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Marta Rojas: Una novela que explora relaciones entre Cuba y España

Marta Rojas

La periodista cubana Marta Rojas —única reportera que asistió al juicio en que se condenó a Fidel Castro por el Asalto al cuartel Moncada en 1953— es también una prolífica novelista que ha recibido, entre otros, el Premio Alejo Carpentier del Instituto Cubano del Libro.

Aunque todas sus novelas, la mayoría históricas, exploran las relaciones de Cuba con España en la época colonial, la más reciente, que lleva el título de Las campanas de Juana La Loca, convierte en personaje lleno de matices y sutilezas a la famosa reina hija de Isabel y Fernando, y esposa de Felipe el Hermoso.

Editada primero en Argentina y después en Cuba, según la nota de contracubierta de esa última edición, la obra describe “momentos delirantes del Nuevo Mundo cuyo telón de fondo despliega la inteligente y transgresora reina Juana la Loca…”.

“Un lector de tabaquería —añade la sinopsis—, figura original en Cuba, conduce la lectura de esta trama de amor y de pasiones en tiempos convulsos a lo largo de tres siglos”.

Bueno es recordar que el lector de tabaquería, Patrimonio Nacional Cubano y de la Humanidad, es la persona que se encarga de leer novelas, leyendas, poesías y cuentos para entretener a los trabajadores que lían tabacos en las grandes fábricas de cigarros.

En un debate realizado recientemente en Madrid tras la presentación de Las campanas… en la Organización de los Estados Iberoamericanos se calificó a esta novela como la obra más sorprendente de Marta Rojas.

La estudiosa española Clara Caballero definió a la autora como “la Benito Pérez Galdós de Cuba porque su obra no es lineal y es muy galdosiana.

Para responder algunas interrogantes que pudieran ser de Interés a los lectores de Más Cuba, nos acercamos a Rojas y le formulamos un puñado de preguntas que ella accedió, gustosa a contestarnos.

 

¿Por qué escogiste el personaje de Juana la Loca para recrearlo en tu novela? ¿Qué te sedujo de ella?

Es un personaje seductor para cualquier novelista, desde luego, pero es una feliz coincidencia. No la escogí: era imprescindible para la novela que quería hacer, cuyo eje principal son las minas de El Cobre (como se conoce en la contemporaneidad) .Se trataba de la primera mina de cobre que los españoles descubrieron en el Nuevo Mundo. Eso ocurre en el reinado-regencia de Juana de Castilla, que ha pasado a la historia como la reina Juana, La Loca. Es rigurosamente cierta la idea de que en principio los descubridores pensaban que ese mineral podía ser oro, y resultó que era cobre. Y que había también hierro en la zona. La reina Juana, madre de Carlos Primero de España y pocos años después Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, decidió que con esos minerales debían hacerse campanas para las parroquias o iglesias del Nuevo Mundo, empezando por una parroquia que debía abrirse en ese lugar. De ahí el titulo de Las campanas de Juana La Loca, hija de los reyes católicos Isabel y Fernando.

También es rigurosamente cierto que el estatus de los esclavos negros de la mina debía ser diferente a los esclavos de particulares. Serían esclavos del Rey y se repartirían parcelas para ellos y sus familias. Eso lo deciden Juana y su hijo Carlos, pues esos esclavos iban a estar armados de picos y otros instrumentos, que, de hecho, eran armas.

Cuando cesó ese régimen —sigo en la verdad, no ficción— y se alquiló el coto minero a particulares, estos quisieron revertir ese perfil y ahí comenzó la guerra de los cobreros (guerra irregular, de cimarrones) que duró unos 160 años, exigiendo el derecho que se le había dado por Juana y el Rey su hijo. Y finalmente vencieron los cobreros. Se le reconoció (a los descendientes, desde luego) ese derecho real que se les había otorgado en el siglo XVI, gracias a Juana.

Como bien dices, Juana es un personaje seductor, romántico, sufrido, inteligente y me resultó ideal para llevarlo de principio a fin de la novela. De ahí que creé el personaje de Jünger (un supuesto paje de la Reina que decide emprender la Carrera de Indias y escribir una crónica alemana sobre el tema), él (ficción ciento por ciento aunque ella tuvo pajes alemanes) la conoce y la quiere como un hijo.

