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La Academia Cubana de la Lengua cumple 90 años

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Todo el mundo ha escuchado hablar de la Academia Cubana de la Lengua (ACUL), pero pocos conocen sus funciones y su génesis. Es por ello que al cumplirse noventa años de su existencia como correspondiente en Cuba resulta interesante acercarse a una institución que se constituyó primero en España en la lejana fecha de 1713.

En aquel entonces la Real Academia tenía la misión de salvaguardar la lengua literaria, pero cuando las colonias de América Latina alcanzaron su independencia, la antigua metrópoli entendió la necesidad de establecer en esos territorios academias llamadas correspondientes.

Así, en el siglo XIX quedó fundada la primera en Colombia y le sucedieron después la de Ecuador, México y El Salvador.

Pero no es hasta el siglo XX que la voluntad española de conservar la unidad lingüística en sus antiguas colonias da paso a otras ocho, entre ellas la cubana, fundada en 1927 en Madrid y presidida por el filósofo y escritor Enrique José Varona.

Actualmente, y tras un largo período de vicisitudes entre las décadas de 1960 y 1980, este organismo agrupa en Cuba a 27 críticos, escritores, lingüistas y profesores preocupados por el perfeccionamiento del idioma, pero también por sus particularidades en la variante cubana.

Su directora es la destacadísima intelectual cubana Nancy Morejón y a ella se acercó Más Cuba para conocer mejor la historia y la labor de esta nonagenaria e imprescindible institución en el panorama de la cultura cubana contemporánea.

 

¿Qué actividades y eventos tiene preparados la Academia para este aniversario 90?

Por el momento, hemos diseñado una serie de programaciones. Entre las más significativas se encuentra la cancelación de un sello postal conmemorativo; un ciclo de varios paneles sobre los académicos fundadores; una celebración por el Día del Idioma; la entrega del Premio de la Academia 2016 y la donación a 10 bibliotecas de igual cantidad de ejemplares de la 23 edición del diccionario de la RAE donados por Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE) y presidente de Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

 

¿Cuáles son las funciones actuales de la Academia Cubana de la Lengua Española?

Las funciones actuales se derivan de su ejecutoria anterior y, sobre todo, de las que aparecen en nuestros estatutos. Son funciones emblemáticas nuestras: velar por la unidad de la lengua española sin dejar de reconocer su diversidad; velar por la descripción, conocimiento y mejor uso de la variante nacional; participar en las actividades e investigaciones que organicen la RAE, la ASALE y las academias hispanoamericanas; brindar a las instituciones nacionales y extranjeras que así lo soliciten la información necesaria para el mejor conocimiento y manejo de nuestra lengua; publicar el Boletín de la Academia Cubana de la Lengua, su órgano oficial, así como colecciones y demás materiales de interés literario y lingüístico que considere necesario. Nuestros académicos han trabajado incesantemente y han hecho contribuciones sustanciales en el dominio de la lexicografía. Por ejemplo, Ofelia García Cortiñas (†), Nuria Gregori Torada, Marlen Domínguez y Maritza Carrillo fueron responsables de la vigesimotercera edición del Diccionario. Por otra parte, todos los años, el 23 de abril, conmemoramos el Día del Idioma haciendo una peregrinación para colocar una ofrenda floral a los pies de la estatua de Miguel de Cervantes erigida por un escultor italiano en 1908 en el parque de La Habana Vieja que lleva su nombre. De igual modo, hemos tenido a bien convocar anualmente un Premio de la Academia a aquellas obras que así lo ameritaran.

 

¿Cómo valoras el trabajo de la Academia en estos 90 años?

En los últimos años, la Academia ha tenido una participación muy activa en los proyectos panhispánicos, como la elaboración del Diccionario de Americanismos, la Nueva Gramática de la Lengua Española, en sus diferentes versiones, La Nueva Ortografía de la Lengua española y ahora en la revisión del Diccionario de la RAE y el Corpus de referencia del español del siglo XXI y el Diccionario escolar. Del mismo modo, otros proyectos que cuentan con el auspicio de la Asociación de Academias de la Lengua, tienen la participación de académicos cubanos. Tal es el caso del proyecto panhispánico “La enseñanza del español en el mundo hispánico” o el “Proyecto de Estudio Sociolingüístico del español de España y América” (PRESEEA), que ha contado además con la participación de profesores de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Justamente a partir de la publicación de estas obras, la ACUL ha organizado, también en colaboración con profesores de la Facultad de Artes y Letras de la UH, el Instituto de Literatura y Lingüsitica y el Ministerio de Educación, actos de presentación y cursos de postgrado para profesores, editores e interesados, en los que se han examinado con detenimiento estos temas, los cuales han contado con una gran asistencia e interés. Hemos reanimado también un sistema de becas para formar lexicógrafos en la Escuela de Lexicografía de León, en España. Nuestros becarios han desplegado una labor muy rigurosa, reconocida en innumerables centros docentes y círculos especializados. Hemos valorado no sóolo el trabajo editorial, que incluye el ya mencionado Boletín, sino otras publicaciones como el tomo íntegramente dedicado al bicentenario del poeta Gabriel de la Concepción Valdés, Plácido, presentado en el Sábado del Libro el pasado 23 de enero. Este es el primer título de la colección Centenarios. De hecho, gracias a la gestión de Eusebio Leal Spengler, historiador excepcional y académico de número nuestro, quien hizo realidad nuestra actual sede en el Edificio Santo Domingo, tercer piso, sito en calle Obispo 160, entre San Ignacio y Mercaderes, legalizando nuestra pertenencia, junto a la Academia de la Historia, a la Oficina del Historiador de La Habana.  

