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La ruta caribeña del cacao también pasa por Baracoa

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Desde el segundo semestre de 2007, la Oficina de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO, con sede en La Habana, colabora con los trabajos de investigación de los estudiosos cubanos para la identificación y valoración de la importancia cultural del cacao en Baracoa, la más antigua de las ciudades cubanas.

Baracoa tiene el mérito de ser el más importante enclave de la Isla en la ruta del cacao por el Caribe. Situada en el extremo nororiental del país, fue la primera villa fundada por el adelantado Diego Velázquez el 15 de agosto de 1511. Cumplió las funciones de capital política y episcopal hasta 1522, año en que esa condición pasó a manos de Santiago de Cuba, ubicada al sur del oriente.

Hoy Baracoa es una ciudad cuyo nombre también tomó el montañoso municipio donde está enclavada y pertenece al macizo  Nipe-Sagua-Baracoa, considerado el emporio natural de mayor biodiversidad de las Antillas mayores.

Es tierra legendaria y de naturaleza feraz, poblada de sitios arqueológicos aborígenes (aruacos o taínos) y exponente de una rica cultura mestiza que bebió de esas fuentes, de persistente influencia cultural.

Poco más de dos siglos de cultivo y producción cacaotera no solo signaron la economía de la región, importante cosechadora de coco, café y caña de azúcar, además. Esta actividad ha dejado sus huellas en el estilo de vida y la cultura inmaterial, algo ostensible y generador de un interés inusitado en los estudiosos de hoy.

El fomento de las plantaciones de cacao, al igual que el del café y la caña de azúcar, llegó a esa porción del país, algo relegada después de haber perdido su importancia política, de la mano de unas 100 familias de colonos franceses que allí se refugiaron tras la estampida revolucionaria de 1791 en la vecina Haití.

Expertos opinan que la geografía ondulada y la frondosa vegetación de árboles maderables y frutales, sombra y humedad de los suelos, favorecieron de manera particular el auge de este cultivo, que recibió las técnicas agrícolas más productivas y modernas de la época.

Y aunque los años pasaron, con sus altas y bajas, los productores baracoenses mantuvieron una singular fidelidad al cacao. Hoy disponen además de las plantaciones, atendidas en fincas privadas y cooperativas de diversas modalidades, de una Estación Central de Investigaciones del Café y el Cacao, con resultados relevantes en la obtención de plantas resistentes a plagas de frutos de mejor calidad y de una fábrica de chocolates, inaugurada por Ernesto Che Guevara en 1963.

 

Legado del cacao: actividad armónica y sostenible

 

Los especialistas consideran que, como parte del legado cultural material de la producción del cacao, está la prevalencia del paisaje dominado por los bosques pluvisilvas, con presencia de pinares y vegetación semicaducifolia. La actividad productiva del hombre poco ha cambiado el entorno y esto es un ejemplo de desarrollo económico y comunal sostenible, en armonía con la naturaleza.

Es así que en ese paisaje evolutivo se inserta la arquitectura vernácula, caracterizada por las viviendas de los productores, en su mayoría con los rasgos del bohío campesino típico, es decir, casas construidas con tablas de madera y techos de hojas de pala (guano) o láminas de zinc. Esas residencias incorporan almacenes, sitios para el secado y ranchos multiusos.

Existe el legado de un incipiente patrimonio industrial en la vivienda del campesino productor a través de las casas de fermentación y secado e incluso en el centro de beneficio al aire libre, de mayores dimensiones y propiedad estatal.

Por otro lado, el legado cultural inmaterial es altamente valorado. En el figuran, entre otros, los llamados tesoros humanos vivos, tradiciones y expresiones orales, artes del espectáculo, los usos sociales, rituales y actos festivos, conocimientos y usos de la naturaleza y el universo y las técnicas de la artesanía tradicional.

 

Baracoa, una región alguna vez preterida, es cada vez más fascinante para el sencillo viajero que busca el recreo y el sano contacto con la naturaleza. A su vez, los campos de la ecología, conservación, etnología, arqueología y de la investigación científica en general, se ensanchan allí en cauces de creciente interés en los tiempos que corren.

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