidez.

Ante cualquier situación que lo demande, los cubanos suelen mostrarse muy capaces, y pueden derrochar la más exquisita elegancia y refinamiento aun cuando, con auténtico y sano orgullo, se hayan atiborrado del dulce y pegajoso saoco, esa mezcla sabrosa de aguardiente de caña con agua de coco, típica de la Antilla Mayor.

La tropicalidad y la policromía caribeña resaltan en sus expresiones, gestualidad e inimitable sensualidad, pero son ingeniosos, laboriosos, inteligentes y creativos cuando de trabajo se trata.

Tal vez se hayan escrito miles de cuartillas sobre el sentido de la amistad de los cubanos, quienes responden a las emociones y a lo que dicta su corazón, más que a las conveniencias y a lo prudentemente oportuno. Los cubanos se lanzan y dan la vida por un amigo. Para ellos la amistad es un compromiso ineludible que asumen con la mayor naturalidad, sin importar que “los socios” se conozcan de toda la vida o de muy poco tiempo.

Si pasamos revista desde su cocina hasta su arte, desde su individualidad hasta sus hábitos de socialización, apreciaremos rasgos comunes que unen a los cubanos entre sí y los diferencian del resto del planeta. Ya sean la alegría, la bondad, la solidaridad, la expresividad, el afecto o el amor que entregan e irradian.

Y qué decir de su manera de hablar, que acompañan invariablemente de los más sorprendentes gestos, hipérboles, grandilocuencia y espontaneidad, sin guardar secretos.

Orgullo con dignidad y gentileza, respeto con admiración, y, sobre todo, confianza en sí mismos. Los cubanos siempre apuestan por ellos mismos, y su existencia es una constante puja por no defraudar y superar siempre las expectativas.

Los cubanos son sencillos, solidarios y altruistas. Deliciosamente agradables, resaltan con el encanto de quien aprecia y valora el disfrute de la vida, y tiene la convicción absoluta de que la Tierra es un hermoso lugar para ser habitado.

Isla de muchos o pocos dioses, según como quiera mostrarse, los cubanos no son rezadores, pero siempre buscan amparo en sus deidades para que los protejan de lo desconocido y lo amenazador, y los auxilien en la hora del apuro.

Se encomiendan a fuerzas divinas ante el susto, pero pocas veces se detienen o desisten de continuar en su intento.

Quienes no los conocen o los conocen mal, pueden, ocasionalmente, tildarlos de pretenciosos o hasta de autosuficientes, pues los cubanos todo lo saben y, si no, se lo imaginan. Envueltos en su mágica vivacidad, se consideran llamados a arreglar el mundo, el sistema solar y el universo en pleno, ellos solo necesitan que los dejen “inventar” sus soluciones, las cuales, por absurdas que se les antojen a otros, de repente ¡funcionan!

Amantes de la diversión a ultranza, los cubanos gustan del juego y la jarana, pero tienen un costado intransigente: la fórmula de negociación ganar–ganar no está hecha para ellos. Les agrada mucho más ganar–perder, siempre que ellos no sean los perdedores, ni aunque la contienda verse en torno al humildísimo y archipopular juego de las postalitas.

Como se dice en la Isla del modo algo soez característico del cubano de a pie: “¡Compadre, no se puede perder ni a las ‘escupías!’”

Las necesidades y carencias han sido para los cubanos una eficiente escuela en el arte de generar ingenio y creatividad, lo que ha hecho de ellos un pueblo muy fecundo en encontrar alternativas y soluciones, de lo cual se enorgullecen; y hasta en las peores circunstancias ello les permite disfrutar de lo que consideran el tesoro mayor: su familia y sus amigos.

Si los describiéramos con colores, los cubanos serían pura policromía caribeña; si con olores, fragancia suave como la mariposa, la flor nacional de Cuba, que envuelve y acaricia; y si con sabor, este sería el abundoso y muy dulce del mango y la piña.

 

Como dijo Martí, para los cubanos “la única gloria cierta es la del alma que se sabe contenta de sí”.

Deja un comentario

Top
Main menu