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Fábrica de agua en el río Toa

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El río Toa, cuya denominación proviene de una voz aborigen que significa rana, es de todos los ríos de Cuba, el más caudaloso. Nace en la llamada Cuchillas del Toa, área considerada Reserva de la Biosfera, perteneciente al grupo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa, en el oriente de la Isla. En la parte alta de este caudal acuífero se localiza el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, verdadera joya de la naturaleza conservada, declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2001.

Faldea el Toa, por el sur, las Cuchillas que asumen su mismo nombre, y pasa al pie del Yunque —una extraordinaria elevación de forma caprichosa con paredones verticales y cima aplanada— para finalmente ir a desembocar en el litoral de la provincia de Guantánamo, al noroeste de Baracoa, esta última, reconocida como la primera villa fundada por los españoles en los inicios de la colonización. Paralelos a la costa y separados de la tierra por la corriente fluvial del Toa, se aprecian los Tibaracones, clásicos accidentes geográficos, típicos de estos parajes.

Al Toa llegan numerosos afluentes, y su cuenca, llamada con absoluta precisión fábrica de agua, abarca varios municipios, entre ellos los de Yateras, San Antonio del Sur y el de Baracoa; es sin lugar a dudas, la de mayor alimentación pluvial del territorio y donde se preservan las aguas más puras y cristalinas del archipiélago cubano.

La cuenca del río Toa, con su régimen de lluvias y su particular relieve montañoso resulta un sitio privilegiado por la naturaleza; es una de las zonas de mayor diversidad biológica e índice de endemismo de Cuba y también del Caribe insular. Posee este territorio una riqueza paisajística casi única que proviene de su particular entorno y de la existencia y actividad de los seres que en él se desarrollan.

Reúne diversas formas vegetales, siendo una de las más representativas las selvas lluviosas o pluvisilvas, caracterizadas por bosques exuberantes que aportan un singular patrimonio forestal. Se ha dicho que su floresta es tan tupida que el sol casi nunca alcanza con sus rayos el húmedo suelo. Entre las especies de mayor tamaño están el najesí, el yagrumo, el cupey y algunos tipos de palmas, pero también abundan el tibisí, el bejuco lombricero, las bellas orquídeas y los frescos helechos.

La vida animal está representada por una población de aves, reptiles, anfibios e insectos, que junto al curioso almiquí, mamífero insectívoro en peligro de extinción, conforman una sorprendente y notable fauna. En algunos de los estudios realizados en diferentes puntos de la cuenca, se han reportado la existencia de 85 especies de aves, de las cuales 11 resultan endémicas del país y dos de la región oriental; las carismáticas cotorras y los no menos atractivos cateyes abundan en estos parajes.

Varias han sido las expediciones a esta maravillosa estancia de la naturaleza cubana, pero sin lugar a dudas, fue el geógrafo y explorador Antonio Núñez Jiménez (1923-1998) quien acogió con mayor empeño recorrerla, conocerla, divulgarla y preservarla.

La primera expedición la realizó en 1945, tenía en ese momento 22 años; pero no fue hasta la década de 1960 que pudo, desde un helicóptero, fotografiar la más impresionante caída de agua del Arrollo del Infierno, la cascada bautizada con el nombre de Salto Fino, que es la mayor del archipiélago cubano y sus vecinas islas caribeñas.

 

Conocedor de los valores potenciales de la espléndida naturaleza local abogó por desarrollar un turismo consciente y respetuoso de los atractivos de aquellos parajes y vincular las comunidades al cuidado y defensa de su entorno. 

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