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El genio cubano del ajedrez, José Raúl Capablanca

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José Raúl Capablanca, el gran maestro cubano del ajedrez, campeón del mundo, está considerado uno de los genios del llamado juego ciencia. Nativo, si nos atenemos a que asimiló y aprehendió los movimientos de los trebejos en el tablero de 64 casillas a la edad de cuatro años, de él dijo el checo Ricardo Reti, uno de los teóricos de la escuela ajedrecística ultramoderna y su adversario en torneos internacionales: “El ajedrez es para Capablanca una especie de idioma materno en el cual halla con facilidad la manera de dar forma a su pensamiento”.

Jugador ecuánime y posicional, él mismo definía de sencillo su sistema de juego. Desarrollaba sus movimientos con prudencia y evitando riesgos innecesarios, pues sostenía la teoría de que las acciones no se desenvolvían exitosamente por pura suerte, sino por el despliegue de una gran capacidad. Sin embargo, cuando en el transcurso de algún combate cometía una imprecisión, su juego se tornaba muy activo y trascendía en combinaciones dinámicas que terminaban en partidas de gran brillantez, magistrales, y por tal, históricas y memorables. El milenario ajedrez pasó a ser su gran pasión.

Una de las versiones más aceptadas sobre el origen del ajedrez lo ubica en la India, en el valle del Indo, alrededor del siglo VI d. C.; así como entre las leyendas más conceptuadas y difundidas prevalece la que atribuye su invención a un sabio maestro cuyo propósito fue, según se cuenta, demostrarle a su discípulo, a través de un ingenioso juego de combate donde el azar no intervenía, la gran concentración y poder de análisis que se debía desplegar para enfrentar a un ejército y derrotar a un rey.

Adoptado como singular entretenimiento que estimulaba la inteligenciay tonificaba el raciocinio, se propagó por las vías comerciales de aquellos remotos tiempos a Persia, de donde pasó al Imperio Bizantino, para desde allí extenderse a toda Asia. Los árabes asimilaron rápidamente el ajedrez, estudiaron sus reglas y escribieron varios tratados, pero fue la conquista musulmana de la península Ibérica la encargada, finalmente, de abrir la puerta que le dio al ajedrez la entrada a toda Europa.

Los autores de los documentos ajedrecísticos más difundidos durante el medioevo fueron españoles, aunque también los hubo procedentes del Asia Central. El Códice de Alfonso X, llamado El Sabio, vio la luz en Sevilla en 1283, y el registrado en Lucena, que contenía además de los movimientos de las piezas del juego más antiguo —el originalmente llamado Chatransdsh— y los del más moderno que con variantes llegó a nuestros días, data del año 1497.

Otros textos precursores del ajedrez moderno se le atribuyen al español Ruy López de Segura —quizás fue su Libro de la invención liberal y arte del juego de ajedrez, publicado en 1561 el más significativo de la época—, aunque la escuela italiana tuvo sus talentos y clásicos entre los autores Granuzio, Salvio y Greco, cuyos tratados datan de los años 1599, 1604 y 1689, respectivamente.

El juego de ajedrez llegó a la isla de Cuba con los primeros conquistadores españoles que se establecieron en las villas fundacionales. Tuvo entre criollos a grandes y hábiles aficionados. Los patriotas Carlos Manuel de Céspedes, primer presidente de la República en Armas, y José Martí, el Héroe Nacional cubano, adquirieron fama como expertos; el médico Carlos Juan Finlay, descubridor del modo de transmisión de la fiebre amarilla, con quien José Raúl Capablanca, apenas un niño, entabló partidas, sobresalió como ajedrecista de buen juicio analítico.

Resulta indiscutible el papel desempeñado por el genio cubano en el mundo de los trebejos. Capablanca, apodado por su precocidad como el Mozart del ajedrez, y por su estela de victorias como máquina ajedrecista, se coronó campeón del mundo en 1921 al derrotar al alemán Emmanuel Lasker, pero perdió su título en 1927 ante el gran maestro de origen ruso Alexander Alekhine, en un encuentro que se prolongó por tres meses.

Fue vencedor en el torneo de San Sebastián de 1911, la competencia más importante en aquellos momentos, pues asistieron todos los grandes jugadores del planeta excepto Lasker. Allí se impuso de manera sorprendente derrotando a algunos participantes que habían objetado su presencia como invitado.

La Habana, su ciudad natal, lo vio en partidas organizadas entre 1912 y 1913, su derrota ante el norteamericano Frank Marshall después de mantener una ventajosa posición, lo hizo descender al segundo lugar del certamen, pero en 1921, en esta misma plaza, al celebrarse el Campeonato Mundial, logró una marca inigualable al ganar cuatro combates, hacer tablas en 10 y mantenerse invicto ante su adversario Emmanuel Lasker, quien abandonó la competencia pactada a 24 partidas.

En1919, en Hastings, logró una primera posición al igual que en Londres en el año 1922. Compitió en Nueva York en 1927, en Budapest en 1929, y en Moscú y Nottingham en 1936, acaparando en estos certámenes los primeros lugares. Su última competencia oficial fue en el año 1939 en la Olimpiada de Ajedrez de Buenos Aires, Argentina, como primer tablero de la delegación cubana.

Falleció en la ciudad de Nueva York el 8 de marzo de 1942. En la habanera necrópolis de Colón, Monumento Nacional, su tumba, muy visitada, destaca por una ficha de ajedrez de rey blanco.

 

Cuba organiza y promueve entre ajedrecistas del orbe un torneo que lleva su nombre, el Capablanca in Memoriam, una manera de reconocer y distinguir a quien tantos honores alcanzó con los recursos del conocimiento y ejercicio del intelecto.

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