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Salto Fino, la mayor cascada del Caribe insular

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El geógrafo cubano Antonio Núñez Jiménez dedicó lo último de sus fuerzas vitales a verlo de cerca, desde tierra, pues muchos años atrás lo había descubierto para la ciencia desde un helicóptero.

Un hombre casi pierde la vida por medirlo, y el primero que llegó a su cima dice que a estas alturas de su vida le cuesta analizarlo con mirada científica, y que si de alturas se trata, la de Salto Fino solo puede igualarse con el infinito.

Así de apasionado se refiere sobre Salto Fino Adognis Sánchez, primero en ver las Cuchillas del Toa desde la cima de este salto. Es un cubano amante de la naturaleza y de los deportes extremos quien, viviendo en Miami, no ha olvidado las emociones que da transitar por ese túnel vegetal por el que se escurre el Arroyo del Infierno justo antes de caer al vacío, entre paredes de rocas negras, lustrosas y brillantes, donde los árboles hacen un cobijo tupido, como centinelas que guían hacia el balcón natural en el que abruptamente caen sus aguas.

Pararse en su cima coronada de chispeantes y sonoras aguas, que se aglomeran en su pequeña poceta, es un lujo que pocos hemos podido disfrutar. Se arremolinan los ojos y el alma en un vuelo hacia la inmensidad sobre las siluetas de las Cuchillas del Toa: es sobrecogedor observar desde este punto la naturaleza pura de estos bosques de tipo amazónico, únicos en el hemisferio norte de nuestro planeta.

La cuenca de Salto Fino en especial se vuelve más misteriosa, porque es totalmente desconocida; sus montañas aún no han sentido el repetido paso humano, y se nota. Forma parte de una cuenca mucho más grande, la del Toa, que alberga al río más caudaloso de Cuba, el río Toa con sus hermosos afluentes del Quibiján y el Jaguaní.

El geógrafo que más tiempo dedicó a su estudio y protección, es precisamente Antonio Núñez Jiménez, quien con su último aliento realizó dos expediciones, que serían las últimas de su intensa vida como explorador por todo el mundo, para reencontrarse con Salto Fino y observarlo desde tierra, medirlo y referenciarlo con filmaciones y fotografías.

Estas dos expediciones Núñez las organizó presidiendo la Fundación de la Naturaleza y el Hombre, ONG ambientalista y cultural fundada en 1994. Es así que en 1995 y 1996 logró filmar todo el esplendor y caída del salto de agua más alto del Caribe insular, animado por el recuerdo de cuando lo fotografío en 1966 desde las alturas de un helicóptero.

Desde tierra y observándolo desde el Estribo de los Helechos, lo calculó en 305 metros, corroborados por Adognis Sánchez en la década de 1990, quien en sucesivas incursiones a su cima, y gracias a estudios en su altiplanicie y su descenso, brindó importantes datos del perfil orográfico de este hermoso arroyo.

Para celebrar los 90 años de Núñez Jiménez, la Fundación que hoy lleva su nombre realizó dos expediciones (TOA 2014 y TOA 2015), en las que se pudo filmar en HD y 3D toda la riqueza paisajística de la cuenca del Toa, incluida la del Arroyo del Infierno.

Liderados por el geógrafo Reynaldo Estrada, realizamos un estudio integral de esta última entre el 25 de abril y el 3 de mayo de 2015, cuando se pudo confirmar la magnífica capacidad de “fabricar” agua de esta altiplanicie. Dato aún más importante luego de 10 días de total sequía, en los que la pequeña cuenca no dejó de producir agua estable, pura y cristalina, como una esponja que absorbe toda la humedad circundante y que permite mantener un ecosistema único, bien conservado, y con un paisaje muy singular.

La medición de Salto Fino arrojó una altura de 257.5 metros, hecha por Esteban Grau González Quevedo, de la Delegación de la FANJ en la provincia de Matanzas y de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Esteban usó un distanciómetro Leica A3 conocido como Disto X, que permite determinar la inclinación, la distancia y la dirección.También lideró el proceso (interesantísimo y arduo) de cartografiar el Arroyo del Infierno completo. Tuve el privilegio de formar parte de la pequeña tropa que hizo esta cartografía junto a Owen Cabrera Zangroniz y Jhonny Vega Piloto, ambos espeleólogos de Matanzas, con la emoción y el honor que tuve de haber localizado su nacimiento y fotografiarlo por primera vez muy cerca de la primera bifurcación, que Esteban bautizó como La Guitarra, por la forma de cuerdas en que las lianas descienden de la copa de los árboles.

La cuenca del Arroyo del Infierno mide 69 hectáreas, surcada por aguas que van creciendo, mientras se suman 11 bifurcaciones, y van avanzando por lo que proponemos llamar el Paso de las Libélulas: un paso que podría convertirse en parte del senderismo que propondremos en un futuro a las autoridades que regulan esta actividad en Cuba: el Centro Nacional de Áreas Protegidas, la entidad de mayor importancia ambiental para el país en materia de conservación. Propondremos la declaración y manejo de esta zona con categoría de Elemento Natural Destacado Antonio Núñez Jiménez, para un trabajo sistemático de conservación y manejo de ecoturismo especialmente sustentable y estricto por la fragilidad de este ecosistema.

 

Y es que la cuenca del Toa ha sido constantemente amenazada en sucesivas oleadas por proyectos de desarrollo de minería y de una hidroeléctrica, siendo una prioridad para la FANJ la conservación de su patrimonio cultural y natural. 

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