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El Capitolio de La Habana: un monumento que vuelve a sus orígenes

Capitolio

Considerado el más grande símbolo de La Habana y una de las más colosales edificaciones de Cuba, el Capitolio Nacional está siendo objeto de una monumental reparación para que se convierta en sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento).

De gran riqueza arquitectónica, construido con refinados materiales traídos de Europa, por sus líneas puras y bellas proporciones, la restauración de este monumento está a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana al frente de la cual está el doctor Eusebio Leal Spengler.

Es ya una tradición en Cuba que los visitantes provenientes de otras provincias del país, e incluso los turistas extranjeros, tomen una foto casi siempre proveniente de viejas cámaras de trípode frente al majestuoso edificio, cuyo proyecto de construcción sufrió diferentes modificaciones en el transcurso de los años.

El Estado cubano adquirió estos terrenos a principios del siglo pasado, que pertenecían a la antigua estación de Villanueva y que durante la presidencia de José Miguel Gómez parecían destinados a la construcción de un palacio presidencial.

Pero no fue hasta mayo de 1929 que se concretó la inauguración del Capitolio, realizado bajo la dirección del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra y en el que artistas renombrados de todo el mundo dejaron sus huellas.

Los más lujosos mármoles y bronces colmaron sus espacios, que pueden ser descubiertos después de atravesar el pórtico central precedido de una ancha escalinata de granito de 55 escalones, 36 metros de ancho y 16 de alto.

A ambos lados del fin de la escalera aparecen dos impresionantes grupos escultóricos de bronce, con pedestal de granito, obra del italiano Angelo Zanelli. Las esculturas, una masculina y otra femenina, representan el progreso de la actividad humana y la virtud tutelar del pueblo, respectivamente.

Pero es, sobre todo, la cúpula, el tesoro más preciado del Capitolio situado en el Paseo del Prado, cuya elegancia hace reconocer al edificio desde diversos puntos de La Habana gracias a su altura de 91,73 metros.

Es precisamente la cúpula la que se encontraba en peores condiciones. Según testimonio de los especialistas que se ocupan de la restauración fue necesario demoler una parte, pero la pretensión es terminarla en este 2017 y que el centellador ilumine de nuevo.

“Fue el primero de su época y regresará con todo su esplendor”, asegura la ingeniera Mariela Mulet Hernández, jefa del grupo de Inversiones Prado, de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Bajo esta cúpula se halla el famoso brillante de 25 kilates, ubicado directamente bajo la aguja central y que fija el punto de partida de todo el sistema de carreteras del país.

En los años cuarenta, aunque estaba en una urna hermética, fue robado una noche y apareció al otro día en la mesa del Presidente de la República, lo que causó gran conmoción e indignación en la época.

Es también en el nicho de la cúpula donde se encuentra la Estatua de la República con un peso de 30 toneladas y una altura de 14,60 metros. Es la figura de una mujer joven, de pie, vestida con una túnica y portando casco y escudo.

Fue esculpida por Angelo Zanelli y es, por su tamaño, la tercera bajo techo del mundo superada solo por el Buda de Oro de Nava, en Japón, y la de Abraham Lincoln en Washington, Estados Unidos.

Se espera que cuando La Habana celebre su aniversario 500, en 2019, mostrará con orgullo un renovado Capitolio, con su ala norte y sus dos hemiciclos convertidos en la sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Aun así, desde 2016, la Asamblea llegó al Capitolio. Y aunque los períodos ordinarios de sus sesiones continuarán teniendo lugar, como hasta ahora, en el Palacio de las Convenciones, las oficinas auxiliares del órgano supremo del poder del Estado ya funcionan en el ala norte del emblemático Monumento Nacional que es esta edificación habanera.

El Capitolio está también colmado de fantasías. Según la voz popular una mujer sin cabeza y vestida con tules blancos deambula por el Salón de los Pasos Perdidos. Afirman que el espectro llegó allí atraído por el diamante y se le identifica con la reina de Francia María Antonieta.

Esplendorosos salones, elevadores con bellas puertas, escaleras con torneadas barandas y relojes, lámparas, muebles, puertas y ventanas majestuosas, contiene en sus interiores, lo que se considera un símbolo de cubanía a pesar de las muchas influencias internacionales que tuvo en su construcción.

Aunque el inmueble había tenido ya restauraciones parciales, la que ahora se acomete es la de mayor envergadura en toda su historia.

Habaneros y turistas se detienen ante la imponente mole y algunos hasta se aventuran a contemplar los interiores a los que ya tiene acceso el público.

Los cubanos confían en que esta restauración hará de esta joya arquitectónica uno de los lugares más bellos de la parte vieja de una ya muy bella capital.

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