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La hija de Rafael Alberti y María Teresa León

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Aitana, la hija de esos dos grandes de la literatura hispanoamericana que fueron Rafael Alberti y María Teresa León, reside desde hace mucho tiempo en Cuba. Escritora y promotora cultural ella misma, no olvida su genealogía y desde este rincón del Caribe dedica todo su entusiasmo a defender la literatura de América Latina y España.

A Más Cuba le pareció interesante acercarse a ella en busca de respuestas a las interrogantes que plantea una vida interesante y con la modestia que la caracteriza. Aitana Alberti respondió a un cuestionario que sometemos hoy a la consideración de nuestros lectores

 

¿Qué significa para ti ser hija de Rafael Alberti y María Teresa León?

Soy feliz de haber tenido esa suerte, que es un privilegio. Pero resulta evidente que este privilegio entraña una enorme responsabilidad.

 

¿Cuáles son los recuerdos más importantes que tienes de tus padres?

 

En la Argentina, cuando yo tenía doce, trece años, pasamos dos largos veranos en una quinta sobre el río Paraná, propiedad de unos amigos, cerca del poblado de San Pedro, en dirección a la ciudad de Rosario. La sencillísima casa, de dos pisos, estaba sobre una barranca muy bajita, de unos cien metros, no más, suficientes para divisar desde el balcón, en la lejanía, uno de los ríos más largos de América, por el que navegaban cargueros de todo el mundo para recoger el trigo pampeano en los silos rosarinos. Al pie de la barranca se extendía lo que los lugareños llamaban el bañado, un prado en el que durante el verano pastaban vacas y caballos, y en invierno, la crecida del río convertía en una gran laguna. En este lugar, el poeta exiliado escribió uno de sus libros más hermosos y yo, solo entonces, en mi temprana adolescencia, descubrí algo que realmente ignoraba: Rafael Alberti, ¡mi padre!, era un poeta inmenso: “Hoy las nubes me trajeron, / volando, el mapa de España. / Qué pequeño sobre el río, y que grande sobre el pasto la sombra que proyectaba… / Se le llenó de caballos / la sombra que proyectaba. / Yo, a caballo, por su sombra / busqué mi pueblo y mi casa…”.

Al caer la tarde, papá nos leía cuanto había escrito a la luz de una lámpara de carburo, llamada poéticamente “sol de noche”, igualita a las que se usaron en Cuba durante la Campaña de Alfabetización. Eran versos breves, canciones que recordaban libros juveniles: Marinero en tierra, El alba del alhelí, La amante…, pero impregnados de un aroma distinto. La edad de la inocencia se había perdido, destrozada por una guerra civil espantosa y un exilio cuya duración era imposible imaginar.

Cada vez que releo estos poemas vuelven a mí, con la misma intensidad de entonces, las imágenes de América que más amo y la sorpresa de descubrirme hija de dos seres singularísimos, cuya obra creadora admiré y admiro desde entonces.

Mientras papá consignaba en sus versos hasta la más modesta manifestación de la vida silvestre: los mosquitos, las arañas, los murciélagos, los loros, los perros errantes, las iguanas, las vacas, los caballos…, mamá tenía los ojos puestos en un mundo totalmente distinto: el de su adolescencia en la ciudad de Burgos, donde nació su madre, mi abuela doña María Oliva, y comenzó a escribir la biografía novelada de la esposa del Cid Campeador: Doña Jimena Díaz de Vivar, gran señora de todos los deberes.

Baladas y canciones del Paraná (1953-1954) es un canto a los más hermosos paisajes del generoso país de mi nacimiento, que acogió a miles de refugiados españoles —a mi familia durante veintitrés años— y, a un tiempo, la más honda expresión de la nostalgia de España, la patria prohibida, que solo las nubes podían acercar.

María Teresa, Rafael y Aitana, juntos al atardecer en el “balcón del verano”, con la voz de mi padre resonando quedó entre los árboles de la barranca, es una inolvidable fotografía familiar que ahora solo perdura en mi memoria.

 

¿Cómo valoras la poesía de tu padre en el contexto de la lengua española?

 

Me resulta muy difícil hacer este tipo de valoración, pero con una profunda convicción personal digo que Rafael Alberti es uno de los grandes poetas de la lengua castellana. También digo, con todo conocimiento de causa, que su obra, en la actualidad, inencontrable en la librerías de España y de la América nuestra, debería ser reeditada, para que los jóvenes y no tan jóvenes puedan conocer a este poeta mayor de la extraordinaria generación española del 27.

 

¿Te sientes española, argentina o cubana?

 

Como he dicho en varias ocasiones, me siento, por igual, argentina / hispana /cubana hasta lo más hondo del corazón.

 

¿Cuándo y por qué decidiste venir a vivir a Cuba?

 

Vine a vivir a Cuba en mayo de 1984, con mis hijas Altea y Marina y su padre, mi compañero de entonces, ya fallecido. Fue Nicolás Guillén, gran amigo nuestro, quien nos facilitó que las autoridades cubanas nos concedieran la residencia permanente en la Isla.

Antes de esa fecha habíamos visitado La Habana con nuestra hija mayor; la pequeña aún no había nacido. Entonces fuimos a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba a ver a Nicolás. En la época de la dictadura de Batista, Nicolás vivió unos dos años en Buenos Aires y regresó a la Isla en 1959, desde la Argentina, poco después del triunfo de la Revolución.

Durante esa visita, Nicolás nos preguntó, con su característico sentido del humor, por qué nosotros residíamos en Canadá, “ese país tan, pero tan frío”. Mi esposo le contestó que no soportábamos hacerlo en la España franquista y ser ingeniero le había posibilitado ejercer su profesión en Montreal.

 

Andando el tiempo me encuentro a Nicolás en España, adonde mis padres habían regresado, en 1977, dos años después de la muerte de Franco. Vi a Nicolás en la embajada de Cuba en Madrid. Me repitió la invitación a vivir en su país, en esta segunda ocasión con mucha seriedad. Cuando nos trasladamos a Cuba, mi hija mayor tenía casi seis años y Marina tan solo dieciocho meses. Por eso y porque adora y admira a Cuba, Marina dice que es cubana, aunque “oficialmente” sea ciudadana española. Para mí en particular era hacer realidad un sueño de mi juventud, en Buenos Aires, cuando al triunfar la Revolución, varios amigos nuestros vinieron a Cuba, donde se respiraban los aires de un mundo nuevo, totalmente afín con el que mis padres y yo soñábamos para España.

One thought on “La hija de Rafael Alberti y María Teresa León

  1. Conocí a Aitana allá por el 57 o tal vez el 58 gracias a mí íntimo amigo Jorge Rensin ,en las asambleas de estudiantes secundarios de aquel “MovProCUES” más tarde cuajado en FEMES presidida precisamente por Jorge. Ahora la veo muy bien, Está guapa como entonces Y la percibo coherente como debe ser

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