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Primeras plazas de La Habana cobran encanto mayor

Cuando transcurre el año 500 de su fundación, que tendrá como colofón el programa festivo del 16 de noviembre de 2019, es placentero hablar de las primeras plazas de La Habana, nacidas casi a la par de la villa misma.

Con una función utilitaria, su función de lugar preferido para el solaz, el encuentro con amigos y conocidos y un afanoso trasiego mercantil las fue particularizando para formar parte imprescindible de la historia de la capital.r

 Después de un primer intento fallido en el siglo XV, la ciudad de La Habana vino al mundo de una buena vez el 16 de noviembre de 1519 a la vera de una ceiba frondosa (árbol autóctono) frente a la deslumbrante Bahía de Carenas.

  Y como toda buena villa de antaño la vida empezó a bullir con el color y bullicio de los trópicos en torno a una plaza principal. Tal vez porque esa área se destinó enseguida a las paradas militares y ceremoniales, pronto empezaron a surgir otras pequeñas plazas en distintos puntos de la urbe en formación. Pero todavía no estamos hablando la capital cubana. Esa condición llegó años más tarde-

  Cronistas de aquellos tiempos cuentan que esas plazas eran sitios muy concurridos por habitantes o recién llegados del ancho mundo y eran personas de toda laya.

 Una muchedumbre de caballeros y aventureros, en sus propias cabalgaduras, marinos, corsarios, misioneros, sirvientes, curas y damas de vida alegre y los infaltables comerciantes, de pregón estridente o melodioso, pisoteaban las mal colocadas piedras de sus suelos, generalmente enlodadas por los fuertes aguaceros del trópico.

  En el siglo XVII se contaban cinco plazas: la de Armas o Mayor, la de san Francisco, ornamentada con la Fuente de los Leones en el XIX, lamPlaza Nueva, en nuestros días conocida como Vieja, la del Santo Cristo y la de la Ciénaga. La última conocida en nuestros días como Plaza de la Catedral.Por su emplazamiento, la villa fue creciendo vigorosamente. En 1553 el Gobernador decidió establecerse allí, dejando Santiago de Cuba, la capital oficial.

Sin embargo, la condición de ciudad sólo la recibió en 1592, y el nombre elegido fue San Cristóbal de La Habana.

  Cuando el nombre inicial de Plaza Nueva se creó un área comercial muy necesaria entre los contornos de las calles Muralla, Mercaderes, Teniuente Rey y San Ignacio. Se dice que allí desde principios del siglo XIX funcionó el Mercado de la reina Cristina, dedicado a la venta de pescados y se anunciaban decretos reales.

  Más tarde, la plaza cedió parte de sus terrenos a favor de la construcción de palacetes y mansiones, algunos de ellos todavía en pie, luego de restauraciones importantes. Ese cambio significaba el principio del fin del auge de la plaza como centro comercial.

 Una de las casas más hermosas de la colonia, la vivienda de los Condes de Jaruco, fue erigida en la primera mitad del siglo XIX.Sus elegantes arcos de medio punto, característicos de la arquitectura cubana de la época y sus muros de dura piedra de la región albergan hoy una institución cultural. Otras viviendas antiguas, casi todas de dos plantas abundan en el área circundante de la plaza. Ello revela la prosperidad de la zona en sus primeros tiempos. Corren días diferentes pero siguen llenas de vida, y tal vez el encanto es mayor en las cercanías de una fecha tan grandiosa como ocurrirá la jornada del ágape por el medio milenio.

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