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La Güira, mágico retiro campestre en Cuba

La Guira

La antigua hacienda Cortina (aún se aprecia el nombre en su portón de entrada) es ahora finca La Güira, y constituye un paraíso de naturaleza, conservación de escenarios y panorama de la cultura universal.

Ubicada en la occidental provincia de Pinar del Río, este lugar tiene como atractivo visual muy particular una entrada que recuerda a los castillos medievales, según lo concibió su dueño original, un político, literato y abogado cubano de ese apellido.

José Manuel Cortina creó un emporio de naturaleza y enriquecimiento cultural que se conserva y se protege, y que recibe actualmente visitas cubanos y extranjeros.

En diciembre de 2014 se reabrió el lugar, cercano a San Diego de los Baños, Cueva de Los Portales (comandancia del Che Guevara en la crisis de los misiles de octubre de 1962), un lugar convertido en la puerta de entrada oriental de la provincia de Pinar del Río, con varios estilos, incluida la idea de su acaudalado propietario de reproducir el Palacio de Versalles, de Francia.

Lugar único, con varios restaurantes, caminos de piedra, esculturas de diferentes procedencias, un paisaje verdaderamente maravilloso que ilustra la naturaleza del archipiélago y permite el contacto del viajero con el medio ambiente bien conservado.

 

Maravilla de la maravilla, a la mano

 

Desde la bienvenida al parque, en La Güira se aprecian grandes atracciones turísticas, con su nombre original (hacienda Cortina) estampado en color oro en el portón, y una campana pequeña, que el guardián del sitio tañe cada vez que algún grupo entra al retiro.

Cortina, además de político y terrateniente, tenía un delicado gusto por la cultura universal y por la naturaleza, y todo ello trató de representarlo en su escenario de asueto.

Al triunfo de la Revolución cubana en 1959, él mismo le abrió la finca al líder Fidel Castro, y le entregó el lugar que sería puesto a disposición de todo el que quisiera visitarlo. Pero realmente, cuentan testigos en la actualidad, fue una respuesta al momento que se vivía, y con tristeza abandonó para siempre el lugar.

El 20 de septiembre de 1959 comenzó una nueva historia para ese espacio, un lugar mágico, con paisajes armónicos con elementos de la cultura mundial, como esculturas y fuentes de piedra.

También allí se conservan símbolos japoneses y chinos, y de otros lugares, que Cortina traía de sus viajes e incorporaba tanto a las casas como al resto del jardín.

Todo comienza en el portón de estilo medieval construido por obreros especializados, algunos de ellos españoles, comentan los guías ante el paso de los visitantes.

Para otros expertos, el portón simboliza el poder del terrateniente, que se encargaba sobre todo de tabaco, hasta el punto de ser propietario de 150 vegas de este producto en la región occidental cubana y el país.

Cortina poseía 1 800 caballerías o lo que es igual, 25 000 hectáreas; 110 000 acres estaban en la región de Morón, en Ciego de Ávila, centro de Cuba.

A través del tiempo, la finca recibió el impacto de varios huracanes, que transformaron el retiro en un lugar abandonado, hasta que las autoridades locales decidieron revitalizarlo y darle una segunda o tercera oportunidad.

En diciembre de 2014 reabrió como Parque La Güira, con la mayoría de su caudal cultural y de naturaleza recuperados para los viajeros curiosos.

La hacienda conservó sucesivamente los nombres de los lugares originales en los siglos XVI al XVIII, espacios para el ganado, tabaco, azúcar, café o madera, lo que trató de mantener su dueño al agrupar tierras para crear la finca. La Güira proviene de uno de esos nombres de la toponimia local conservados.

La historia del lugar y sus moradores es larga y cargada de tristezas para los pobres, o alegrías por la belleza, que paulatinamente se transformó en una hacienda especial, barroca e ilustrativa sobre el paso del ser humano y su equilibrio con la naturaleza, finca cargada de esculturas que destilan pasión por lo bello, por lo milenario, el amor o la heráldica.

Hoy exhibe nueve habitaciones de descanso, la Casa Roja como especie de museo, carpeta, restaurantes, bares, cafeterías, parrillada, parqueos, piscina, sala de juegos, anfiteatro, parques, museo, mini zoológico, paseo en botes, senderos naturales y territorios para observación de aves, todo en perfecta armonía.

 

Un lugar verdaderamente mágico, quizás algo desconocido dentro del panorama turístico cubano, pero espectacular.

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