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Rogelio Martínez Furé: Soy un simple aprendiz de la vida

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Escritor, africanista, folclórogo, compositor y cantante, el doctor Rogelio Martínez Furé acaba de obtener el Premio Nacional de Literatura de Cuba correspondiente a 2016.

La noticia fue recibida con un júbilo general porque aunque este hombre, para muchos un sabio, no ha escrito ficción ni es autor muy considerado en el estrecho canon de algunos académicos de la Isla, su grandiosa obra inclasificable apunta a fundamentar y convertir en palabras las claves más profundas de la identidad nacional.

Un timbre de teléfono en el mismo momento en el que recibía la visita de un grupo de filmación de la televisión que realiza un documental sobre su vida y obra, lo sorprendió con la noticia. Y él afirma que aunque es acreedor de muchos premios, este de literatura tiene una connotación para él muy especial, tanta que es incapaz de expresarla por medio del lenguaje.

“Soy un hombre de múltiples existencias —dice a Más Cuba—, he trabajado en el cine, en la danza, en la música y como profesor de instructores de arte y más tarde del Instituto Superior de Arte donde impuse la historia antigua de España porque ese país, que es uno de los que conforman lo cubano, es un puente de muchas civilizaciones y con él tengo una relación especial”.

Y, efectivamente, aunque a Martínez Furé se le reconoce como un africanista, sus vínculos con la vertiente hispana de la idiosincrasia cubana son antiguos y sobrepasan el conocimiento superficial.

Desde 1964 visita esa nación europea. “Entonces —apunta— España era un país muy subdesarrollado y el franquismo había obligado a emigrar a una gran cantidad de sus ciudadanos.

“Estaban esparcidos por toda Europa, realizando las labores peor remuneradas mientras la Costa Brava de Cataluña recibía a los turistas de todo el Continente”.

Después en los ochenta le tocó visitar múltiples regiones de la Península en las giras que realizó con el Conjunto Folclórico Nacional, del cual fue fundador, y en el año 1995, la Universidad de La Laguna organizó un curso de verano al que fue invitado para impartir un tema sobre la santería cubana pues estaban muy interesados en ella.

No te imaginas —comenta— lo extendida que está esa religión en España. Recuerdo que en el 2000 asistí a un evento en Ronda dedicado a la música cubana y cuando llegué al aeropuerto de Málaga me tropecé con cuatro catalanes vestidos de blanco que venían a realizar sus ritos de iniciación a Cuba.

Las religiones afrocubanas —afirma— están extendidas por todo el mundo desde 1959 cuando el triunfo de la Revolución provocó la primera ola migratoria. Los cubanos estamos en todas partes del mundo y hemos llevado con nosotros nuestra religión como un patrón identitario y la hemos esparcido hasta las más inimaginables regiones del planeta.

Martínez Furé opina que aunque los cultos de origen yoruba se atribuyen siempre a los esclavos traídos de África y sus descendientes, ya la investigadora cubana Lidia Cabrera había descubierto que las familias aristocráticas de origen hispano en el siglo XIX también los practicaban.

Dice que aunque se achaca a España el catolicismo en realidad las religiones precristianas con sus brujas y milagreros yacen como una corriente subterránea que se conecta muy bien con la santería.

Al flamante Premio Nacional de Literatura cubano no le gusta utilizar la expresión de sincretismo para catalogar la adoración que manifestaban los esclavos con las imágenes del catolicismo manteniendo en silencio la devoción a sus orichas.

Me gusta más —expresa— el término yuxtaposición porque se trata de una superposición que puede compararse con una cebolla o una col donde son las diferentes capas las que nos llevan al meollo.

Recuerda que fueron los gallegos los que introdujeron los alfileres en los muñecos, una práctica de origen celta, mientras las mujeres de los ríos que se veneran en Europa son el equivalente de los orishas: fuerzas antropomórficas que coinciden con las creencias de los africanos.

“Los cubanos no solo somos herederos de lo negro, sino de todas las culturas. Hemos tomado de todas las civilizaciones por la confluencia de todas en este Gran Caribe del que formamos parte”, asegura.

A este gran conocedor de la cultura universal al que muchos calificamos de genio o de sabio, no le gusta que lo definan así.

“Yo —confiesa— soy un simple aprendiz de la vida que aspira a armonizar su mundo interior con el exterior y para ello he recurrido a todas las filosofías: la africana, la oriental, la de la Europa profunda”.

Desde niño soñó con viajar mucho y cumplió con ese anhelo. Ha recorrido más de cuarenta países. “Estuve en Babilonia, hundí mis manos en el Eufrates, vi el amanecer y el anochecer de Kyoto”.

¿Es Rogelio Martínez Furé un hombre realizado? “Absolutamente no —responde de inmediato—, Eso sería pecar de soberbia y un pecado capital para todas las religiones. Te repito: soy un eterno aprendiz de la vida a quien le gusta regar, cultivar y hasta hablar con sus plantas.

 

“Lo principal —añade— es no temer a las trampas que te pone la vida, sino saltar sobre ellas y tratar de que se hagan realidad los sueños que uno tiene”. 

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