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El controvetido Amaury Pérez Vidal

Amaury Perez Mas Cuba

Cada martes a las ocho y treinta de la noche, los televisores cubanos se iluminan con la trasmisión de un programa diferente a los habituales. Se trata de Con dos que se quieran en su segunda temporada, conducido y dirigido por el controvertido compositor, intérprete y escritor Amaury Pérez Vidal, conocido en todo el mundo de habla hispana por sus líricas e inolvidables canciones.

Sin embargo, Amaury ha tenido que sortear a lo largo de toda su vida a muchos detractores porque no es un simple epígono, sino un innovador en todo lo que se propone y realiza a fuerza de vencer muchos obstáculos.

Quizás cueste admitir que este hombre lo haga todo bien. Y si en la década de los setenta se le reprochaba su gusto por el espectáculo en un contexto donde otros, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés se conformaban y establecieron una manera sobria y minimalista de presentaciones, acompañados únicamente por su guitarra y su voz, ahora Pérez Vidal como entrevistador de figuras relevantes de la cultura cubana, desafía también lo convencional y discute, reflexiona y se vuelve una figura protagónica frente a sus invitados en lo que algunos consideran una violación de las normas para una entrevista.

Es por eso que Más Cuba se acercó a él para formularle algunas preguntas incómodas que él tuvo a bien responder con la más absoluta modestia. En ellas no se defiende de sus detractores sino que se mantiene fiel a sí mismo. Y he aquí una de las virtudes que lo distinguen entre tantas otras que no enumero para no hacer de los halagos una simple fórmula de presentación.

Más Cuba reproduce entonces las preguntas y las respuestas que, con carácter exclusivo, nos concedió el autor de la inolvidable Acuérdate de abril.

 

¿Cómo y con qué objetivos surgió la idea del programa Con dos que se quieran?

Durante muchos años, sobre todo a partir de 1990, hice entrevistas en TV (también en la radio) periódicamente, pero siempre en sustitución de los conductores/as de los espacios televisivos llamados “habituales”. Eso me llevó a proponerle a los directivos de la Televisión Cubana conformar un programa llamado Muy Personal con Amaury Pérez, que salió al aire en el verano de 1996. Fueron nueve entrevistas con personalidades del mundo del arte y la intelectualidad cubanos. Pensamos, entusiasmados por el éxito obtenido, en continuarlo y convertirlo en un programa “sin fin”, pero no fue del interés del entonces presidente del ICRT y el objetivo fue abandonado. Luego promoví otros pequeños intentos de entrevistas televisivas que también abortaron por falta de apoyo hasta que en 2010 recibimos luz verde del Ministerio de Cultura, y de su ministro de entonces, Abel Prieto, para realizar un programa de entrevistas titulado Con dos que se quieran, que constó de 60 transmisiones. Estuvimos al aire por más de un año y regresamos en marzo de este 2015 con otra temporada. Esta segunda estará emitiéndose hasta bien entrado octubre de 2016. Ahora filmamos 90 programas. Entre unos proyectos y otros debo haber realizado unas 200 entrevistas hasta hoy.

 

Eres un artista como los del Renacimiento: músico, poeta, narrador y director y conductor de programas televisivos. Sin embargo, siempre has tenido detractores. Estos, por lo general, al cabo de los años acaban por reconocer tus méritos. ¿A qué lo atribuyes?

 

Eso es algo cierto, pero a lo que no le he encontrado una explicación racional. Es probable que el hecho de que seamos una isla con pocos habitantes y por lo mismo con menos oportunidades de las que intentamos promover, lleve a algunos a tales desatinos aunque, para ser honestos, la competencia en esta faena es brutal en todas partes y no es patrimonio nuestro. Por suerte he tenido la satisfacción de que mi trabajo, en todas las áreas que mencionas, haya tenido, hacia los que ha sido dirigido, cierta connotación con el devenir. Hay quien asegura que me adelanto a mi tiempo y eso pasa factura; yo simplemente pienso que la perseverancia al final le gana la partida a la desidia.

 

¿Te consideras un “oficialista”. ¿Por qué especialmente en algunos círculos de Miami muchos te endilgan esa denominación?

Como sabemos, hay muchos Miami y nunca es bueno generalizar. El Miami de los medios me ha sido hostil con más frecuencia de la que valdría la pena. El término “oficialista” fue acuñado allá por unos cuantos seres tendenciosos para clasificar a los que, a pesar de los vaivenes de los tiempos, creemos aún en las utopías. Uno termina acostumbrándose a tal desatino mediático hasta el punto de considerarlo poco serio, ciertamente esquemático y hasta risible. Existe otro Miami, que es el que aprecio y conozco, donde recibo cariño y respeto para mí y mi familia. Es inmenso, numeroso y me quedo con ese.

 

A pesar de la amplia audiencia y su exquisita factura Con dos que se quieran no ha sido criticado ni reseñado por la prensa cubana. ¿Te incomoda ese silencio?

Nuestra prensa siempre ha provocado en mí más preguntas que respuestas. Yo realizo mi labor. La historia, si lo cree pertinente, valorará, con prensa o sin ella, de quién es la virtud y de quién la deshonra. ¡Hasta he llegado a sentir placer ante el mutismo periodístico del que hablas!

 

Entre lo mediático y la silenciosa labor del compositor y escritor, ¿qué eliges?

Necesito de ambas. He aprendido, como buen cubano, a convivir en el barullo y el recogimiento, entre la fama, siempre efímera, y la eternidad del esfuerzo, en la picota pública y el reconocimiento amoroso de mis compatriotas. Así ha sido mi vida desde que nací y no la cambio por otra. ¡No podría a estas alturas!

 

¿Cómo te definirías a ti mismo?

Como artista no me atrevería a clasificarme. No me siento cómodo ni siquiera en los umbrales de la vanidad. Esa es, o será, tarea de otros. Como ser humano me parece que hice bien mis deberes. No me arrepiento de mi comportamiento cívico, ni del ciudadano. No voy por la vida de presuntuoso, pero puedo asegurar que mis “pecados” tienen un color irrelevante.

 

¿Cuáles son los próximos proyectos del inquieto Amaury?

 

Escribo una nueva novela, publicaré un poemario, un libro de crónicas, otro de cuentos, y preparo un disco de canciones inéditas. Estoy y estaré en el ojo público televisivo durante casi dos años. Luego vendrá la hora del silencio, la meditación, la evanescencia.

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