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El otro Varadero

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Conocido incluso fuera de nuestras fronteras por las fabulosas cualidades de su playa, el balneario de Varadero tiene algo más que ofrecer al turista…
Junto a la oferta de sol y playa, servicios hoteleros, programas recreativos y culturales y una gastronomía de primera, Varadero asume desde hace algunos años otra oferta, en las antípodas de lo que casi todo viajero imagina.

Se trata de la reserva ecológica Varahicacos, un remanso de verdor profundo y relajante, en medio de la luz de tanta marfileña arena fina y mar de espuma.

Con la condición de área protegida, Varahicacos abarca una superficie de 280 hectáreas, dividida en dos sectores de características similares. Uno es el nombrado sector Chapelín, de 17 hectáreas, y el Punta Hicacos, de 263. La separación espacial viene dada por algunas instalaciones hoteleras.

Varahicacos limita al norte con el estrecho de la Florida y al sur con la bahía de Cárdenas. El Centro de Servicios Ambientales de Matanzas, subordinado al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), administra la reserva, promovida desde el punto de vista turístico por algunas agencias de viajes.

La vegetación que crece en Varahicacos exhibe un grado de conservación no reportado en la franja costera que va desde La Habana hasta Matanzas. Por ejemplo, aparecen unas 200 especies botánicas, de ellas 30 endémicas nacionales y locales. Entre estas sobresalen los cactus y el aguacate cimarrón, considerado el más antiguo de Cuba. En medio de esta flora viven 13 especies de arácnidos, 12 de moluscos, cinco de mamíferos, 130 de aves y 23 de reptiles, como la iguana y la bayoya arenera, cuyas poblaciones han decrecido durante los últimos años.

Sorprenden las pictografías primitivas y dolinas cársicas de la cueva de San Ambrosio.

Un recorrido atractivo ofrece el Sendero de los Musulmanes, con gran diversidad de plantas y animales, varios puntos geográficos interesantes, como cuevas, una de ellas con un enterramiento aborigen y otra con evidencias de la actividad comercial de contrabando que allí se realizó en la etapa colonial.

Igualmente está el sendero El Patriarca, zona que muestra las huellas de antiguas salinas de siglos atrás y en la que crece un cacto gigante de más de 500 años de existencia. La playa Las Calaveras será una delicia que le traerá evocaciones de los posibles merodeos y desembarcos que por esa zona realizaron filibusteros y corsarios.

En fin, que en la más azul y paradisíaca playa cubana hay lugar para esa otredad que es el paisaje verde, y así el viajero podrá disfrutar de unas vacaciones vinculadas a la naturaleza en todas sus formas de expresión.

 

 

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