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Una historia no contada sobre la Cueva de Altamira

Altamira boceto

Si no ignorado, es al menos poco conocido que, cuando algunos círculos científicos importantes de Europa debatían y ponían en dudas la autenticidad del descubrimiento de las pinturas rupestres de la Cueva de Altamira en Santanilla del Mar, en Cantabria, España, en La Habana se dio crédito a la noticia, se valoró el hallazgo como un acontecimiento extraordinario sin precedentes, y se avaló, sin el menor asomo de escepticismo o burla, la posibilidad de la existencia del arte no obstante su antigüedad, criterio muy osado para la época pues para muchos resultaba improbable que tales prácticas artísticas allí encontradas provinieran de los hombres primitivos de la llamada Edad de Piedra.

Fue en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, institución que agrupaba a los científicos más destacados de la Isla, donde se dio a conocer, el 27 de octubre de 1880, un informe sobre el hallazgo de Altamira y sus controversiales pinturas. El médico José Argumosa, miembro corresponsal de la corporación habanera en la Península, se encargó de remitir la noticia explicando parte de su labor en la comisión exploradora a la gruta, donde también habían participado un profesor de historia nombrado Juan Regil, el médico Adolfo Rebolledo y el farmacéutico Eduardo P. de Molino.

En las palabras previas a la lectura del informe se mencionó la participación en los reconocimientos de tres importantes intelectuales españoles, José Vilanova, Francisco Gener de los Ríos y Miguel Rodríguez Ferrer, aclarando que ellos, motivados por la magnitud del descubrimiento, del cual no solo formaban parte las pinturas, sino también gran cantidad de huesos de animales junto a residuarios de instrumentos de labor de los hombres que habitaron la caverna, se habían encargado de la divulgación dando a conocer la importancia del yacimiento prehistórico.

La detallada notificación de Argumosa pormenorizaba algunos aspectos referentes a las pinturas y la ubicación de las mismas en uno de los principales corredores de la caverna. Según lo observado por él en el techo de la galería próxima a la entrada se encontraban “…pintadas con fondo amarillo y rojo oscuro y contornos negros sobre rayitas esculpidas en piedra, las que por su aspereza e irregularidad parece que han sido hechas con instrumentos de sílice, muchas figuras representando animales, de un dibujo muy correcto”.

Se refería también a la existencia de gran cantidad de restos orgánicos, donde abundaban sobremanera los huesos del oso de las cavernas, del caballo primitivo, de lobos, renos, bisontes, y muchas conchas marinas y pedernales labrados. Adjuntó el plano de la cueva —hoy día perdido—dibujado a una escala de 1:2, 000, y reprodujo, agrupadas de manera similar al orden en el cual fueron halladas en la gruta, las pinturas de una cierva cuya dimensión se calculó aproximadamente en 2,25 m, y la de varios jabalíes y bisontes, además de otras figuras entre ellas, algunas antropomorfas.

Desafortunadamente, las breves pero valiosas notas de este médico cubano —José Argumosa fue además vicepresidente de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba—, publicadas en los Anales de la Academia de Ciencias habanera, quedaron interrumpidas, pues falleció en España en 1881, a un año de haber iniciado tan encomiable labor. Altamira y sus innegables valores no fueron legitimados hasta después de 1895, año en que fueron encontradas en Francia las cuevas también decoradas de La Mouthe, Font de Gaume y Combarelle.

 

Hoy no caben dudas de la importancia del descubrimiento, así como del valor de las pinturas y grabados de la mundialmente famosa Cueva de Altamira. La también denominada Capilla Sixtina del arte rupestre que en el año de 1876 dio a conocer para la ciencia, no obstante las muchas críticas y recelo, un modesto abogado español aficionado a los estudios de la prehistoria nombrado Marcelino Zanz de Sauntuola, se incluye en la categoría de Patrimonio de la Humanidad desde el año 1985, distinción que la Unesco le concedió por su excepcional significación cultural, pues es ella uno de los sitios del planeta que portan y aportan a la herencia cultura de los pueblos.

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