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Lorca en La Habana

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En una versión libérrima pero audaz y efectiva para los admiradores de la dramaturgia de Federico García Lorca tuvo su estreno en La Habana la pieza Así que pasen cinco años, con la dirección general del Premio Nacional de Teatro Carlos Díaz.

En la sala Tito Junco del centro cultural Bertold Brecht, la compañía Teatro El Público (que toma su nombre de otra pieza singular del poeta granadino) presentó una corta temporada de una obra incluida en lo que Lorca llamó “teatro imposible”, consciente de que sus aires surrealistas solo podrían ser aceptados por una audiencia que no era la de la época que le tocó vivir.

El estreno habanero de Así que pasen cinco años sirvió de ejercicio de graduación a la más reciente promoción de la Escuela Nacional de Teatro de Cuba y los actores que la interpretaron demostraron, a pesar de su juventud, un gran dominio del oficio ante las dificultades que en el sentido de los textos presenta la interpretación de esta suerte de “boutade” lorquiana.

No hizo Carlos Díaz una versión fiel al original, sino que introdujo en un rejuego de gestualidades y trasvestismos a otros personajes del teatro de Lorca, como pueden ser Mariana Pineda, Doña Rosita la Soltera o Yerma, entre muchos otros.

Sostienen algunos investigadores que la obra fue escrita precisamente en La Habana durante la estancia de su autor en esta Isla caribeña en 1931, aunque otros sostienen que lo hizo en Nueva York, ciudad que inspiró esta creación así como El Público.

Los cubanos mostraron su devoción por un teatrista que se encuentra, sin dudas, entre los más grandes de todos los tiempos y arrancaron ovaciones a un público que, a pesar de la oscuridad del argumento, asimiló toda la rara belleza de las palabras declamadas por los actores, así como la originalidad del vestuario en un escenario desnudo en el que las luces y los intérpretes tomaron el protagonismo volviéndose ellos mismos pura poesía, pura declamación.

La obra, originalmente en tres actos, fue unificada por Díaz en alrededor de hora y media, suficiente tiempo para apreciar el magisterio de un director siempre polémico y creativo en cada trabajo que emprende y lleva felizmente a término.

En tiempos de Lorca, Así que pasen cinco años se consideró “irrepresentable” a pesar de que en 1936 se ensayó para ser presentada en octubre lo que impidió el estallido de la Guerra Civil en España.

Estudiosos han visto en ella facultades proféticas, pues sus reflexiones acerca de la muerte en un foso resultaron después reales cuando el poeta fuera fusilado a mansalva en la región de Granada que lo vio nacer y morir cruelmente asesinado.

No fue hasta 1959 que el Teatro Recamier de París realizó su estreno mundial, aunque en idioma español lo hiciera diez años después el español Julio Castillo en el Zócalo de México.

Su vocación surrealista y su densidad metafórica no pudieron encontrar un público mejor que el cubano, preparado por su nivel de instrucción y su entrenamiento en ver abundante teatro para puestas y expresiones que a otros auditorios pudieran parecer extrañas y hasta insoportables.

Con funciones a teatro lleno puede asegurarse que Así que pasen cinco años tuvo un feliz estreno en La Habana. Los que asistieron a las tres funciones realizadas por El Público llevaron a sus casas el buen sabor de un nuevo encuentro con Lorca: autor de culto en Cuba y figura que ha influido en la poesía y el arte dramático de la Isla caribeña.

Carlos Díaz realiza así también su sueño de representar todo el llamado “teatro imposible” de este autor andaluz pues hace algunos años montó también para la escena cubana El Público, pieza que da nombre a su excelente compañía teatral.

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