Usted está aquí
Inicio > Sociedad > Esa Arca de Noé que es el Jardín Zoológico de La Habana

Esa Arca de Noé que es el Jardín Zoológico de La Habana

zoologico 26

Reconocido por generaciones de cubanos como el zoológico de la avenida 26, por tener su principal puerta de acceso orientada hacia esa céntrica arteria que comunica varios sectores urbanos y barriadas capitalina —el Cerro, Puentes Grandes, El Vedado y Nuevo Vedado—, el Jardín Zoológico de La Habana ha rebasado ya medio siglo de desempeño profesional en el cuidado y exhibición de una fauna autóctona y exótica, y en las labores educativas y recreativas.

Su existencia se remonta al año 1938, cuando fue emitido un decreto ley que contenía la voluntad de la Secretaría de Educación de fundar una institución que tributara a la instrucción y el acervo cultural. A partir de ese momento comenzaron las gestiones para la elección del patronato que debería asumir la función rectora y asesora, y llevar a cabo la ardua tarea de reunir los fondos para emprender la construcción de la obra en los terrenos de la finca La Rosa, lugar donde existía un vivero perteneciente al Ministerio de Agricultura.

Ya en 1942 en aquel rudimentario zoológico se exhibían algunos ejemplares adquiridos en calidad de donación. Contaba con unas pocas jaulas rústicas y se había diseñado para aves acuáticas y otras especies, aprovechando muy bien el acopio de plantas del vivero y las características topográficas del lugar, un sistema de estanques artificiales que, con sus modificaciones y adecuaciones, se conservan actualmente; pero desafortunadamente, parte de esas instalaciones quedaron muy dañadascon el paso del ciclón que azotó el occidente de la Isla en 1944.

Tres años después se llevó a cabo una campaña popular reclamando atención a favor del parque. Promovida por los escolares y los maestros de las escuelas, y apoyada por la prensa y por muchas personas que reconocían la trascendencia de la institución, se obtuvo la asignación de algunos recursos, y fue así, por obra solidaria, que a finales de esa década y los primeros años de la siguiente, artistas, científicos, arquitectos, ingenieros y filántropos acudieron al llamado para hacer sus contribuciones.

En esta etapa se colocó el conjunto escultórico La Familia, de la artista Rita Longa: tres venados escalando el peñasco que desde entonces invitan a franquear el amplio portón de entrada; a semejanza de una proa de barco, simboliza el Arca de Noé y es, además de alegórico, el distintivo institucional.

El niño y el pelícano, una pieza esculpida por Jilma Madera, así como Las hermanitas y el conejo, del artista Sergio López Mesa, escultura adosada a una hermosa fuente de mármol, fueron, junto con el monumental recinto para grandes felinos, o la pajarera gigante para exhibir aves raptoras y carroñera —una estructura donde se aprovecharon las magníficas columnas de acero recuperadas del demolido polvorín de La Habana—, excelentes exponentes de los criterios artísticos y científicos que animaron la hechura del zoológico capitalino, allá por los años 40.

A mediados de 1959 el Jardín Zoológico fue sometido a una remodelación importante no solo en sus áreas recreativas, sino también en los espacios destinados a la exhibición de los animales, a su bienestar y cuidados veterinarios.

Un nuevo parque infantil, merenderos y cafeterías fueron diseñados con criterios modernos y respetando el entorno. Se construyó una vía férrea por donde se hizo transitar un trencito de miniatura que, puesto en línea, comenzó a trasladar de un extremo a otro del zoológico a los visitantes. Los primates se alojaron en exhibidores con refugios para descanso y los grandes herbívoros se acomodaron en recintos confortables y abrigados, rodeados con fosos revestidos de piedras para mayor seguridad. La moderna instalación de cuidados veterinarios contó a partir de esos momentos con laboratorios clínicos, dietéticos y de microbiología.

Hoy, el decano Jardín Zoológico de La Habana es miembro de varias asociaciones internacionales y ha alcanzado prestigio científico en las investigaciones relacionadas con la conservación y reproducción de especies endémicas y exóticas. Orgullo y ejemplo, los cóndores de los Andes que, nacidos en cautiverio en esta institución, han sido insertados en sus ecosistemas naturales; o los chimpancés provenientes de su colonia, adoptados en otros zoológicos de la Isla.

Para el disfrute de todos, el Zoológico de 26 fue, es y seguirá siendo un espacio de solaz y conocimiento; y también de leyendas de carismáticos animales, como el extravagante mono Pancho, un chimpancés “pitcher de grandes ligas”, campeón en eso de lanzar sus propios excrementos, o la elefanta Mina, con aquella manía de sorprender y mojar al público con agua expulsada de su trompa, que sabía usar como si fuera la manguera de un bombero.

 

A este zoológico entrañable acudimos de la mano de nuestros padres, y estos de la mano de nuestros abuelos, así seguirán visitándolo nuestros hijos y sus hijos, porque esa Arca de Noé que nos espera en la habanera avenida 26, siempre estará dispuesta a acogernos a todos.

Deja un comentario

Top
Main menu