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Jazz Vilá, a teatro lleno

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Para el actor, director y dramaturgo cubano Jazz Vilá el teatro es un templo, por el respeto que le merece, por la fe que deben tener quienes a él se dedican, porque es siempre un lugar de reencuentro y por el sacrificio que entraña.

Sin embargo, nada que ver con el ambiente tranquilo y solemne asociado a un santuario de ese tipo; por el contrario, la labor de este artista se caracteriza por la hiperactividad, la innovación y la ruptura de cánones discursivos, con el empeño fundamental de atraer a nuevas audiencias habitualmente ajenas al teatro: los jóvenes de la actualidad.

Su camino para llegar a los resultados que hoy tiene su compañía —Jazz Vilá Proyects— es también singular, va de la academia al flamenco español y otras manifestaciones danzarias, y a la realidad del cubano de a pie, que es su mundo.

En conversación con Más Cuba, Jazz Vilá contó que de niño, como muchos otros de la década de 1980 en la Isla, quería ser nada más y nada menos que cosmonauta; después se inclinó por la economía, que llegó a estudiar.

Pero a los 14 años su madre lo había inscrito en un taller de actuación para encauzar su carácter hiperquinético. Comenzó como algo divertido y empezó a gustarle mucho la posibilidad de exponerse, de inventarse un mundo.

En un primer intento, y aunque había aprobado las pruebas, no pudo ingresar a la Escuela Nacional de Arte debido a un padecimiento de la garganta.

Sin embargo, como él mismo dice, “todos lo que pasa es para crecer, cuando uno lo adopta para crecer” y a los pocos días supo de la realización de un casting para Las Huérfanas de la Obrapía, novela televisiva que resultó una de las memorables de las que se han hecho en el país.

Siempre digo que fue mi primera escuela y lo que terminó atrapándome en este mundo por la posibilidad de trabajar con grandes artistas (Aramís Delgado, Susana Pérez, Rogelio Blaín…) que asumían el trabajo de la actuación con mucha responsabilidad, tanto desde el punto de vista artístico como de la producción”, expresó.

Al año siguiente sí entró en la Escuela Nacional de Arte:

Fue un proceso muy enriquecedor sobre todo desde el punto de vista teórico… Mis profesores (Maritza Abrahantes, Juan Andrés, Bárbara Domínguez…) fueron la raíz que te va inculcando el deseo no solo de estar en la escuela por estar, sino de aprender todo lo que te puede aportar y forjaron mi vocación para el teatro”.

A los 17 años de edad, en segundo año de la carrera, dirigió su primera obra, una versión propia de La casa de Bernarda Alba, en un cine de barrio, y por ese trabajo fue invitado a presentarla en el Teatro García Lorca, hoy Gran Teatro de La Habana, el principal del país.

Para mí, comentó, fue muy grande ver en ese teatro un cartel anunciando mi obra”.

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Ya en la actualidad ha sido profesor de la Escuela y algunos de sus alumnos forman parte de su compañía.

En España

En su formación se inscribe también su participación en experiencias internacionales, como el Festival de Avignon (Francia), el Talent Corner de jóvenes actores en la 64 edición del Festival de Cannes (Francia), el Talent Campus Guadalajara 2012 (México) y el Berlinale Talent 2014 (Alemania).

Y su estancia de casi una década en España fue fundamental:

Cuando llegué me vinculé al flamenco y trabajé con grandes bailaoras y maestras como María Juncal en el Centro de Arte Flamenco y Danza Española Amor de Dios en Madrid. Fui profesor de interpretación y para mí fue mágico… la fuerza de los cantos, el quiebre de las manos, la pasión.

Conocí a Isabel Gonzalez, representante de grandes compañías de baile, que se convirtió en una madre para mí, y empecé a trabajar en el teatro, con los Ballets de Montecarlo, la compañía Blanca Li, la de Pina Bausch… Fui asistente de producción, y en casi todas las áreas, peluquería, vestuario…

De esta vinculación al teatro a través de la danza aprendí muchísimo en lo referente a la plasticidad, el color, el movimiento, la simplicidad en lo que se expone, sin atiborramiento”.

En España, Jazz Vilá dedicó también su proverbial capacidad de hacer a otras vertientes, por ejemplo, montando algunas obras dramáticas, como secretario general de la Fundación Shakespeare y profesor de actuación de la Universidad Complutense de Madrid.

Siempre vuelvo a España, y siempre volveré, aseguró. España es mi segunda casa, la casa donde viví parte de mi juventud y ha sido fundamental en mi concepción a la hora de desarrollar luego todo este trabajo con mi compañía”.

La compañía

La semilla de Jazz Vilá Projects se sembró el 1 de diciembre de 2013, con la lectura dramatizada de la obra Rascacielos, estrenada al año siguiente, que conquistó al público y la crítica.

Más de diez mil espectadores y más de ochenta funciones avalaron el éxito de la pieza debut de Vilá, que se repitió después con Eclipse en 2016. Su más reciente puesta, Farándula, ha mantenido la seducción sobre el público. Para las dos funciones diarias largas filas de personas esperan ante la taquilla de la habanera sala Adolfo Llauradó, siempre llena.

El amor, la soledad, la incomunicación, la corrupción y la diversidad están entre los temas que aborda el grupo en puestas en escena con economía de elementos escenográficos, y apoyadas por fuertes y novedosas campañas promocionales, y la colaboración con artistas de otras manifestaciones culturales.

Abordamos temas serios de una manera más ligera para que sean digeribles a un público que no está acostumbrado al teatro. Para escribir mis obras me acerco a la gente, les pregunto”, explicó.

Los jóvenes no se sienten conectados con lo que les dice el teatro. Van a lugares de música o están enganchados todo el tiempo al teléfono. Hay que crear cosas más frescas, para que sientan que el teatro es también un sitio donde se pasa bien, donde se pueden divertir.

Con Farándula ha pasado algo que me hace feliz: Rascacielo tenía un público joven, en Eclipse ese público repitió y se empezó a sumar un poco más de

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