 

¿Qué valor le concedes a la presencia de Dulce María Loynaz en los años difíciles para la Academia Cubana de la Lengua?

Un valor extraordinario, de primerísimo nivel. Dulce María fue un hermoso escudo, quizás inspirado en el nuestro, que significó una tenacidad y una resistencia que todavía hoy le tenemos que agradecer. Fue un acto de entereza, puesto que ya desde 1992 había recibido el más preciado galardón literario de la lengua castellana, el Premio Cervantes. No abandonó su quehacer frente a la Academia y, más bien, incrementó sus labores y comenzó a situarla en el centro de la atención en la vida cultural cubana. Fueron los últimos años de su vida que se extinguió en 1997.

 

¿Cuántos miembros integran ahora mismo la institución que presides y qué requisitos hay que reunir para ingresar en ella?

La integramos en la actualidad 25 Miembros de Número, entre los que descuellan varios Premios Nacionales de Literatura. El 19 de mayo de 1926 la Real Academia Española aprobó la creación de una Academia correspondiente en Cuba, que en octubre de aquel mismo año ofreció su primera sesión pública. La nuestra es asimismo miembro de la ASALE por acuerdo del primer congreso de Academias celebrado en México, en 1951 y fue la decimotercera academia, de las veintiuna actualmente establecidas en países de lengua española. En Estados Unidos existe una Academia que preserva el idioma español y representa los intereses lingüísticos de muchos millones de hispanohablantes. También existe una Academia de la Lengua Española en Filipinas. Cada uno de los Miembros de Número de la Academia cubana ocupa un sillón designado con una letra del alfabeto; ellos representan la más prestigiosa cima de la cultura cubana por haber demostrado una alta competencia en el uso del idioma y una ejecutoria intelectual de intensidad y calidad ejemplares.

Sin embargo, quisiera rendir una suerte de tributo a Delio Carreras, vehementemente inmerso en la más viva de las gestiones sobre todo durante el período de Dulce María; asimismo Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y el dramaturgo Abelardo Estorino quienes, con su desaparición física relativamente reciente, han dejado de estar con nosotros para contribuir a la reafirmación de los deberes y funciones principales de la Academia, en cuyas filas se han incorporado nuevos miembros como Jorge Fornet y, en el caso de los correspondientes, Gema Mestre. Por cierto, contamos con un grupo de Miembros Correspondientes entre los que se destacan la poetisa Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura, acompañada por el prestigioso intelectual Luis Álvarez Álvarez.  

Los requisitos para pertenecer a la Academia son diversos, pero el más importante es poseer una obra sólida, manifiesta en la publicación de expresiones e investigaciones literarias o lingüísticas en todas sus variantes, así como una labor docente de amplia trayectoria y gran excelencia. El hecho de ser investido como miembro de la Academia representa un alto reconocimiento.

 

¿Desde cuándo presides la Academia y qué importancia o significado tiene para ti hacerlo además de tus labores como escritora e intelectual cubana de las más importantes?

Ingresé en la Academia en febrero de 1999 y, para mi sorpresa, fui electa como su directora en junio de 2012.

 

Como es natural, tuvo para mí una gran importancia aquel hecho porque, de entrada, mi vocación y mi trabajo se sumaban a la noble tradición de servicio cultural y educacional de figuras como José María Chacón y Calvo, Fernando Ortiz, Enrique José Varona, Adolfo Tortoló hasta llegar a Dulce María, habiendo pasado por Carlos Loveira, Medardo Vitier, Jorge Mañach, Raimundo Lazo, Manuel Márquez Sterling y José Antonio Portuondo. Y, luego, desempeñar las labores de dirección que me precedieron y acometieron nombres tan ilustres, algunos entrañables profesores míos como el Dr. Salvador Bueno (1995-2004); Lisandro Otero (2004-2008) y el Dr. Roberto Fernández Retamar  (2008-2012). Ha sido un reto y una enorme responsabilidad.

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