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Finca Vigía: el refugio cubano de Hemingway

Finca Vigia

Fue en 1939, solo un tiempo después de su participación en la Guerra Civil Española, que Martha Gelhorn, la tercera esposa de Ernest Hemingway, descubrió Finca Vigía entre los anuncios clasificados de un periódico habanero.

Ya en diciembre de 1940 el escritor norteamericano la compraba al precio de 18 500 pesos para convertirla en su residencia más estable, que solo abandonó para darse muerte en 1961 en Ketcum, Idaho, hace ahora 55 años.

El sitio, convertido hoy en museo se encuentra en el poblado de San Francisco de Paula, a 15 kilómetros del centro de La Habana, y es lugar de peregrinación de todos los admiradores y estudiosos del autor de Por quién doblan las campanas.

Allí Hemingway finalizó esta novela, fruto de sus experiencias en la contienda española y escribió totalmente la obra que le valiera en 1954 el Premio Nobel: El viejo y el mar, así como A través del río y entre los árboles, París era una fiesta, Islas en el Golfo y muchos de sus cuentos.

El lugar está en una colina donde hasta bien entrado el siglo XIX estuvo emplazado un centro de vigilancia español, en la época en que Cuba era colonia.

Finca Vigía fue la primera institución creada en el mundo para divulgar la vida y la obra de este gran escritor estadounidense después de que su cuarta esposa, Mary Welsh, cumpliendo un deseo de su conyuge donara al Gobierno cubano tanto la propiedad como los objetos personales del escritor, que hoy se muestran a los visitantes tal y como él los dejó.

Finca Vigía cuenta con casi cuatro hectáreas de extensión y está rodeada de una abundante vegetación compuesta por especies típicas de la flora cubana. En ella se alzan el bungalow, una torre, la piscina y el famoso yate Pilar, que Hemingway mandara a construir en 1934 para pescar en aguas cubanas.

Consta de sala principal, biblioteca, comedor, cuarto de huéspedes, la habitación de Mary Welsh, el cuarto de trabajo del escritor, el baño y la cocina. La torre, en el lado izquierdo del fondo de la casa, fue construida por Welsh para que su marido trabajase en ella, pero él nunca pudo hacerlo allí.

Dentro de la edificación original puede apreciarse la poltrona preferida de Hemingway, el comedor que asemeja a una taberna española, las escenas taurinas realizadas por el pintor ibérico Roberto Domingo, los trofeos de caza del propietario, más de 9 000 ejemplares entre libros, revistas y otras publicaciones. Todo puede ser contemplado desde las muchas terrazas que rodean la mansión.

Esta casa-museo recibió en 2007 el Premio Nacional de Restauración por el exquisito trabajo que se ha realizado en ella, que comprende también el Coloquio Internacional Anual sobre la vida y la obra del autor norteamericano.

Hemingway vivió en La Habana 22 años en total. Antes de adquirir Finca Vigía lo hizo en una habitación del quinto piso del Hotel Ambos Mundos, situado en el corazón del centro histórico de la ciudad.

Según el fallecido escritor colombiano Gabriel García Márquez, Finca Vigía es un museo tan vivo que a veces se tiene la impresión de sentir la presencia del escritor deambulando por los cuartos con sus grandes zapatos de muerto.

Asegura también García Márquez que lo único que se llevó Mary Welsh de San Francisco de Paula fueron los cuadros de la estupenda colección particular de los mejores pintores contemporáneos.

El paso de Hemingway por Cuba y, fundamentalmente, su capital no se limita a este refugio donde llegó a alimentar a unos 50 gatos.

También se le recuerda en Cojímar, un poblado del este de La Habana donde solía compartir con los pescadores del lugar, y en el restaurante La Terraza.

Un busto del cubano José Villa preside la barra del bar de El Floridita, otro lugar donde Ernest Hemingway hizo época al darle fama al famoso daiquiri, un coctel a base de ron cubano, hielo frappé y zumo de limón.

Solo en 1960, sintiéndose muy enfermo, el escritor viaja a España para asistir por última vez a las corridas de toro y sigue hasta Estados Unidos donde fue hospitalizado.

Muchos atribuyen a esta estancia en la Clínica Mayo y un hipotético mal tratamiento el trágico fin de Hemingway, quien se diera muerte con una escopeta de caza en su residencia de Idaho el 2 de julio de 1961.

Lo cierto es que Cuba, país al que dedicó su Premio Nobel y la medalla que le fuera entregada en Estocolmo, lo recuerda en cada sitio donde dejara imborrables huellas.

 

Especialmente en Finca Vigía. Allí su presencia se dilata para desmentir el disparo final. Los cubanos lo recuerdan de una manera especial. Y cada persona que visite La Habana sucumbirá al influjo de su refugio en la Isla. Lugar de culto para todos los hemingwayanos.

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