Usted está aquí
Inicio > Sociedad > Una cubana que hizo época

Una cubana que hizo época

No estaban muy lejos de la realidad los habaneros de las primeras décadas del siglo pasado que, con esa facundia característica del cubano, comenzaron a llamar a Las Delicias, una casa quinta de la barriada capitalina del Cerro, como La Finca de los Monos. Su propietaria Rosalía Abreu Arencibia fue una santaclareña proveniente de una familia culta y con muchísima fortuna. Ella, y sus dos hermanas mayores, Rosa y Marta, quedaron en la memoria de su ciudad natal por ser grandes benefactoras, y en la historia de Cuba, por patriotas que contribuyeron a la independencia de su patria.

Educada en Estados Unidos, vivió los últimos años del siglo XIX como emigrada en Francia, país que acogió también a sus dos hermanas, y a otros familiares y amigos.Allí se casó con su coterráneo Domingo Sánchez Toledo, que era médico y con quien tuvo a sus hijos Jean, Raquel, Pierre y Lilita. Cuando terminó la guerra de los cubanos contra la metrópolis española que había empezado en 1895, regresó a Cuba y se posesionó en Las Delicias, una de las propiedades resultante del vasto patrimonio familiar.

La mansión, que convirtió en centro de tertulias de artistas y científicos quedó destruida, por un incendio en 1901, pero ella puso todo su empeño en levantar otra que proyectó el arquitecto francés Charles Brun. El nuevo palacete tuvo una sonada inauguración el 3 de mayo de 1906 de la cual se hicieron eco los periódicos y varias revistas culturales y de recreo. En su nuevo castillo de Palatino abrió sus puertas a la intelectualidad criolla y a la alta sociedad del país. Sin abandonar su vocación altruista y su condición de benefactora, se convirtió por antonomasia en la anfitriona de moda de la capital.

Rodeada de plantas ornamentales y árboles frutales que cubrían una gran extensión de terreno, con senderos y un estanque artificial, la casa con sus torres y atalayas, sus suntuosas escaleras y su amplia terraza, fue la suma de varios estilos inteligentemente armonizados. Su dueña —Rosalía había enviudado poco tiempo después de reanudar sus reuniones sociales— y sus hijos, con todo el entusiasmo que transmite un nuevo proyecto interesante y novedoso, comenzaron a poblar con animales exóticos los predios de aquella extraordinaria casona.

Frecuentada por celebridades de la cultura vernácula, su fama traspasó las fronteras del país y su casa se convirtió en punto de referencia de muchos viajeros que llegaban a la Isla. La admirada diva Isadora Duncan, de paso por La Habana en 1916, dejó registrado en su autobiografía, este singular recuerdo:

“Visitamos otra casa, que estaba habitada por una dama de la más rancia familia cubana, que tenía la manía de los monos y los gorilas. El jardín de la casona estaba lleno de jaulas, donde guardaba a sus animales favoritos. Era esta casa uno de los sitios más curiosos para visitantes. La dueña dispensaba a estos la más pródiga hospitalidad. Los recibía con un mono en el hombro y con un gorila que llevaba de la mano: los animales más domesticados de su colección… Lo más notorio de esta señora es que era muy hermosa, con grandes ojos expresivos, culta e inteligente”.

Sin embargo, otras personalidades que llegaron a conocer a Rosalía y visitarla, no solo lo hicieron por recrearse con el entorno natural que había logrado en su quinta; acudieron en busca de su conocimiento y bien ganados créditos como etóloga. En tal caso estuvo el director del Zoológico de Nueva York, William T. Harnaday, y el Dr. Robert M. Yerkes, del Laboratorio de Sicología de la Universidad de Harvard.

El Dr. Yerkes apreció la experiencia de Las Delicias y puso mucho de lo visto en ella en función de su trabajo en el laboratorio de biología de primates de la Universidad de Yale y en la Estación de cría y experimentación de antropoides en Orange Park, en la Florida. El testimonio que dejó consignado en su autobiografía es absolutamente significativo:

“Volviendo inmediatamente de mis actividades de administración y promoción en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, dediqué el verano de 1924 a la investigación antropoide en La Habana, Cuba, donde, gracias a la generosidad de la señora Rosalía Abreu, y con la colaboración de la Institución Carnegie de Washington, tuve la oportunidad de observar una gran colonia de primates”.

 

Rosalía, una mujer que hizo época, falleció en su ciudad natal el 4 de noviembre de 1930; allí se le tiene presente por las varias obras que dejó en pie y para el disfrute de los desposeídos. Criticada hasta la ofensa en ocasiones, y colocada en rango de leyenda en otras, la ciencia, empero, valora su contribución a los estudios sobre la conducta de los simios y por haber sido la primera persona que en el mundo logró el nacimiento de un chimpancé en cautiverio.

Deja un comentario

Top
Main menu