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Fernando Ortiz, Tercer Descubridor de la isla de Cuba

Fernando Ortiz

Fernando Ortiz Fernández, distinguido como Tercer Descubridor de la isla de Cuba, sigue siendo a 135 años de su nacimiento, uno de los intelectuales cubanos más destacados de todos los tiempos. Nació el 16 de julio de 1881 en la céntrica y concurrida calle habanera de San Rafael, pero su infancia transcurrió en una de las Islas Baleares, en Menorca, lugar donde aprendió a comunicarse, además de en su lengua materna, en catalán y en menorquín, que en esa isla se habla.

Fundador y mentor de instituciones que desempeñaron un papel cardinal en la orientación de la historiografía cubana hacia posiciones no eurocentristas, se le considera, además, como un precursor africanista. En su obra Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, que vio la luz en 1940, acuñó el término transculturación, hoy día muy usado en los estudios de antropología cultural.

Se doctoró en Leyes por las universidades de La Habana y Madrid, y durante algunos años trabajó en el servicio diplomático de Cuba en Europa. Fue abogado fiscal de la Audiencia de La Habanay profesor de Economía Política y de Derecho Público y Derecho Constitucional de la Universidad habanera.

Articulista muy bien valorado no solamente por el contenido de sus escritos, sino también por la forma y estilo, sus contribuciones científicas y literarias aparecieron en numerosos órganos de prensas, tanto nacionales como internacionales, así como en revistas técnicas o de otros géneros más liberales.

En España salieron publicados trabajos suyos en El Diluvio de Barcelona, en el Diario Español y en La Nova catalana. Colaboró con The Hispanic American Historical Review, una importante revista del mundo académico norteamericano interesada en los estudios continentales, y con los Archivos Venezolanos de Folklore.

Discípulo del médico César Lombroso, principal exponente de una teoría que definía la delincuencia como fenómeno de orden físico y biológico, los primeros estudios antropológicos de Ortiz están influidos por esta tendencia. Algunos se encuentran publicados en Archivio di Antropologia Criminale, Psichiatria e Medicina Legale, que el profesor y criminalista italiano dirigía y editaba.

En Cuba Bohemia, El Fígaro, la Ilustración Cubana y la Revista de la Habana, entre otras muchas publicaciones de corte humanista, apreciaron sus empeños de divulgación científica y sus notas y comentarios literarios e históricos. Desde estas las páginas realizó una encomiable labor de divulgación científica.

Miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País, transitó por muchos de sus cargos directivos, incluyendo el de presidente, en 1923. En función de la obra de los Amigos del País,en 1910 dio nueva vida, con su labor de director, a la Revista Bimestre Cubana, publicación que gestionó hasta el año 1959 y donde insertó muchos de sus artículos originales.

Profesor en la Universidad Popular José Martí, hizo llegar desde ella el conocimiento a los sectores más populares de la nación cubana. Conferencista en muchas sociedades que tenían como objetivos la ilustración y el debate de asuntos culturales, fue y sigue siendo, Don Fernando —así lo llamaron sus contemporáneos— una de las figuras emblemáticas de la cubanidad.

Autor de libros que han trascendido como clásicos entre investigadores y estudiosos de las Ciencias Sociales del mundo entero, su obra literaria y científica, es sinónimo de sapiencia, sobre todo en temas que recogen las raíces históricas y culturales afrocubanas.

Laborioso, creativo, profundo en análisis, sagaz en razonamientos, inteligente y culto, Fernando Ortiz desarrolló una facultad sorprendente para relacionar conceptos y nociones; con esas cualidades, acompañadas por una paciencia con conciencia —este fue uno de sus lemas— logró concretar y trasmitir a los cubanos y al mundo una extraordinaria y notable obra cultural.

 

Este año, la Fundación Fernando Ortiz, institución que tiene como finalidades el estudio y divulgación de su vida y obra y otras investigaciones sobre la identidad cultural cubana, ubicada en la casa que el científico habitó hasta su muerte en el céntrico Vedado habanero, prepara como digno y necesario homenaje a su indispensable labor creadora una edición prologada de varios de sus libros más significativos.

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