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Recordando a los Van Van: La Habana tiene… Cinemanía

Hay algo que la mayoría de los habaneros y los viajeros de paso  disfrutan con fruición por estos días en la capital: son las sesiones maratónicas de buen cine de la región que va desde el río Bravo a la Patagonia y de otras partes del mundo.

Es otro diciembre en el cual está en marcha el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, del seis al 16 del mes, y las salas de exhibición vibran con los aplausos y satisfacciones de un público feliz, y hasta alguna rechifla discordante puede escucharse en la viña del Señor. Responderá a la pasión del cubano por el séptimo arte y todo vale.

Afuera, largas colas de pacientes y animados futuros espectadores esperan por su turno para entrar a la próxima tanda, no siempre con paciencia y el grosor de las filas se vuelve preocupante para los del final, quienes recelan con razón de los intrusos llegados a última hora para “colarse” con los amigos.

Cosas de una cita sobre la que no es exagerado afirmar hay verdadero amor en los capitalinos. En este año por suerte ha llegado un frente frío a refrescar de manera muy agradable estas jornadas que transcurren, algo que encanta a los naturales, pues también adoran en sentido general su fementido invierno de pocas horas o días.

Pues hasta el inviernito cubano hace recordar a las primeras citas de un evento creado hace ya 40 años, con la intención de hacer valer la creatividad y  una forma de hacer revolucionaria por su esencia, reflejo de las culturas de la región, sus gentes y sus emociones, sin desdeñar el hálito que también podía ofrecerle lo más novedoso del cine universal, los grandes maestros europeos de los 60, por ejemplo.

O sea, un cine latinoamericano de mirada ensanchada hacia adentro, a sus realidades, y hacia el horizonte. Con preferencia, muy desprejuiciada y libre.

Ha sido así una plataforma donde el discurso social o político, la denuncia descarnada o el tema histórico se han mezclado con miradas intimistas, existenciales, los mundos de lo real  maravilloso o realismo mágico tan esenciales es en el imaginario de la América Nuestra, en un calidoscopio que ha generado sentimientos de pertenencia y han significado obras de una calidad indiscutible, más allá de los premios Coral que hayan ganado.

Nadie se duele por acá de la falta de relumbrantes ceremonias donde las bellezas inalcanzables y los millonarios exhiben sus caros modelos de modistos exclusivos y sus costosas joyas. Ténganlo por seguro que no. En cambio, puede que no haya evento más populoso y más concitador de espectadores genuinamente apasionados que los del festival de La Habana.

Este año el maestro del cine cubano Tomás Gutiérrez Alea recibe un merecido homenaje, pues hubiera cumplido 90  de existencia el célebre creador de Memorias del subdesarrollo, Fresa y Chocolate y Una pelea cubana contra los demonios.

Unos 400 largometrajes, cortos, documentales y animados, amenizan un programa que  causa furor por estos días. En tanto estrellas como el puertorriqueño Benicio del Toro está entre los asistentes, para regocijo de los cubanos que lo tienen entre sus actores favoritos. También el estadounidense Matt Dillon, uno de los más notables integrantes de la generación de actores promovida por Francis Ford Coppola.

Una figura nacional descollante es el bailarín clásico cubano Carlos Acosta, inspirador del filme Yuli de la española Iciar Bullain, un verdadero suceso de popularidad   en el Festival.

Entre los notables creadores asistentes son insoslayables los nombres del  director argentino Luis Puenzo, Oscar por La historia oficial y el mexicano Jorge Fons , realizador de la multilaureada El callejón de los milagros, inspirada en la obra del brillante autor egipcio Naguib  Mahfuz.

Una gran expectativa y cierto halo mágico hay alrededor de los filmes cubanos Insumisas, de Fernando Pérez y Laura Cazador,, e Inocencia de Alejandro Gil, por sus historias fuertes, conmovedoras y facturas excelentes, con el ingrediente de provenir de la historia y la vida real, lo que les da más realce.

La muestra internacional exhibirá la cinta española  Todos los saben,  con Penélope Cruz y Javier Bardem.

La prestigiosa actriz cubana Blanca Rosa Blanco, un nombre y un rostro admirado en la escena nacional se estrena como realizadora al presentar el filme El regreso, en co-autoría con Aldo Luberta.

Como se observa los cubanos tienen razones para seguir prefiriendo la complicidad de las salas oscuras y la proyección en las pantallas de gran formato. Que continúe la cinemanía.

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