 

En tu narrativa la España colonialista está muy presente ¿Qué importancia le concedes al elemento español en la conformación de la identidad cubana?

Es imprescindible en cualquier novela cubana que trate la historia, la presencia de España. No puede ser de otra manera, como tampoco podemos obviar la esclavitud africana o personajes que tengan que ver en ese hecho. Mis novelas tratan, además, del mestizaje cultural y racial, y sin España no se podría escribir ningún episodio histórico de Cuba, y no solo de Cuba sino de América toda, incluyendo territorios del norte. Pero, además, por afición he leído bastante sobre la Historia de España y no menos de su literatura, empezando por la picaresca y El Quijote, que me encanta.

 

En qué fuentes documentales te apoyas para visitar el período que se fabula en Las campanas…?

Pues bien, en unas pocas fuentes documentales, biográficas y en muchas pinturas de Juana, de Felipe el Hermoso, de Carlos V y otros vinculados a ella. Te diré que con independencia de lecturas mi fuente principal fue la observación. He tenido la suerte de visitar dos veces el Museo del Prado —sin hacerlo a propósito de la novela— y tengo como una película grabada en mi mente cuadros famosos de esos años en el Reino de España. Tanto pinturas como gobelinos —aunque los gobelinos que describo en la novela, respecto a Juana, los “pinté” yo. Sabía que Juana tuvo relaciones amorosas con Felipe el Hermoso antes del matrimonio, y a partir de esa información, que no me cupo duda que sea cierta, pues pinté las escenas que aparecen en la novela. También vi algunas pinturas sobre el traslado del cuerpo de Felipe hasta Granada, e ideé cómo pudo haber sido según el temperamento de la Reina. Lo cierto es que el peregrinaje existió, los detalles son imaginativos.

La cuestión es que estoy afiliada a la idea o el axioma de que la historia describe los hechos y la novela debe despertar emociones, y escarbar el alma de las personas, el carácter y actitudes cambiantes del individuo.

En cuanto a la observación te diré más. Leí que en uno de los viajes de Juana y Felipe llegaron a Illescas, donde está la patrona de la Caridad. Por fortuna, en el 2012, cuando ya estaba escribiendo la novela, fui a España como jurado del Concurso Cervantes y los anfitriones me invitaron a visitar la llanura castellana y Toledo. Desde luego, por ahí está Illescas. Fue maravilloso porque ese rato en la iglesia me dio toda la “inspiración” —para decirlo de algún modo— para enlazar el predio del Cobre que favoreció la Reina, con el culto mariano y la Virgen de la Caridad del Cobre (Patrona de Cuba).

Tú conoces mi casa y sabes que solo tengo un pequeño archivo, casi lleno de libretas de notas y algunos files, los imprescindibles. Así como cuatro libreros encristalados. La papelería excesiva me abruma.

Antes de terminar este tópico debo decirte, algo que conoces: nunca he escrito un verso pero me gusta leer poesía y esta me ayudó mucho a matizar la obra. En la novela están presentes: García Lorca, Gastón Baquero, Neruda, Alberti, El Cantar de los Cantares y Silvio Rodríguez, describiendo acciones de entonces, de hace muchos siglos atrás.

 

¿Cuánto de ficción y cuánto de realidad hay en tu novela?

En términos de proporciones te diré que un 20 por ciento de realidad y un 80 por ciento de imaginación, siguiendo mi norma de cómo pudieron haber sido las cosas, a lo largo de algo más de tres siglos, contenidos en unas cuatrocientas páginas. No puedo ocultar que por el hecho de haber nacido y haberme criado en Santiago de Cuba, conocí o conozco muchos elementos antiguos por traslación oral, incluyendo apellidos, y obviamente la historia de Santiago de Cuba.

 

En cuanto al personaje de Juana la Loca, la gran verdad, la expresé antes: Fue ella quien echó a andar las minas del cobre de Santiago de Cuba. Ella tenía esa personalidad que se describe en la obra y fue una víctima de su tiempo, es verdad que amó, desesperadamente. Es verdad que es un símbolo del amor. Yo me propuse hacer una novela de amor, distinta.

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