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Fiestas populares: El convite del carnaval

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Prácticamente durante todo el verano, de junio a fines de agosto, una oleada de carnavales recorre la Isla grande de punta a cabo. Con esta expresión se alude a la oriental Punta de Maisí y al occidental Cabo de San Antonio, los dos extremos geográficos del territorio nacional.

El de 2016 no fue una excepción, porque entre las celebraciones más populares y masivas en la mayor de las Antillas, es el carnaval o “los carnavales” —denominación más común— el que ostenta la primacía en el gusto de la mayoría: grandes y chicos, jóvenes y añejos.

Bailables de orquestas en vivo, desfiles de carrozas, comparsas de bailadores de la más pura rumba cubana, competencias deportivas y de rodeo, juegos náuticos,  improvisados parques de diversiones, números circenses, exhibiciones de autos clásicos y motos, desfiles de moda… Casi para todo hay lugar en las versiones de las fiestas carnavalescas del siglo XXI. Claro está, según el gusto y las costumbre del pueblo o ciudad donde se realicen.

Pero aunque se han ido sumando elementos, las tradiciones tienen un gran peso, como los ya citados desfiles de carrozas y comparsas, los bailables y la elección de reinas de la fiesta en determinados lugares.

Eso sí, diversión es la palabra de orden. Casi siempre se pone de moda una canción donde se insiste en olvidar las penas y se llama a mover el cuerpo con frenesí al compás de la música.

Y si ya no se invoca por estos lares al famoso rey Momo de antaño, los disfraces, vestimentas coloridas, y las luces y decorados llamativos de las instalaciones creadas al uso siguen en el centro del interés de los organizadores. En todas partes, tanto en la capital como en los más tradicionales “pueblos del interior” hay familias o generaciones de amigos dedicados a vivir y mantener la herencia cultural del carnaval, sobre todo a través de comparsas legendarias. Esto es, grupos de danzantes de música cubana autóctona que organizan desfiles y vistosas coreografías, aspirantes a los premios de la fiesta en cada edición anual.

Se dice que el carnaval cubano es una celebración nacida al calor de las festividades religiosas del catolicismo, dedicadas al santoral vigente en determinadas regiones, a las que se fueron sumando elementos espontáneos y paganos, hasta llegar a ser lo que son hoy.

Otra explicación sobre su origen en Cuba, sostenida por documentados estudiosos, aporta que surgieron a partir de la evolución de las llamadas fiestas de reyes. Estos eran los únicos jolgorios que los esclavistas permitían hacer a sus esclavos, el seis de enero. Desfiles en los que podían bailar y llevar atuendos, entre estos lo que hoy se llamarían disfraces, exponentes de la cultura de origen africano, más tarde condimento de la llamada cubanía. Esas fiestas solo tuvieron lugar en La Habana.

Si bien en toda Cuba prácticamente se disfruta de los carnavales, los más famosos son los de Santiago de Cuba, la más caribeña de las ciudades cubanas.

 

El afamado y estridente toque de la corneta china suena en las calles, bajo un tórrido calor, sea día o noche, y todo un pueblo sale a bailar por horas al ritmo de la conga santiaguera. Y no es lo único placentero que tiene esta celebración, que conste. Coinciden con la festividad de Santiago Apóstol, patrón de la ciudad, cada 25 de julio. Se comparte el baile, la música y la alegría, con el ron nativo y la sencillez como estandarte, hospitalidad y alegría de vivir proverbiales de los hijos de esa tierra. Por siempre bautizada como la tierra caliente de Cuba.

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