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Festival Internacional de Cine Pobre: una alternativa para el autor

CUBA-HOLGUIN-LISTA GIBARA PARA X FESTIVAL DE CINE POBRE

Gibara, una pequeña ciudad del noreste cubano, fue el lugar escogido por el fallecido cineasta Humberto Solás para un festival de cine sui géneris y que cada año se celebra en la llamada Villa Blanca con la asistencia de numerosos realizadores de todo el mundo.

Fundado en abril del 2003, este certamen —que más que competencia constituye una celebración para los pobladores de esta región de la provincia de Holguín—llega este año a su duodécima edición fiel a sus presupuestos originales: estimular el cine de autor sin intenciones comerciales, producciones de bajo costo en las que prevalezca lo artístico.

La utilización de las nuevas tecnologías digitales son hoy en el mundo una manera frecuente de hacer películas, pero hace quince años, el talentoso Solás (autor de clásicos de la filmografía cubana como Lucía, Cecilia o El Siglo de las Luces) se convirtió en un adelantado con la realización mediante estos instrumentos de su película Miel para Oshún.

Hoy una gran parte de los jóvenes cineastas en Cuba realizan sus producciones independientes al margen de las instituciones y de la industria tradicional, pero Solás advirtió que esta podría ser una forma de contrarrestar la hegemonía de la globalización para conservar la diversidad y especificidades de las cinematografías nacionales y regionales.

Siempre insistió en que cine pobre no significa cine de baja calidad, sino de restringida economía. Lo realizan cineastas tanto de los países menos desarrollados como los del llamado Primer Mundo.

Ejemplo de ello fue la presencia en 2012 del español Luis Eduardo Aute, quien además de fungir como Jurado del Festival, presentó en Gibara una película suya: Un perro llamado dolor, en la que mezcla sus dibujos y su música.

Humberto Solás expresó, al idear este certamen, que la globalización acentúa el abismo entre cine pobre y cine rico y que las nuevas tecnologías podían significar la democratización del cine al alejarse de la industria.

En el 2009, con la muerte del director de Lucía, otros cineastas cubanos y el propio Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) decidieron continuar la obra de su fundador añadiendo al Festival Internacional de Cine Pobre el nombre de Humberto Solás.

A pesar de algunas dificultades que hicieron que las ediciones del 2008 y 2009 se trasladaran a la provincia de Cienfuegos y la del 2010 se realizara en la capital con el apoyo del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, el evento volvió a su lugar de origen en 2010 y hoy cuenta con el apoyo total del gobierno de la ciudad.

Para los aproximadamente 71 mil habitantes de este lugar paradisíaco de la geografía cubana, el Festival Internacional de Cine Pobre es un acontecimiento muy especial.

Conjuntamente con la proyección de películas se realizan también presentaciones musicales y teatrales, exposiciones de pintura y el tradicional desfile por la calle Independencia, que es la principal de una villa que todavía conserva la configuración arquitectónica de la época colonial.

Después de la desaparición de Solás, el Festival ha tenido distintos directores y para esta duodécima edición se estrena en este cargo el conocido actor, protagonista de Fresa y Chocolate, Jorge Perogurría.

En conferencia de prensa, Perogurría evocó a Humberto Solás y los días en que filmaba con él Miel para Oshún en la ahora sede del Festival.

Anunció también que este año se exhibirán de este director los filmes Manuela, que cumple sus cincuenta años de rodada, y la ya mencionada Miel para Oshún que celebra sus quince.

Dijo Perogurría que lo que antes era una alternativa (el cine digital) ahora es una forma natural de hacer para muchos cineastas.

Lo cierto es que el Festival de Cine Pobre tiene cada día una mayor participación internacional y gracias a él muchos jóvenes han conseguido un poco de financiamiento para sus películas, siempre alejadas de los patrones hollywodenses y más cercanas a lo que internacionalmente se conoce como cine independiente.

 

Es intención de los cineastas e instituciones cubanas no dejar morir este Festival, iniciativa de un hombre que, de realizar grandes superproducciones, pasó a la utilización de otras tecnologías de bajísimo costo sin renunciar a su premisa de hacer un cine artístico, legado que dejó para las futuras generaciones.

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