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Nicolás Guillén: un documental imprescindible

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Un documental sobre la vida y la obra de quien es considerado, aun después de su muerte, el poeta nacional de Cuba fue exhibido en La Habana y también por la televisión de la Isla con motivo del aniversario 55 de la creación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Dirigido por Ernesto Bosch y producido por la productora Octavio Cortázar y el Instituto de Artes e Industria Cinematográficas (ICAIC), el documental, que se titula Nombre común: Nicolás recoge los testimonios de escritores que lo conocieron íntimamente, alternando con imágenes de archivo poco conocidas del autor de Sóngoro Cosongo, así como de familiares cercanos.

La banda sonora incluye, además, las musicalizaciones que de los textos de Guillén realizara el cantautor Pablo Milanés, así como la propia voz del poeta declamando algunos de sus poemas más memorables y el que le dedicara el actual presidente de la UNEAC, Miguel Barnet, en su Oda por Nicolás Guillén, con el que comienza y culmina un material que sirve para homenajear al que fuera el primer presidente de esa organización, que agrupa a la vanguardia de escritores y artistas cubanos de todas las tendencias estéticas.

Dicha organización no gubernamental fue creada en agosto de 1961 como una idea del líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro. La cinta nos muestra a una figura cimera de la literatura cubana en su compromiso con la justicia social, pero también como el escritor que supo sintetizar y llevar a su obra la cubanía en sus formas más elaboradas que, como se sabe, nacen de la fusión de lo español con lo africano.

El documental tiene la virtud de mostrarnos a un Nicolás Guillén que escribió una poesía social a partir de sus propias experiencias emocionales y vivenciales, y no desde la propaganda o el panfleto.

Así lo recalca la poetisa Nancy Morejón, muy cercana a este grande de las letras cubanas en uno de los testimonios más esclarecedores de todo el audiovisual, en el que también se incluyen opiniones de Abel Prieto, Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar y Roberto Méndez, cuyas percepciones profundas e inteligentes son como un redescubrimiento para las jóvenes generaciones que, según Abel Prieto, ministro de Cultura, no leen lo suficiente a Guillén debido al establecimiento de otros paradigmas más de moda entre una generación que todavía no ha calado en su poética con la profundidad que ella merece.

Nombre común: Nicolás enfatiza en el impacto que tuvo en el poeta su viaje a España en medio de la Guerra Civil. Fue allí donde decidió su compromiso político con la causa comunista de tal manera que se afilió, después de su participación en ese Congreso de Escritores al que asistiría, al Partido Socialista Popular cubano, militancia que mantuvo hasta el fin de su vida cuando la Revolución de 1959 desembocó en la creación del hoy Partido Comunista.

Resulta conmovedora la intervención de la hija de Rafael Alberti, Aitana, hoy radicada en Cuba, que recordó la profunda amistad de Nicolás Guillén con su padre cuando el poeta cubano se vio obligado a exiliarse en Argentina, donde compartió con su colega español momentos inolvidables.

El fino sentido del humor, el rigor con que asumía su trabajo literario, la hazaña de haber elaborado una teoría, desde la poesía, de lo que llamó “color cubano” son también elementos que recalcan los testimoniantes, quienes coinciden en considerarlo la personalidad literaria más relevante de la literatura cubana que se convirtió en universal.

Imágenes de archivo y declamaciones de Guillén en su propia voz alternan con las entrevistas, mostrándonos en vivo una trayectoria vital que no excluyó la vida familiar contada por sus nietos, uno de ellos, Nicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación que lleva el nombre del poeta y que realiza constantes coloquios, conferencias y publicaciones para mantener viva la imagen del gran escritor en una Cuba donde su presencia no puede ser ignorada.

El blanco y negro contribuye a ese sentimiento de nostalgia que los espectadores reciben como una muestra de todo lo realizado en términos de promoción de la cultura cubana por un hombre cuyo compromiso con la justicia social y con la poesía no pueden ser separados en compartimientos estancos.

La televisión cubana mostró el documental y, gracias a él, se rindió un merecido homenaje a quien fundara y presidiera la Unión de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC) desde agosto de 1961 en que fuera fundada hasta su lamentable deceso en 1989.

Merecido homenaje a uno de los más grandes autores del siglo XX cubano que, al decir de Nancy Morejón y otros testimoniantes, nunca confundió la propaganda con la literatura, que sintió hondamente cada línea que escribió y que no dejó un aspecto de la vida fuera de su obra, pues aunque en el documental se habla poco de su poesía amorosa ella también forma parte de la obra inmensa de un hombre bien conocido en todas partes del mundo por su genialidad y su coherencia.

Nombre común: Nicolás Guillén es un material de excelencia en su realización y un homenaje merecido al inmortal creador de Sóngoro Cosongo.

 

   

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